Muere a los 93 años José Luis Rubio, atleta y fisioterapeuta del Sporting y la Selección

Rubio, en Las Mestas, en mayo de 2012. / JOAQUÍN PAÑEDA
Rubio, en Las Mestas, en mayo de 2012. / JOAQUÍN PAÑEDA

Campeón de España de 400 metros valla, en 2012 la ciudad dio su nombre a la pista de atletismo de Las Mestas

M. ROSETY / L. MAYORDOMO GIJÓN.

La llama del irrepetible José Luis Rubio Forés, destacado gijonés, laureado deportista -fue campeón de España en 400 metros vallas, además de uno de los fundadores del Real Grupo Covadonga- y recordado ATS, preparador físico y recuperador del Sporting y la Selección Española de fútbol, se apagó la madrugada del sábado mientras dormía en su domicilio de Somió. El próximo 20 de abril hubiese cumplido 94 años. Además de una figura indiscutible en el mundo del deporte, Rubio destacó por su humanidad, carácter siempre alegre y buena disposición para las bromas.

En 2012, fue objeto de uno de los más sinceros reconocimientos de su ciudad natal, al aprobar el Pleno dar su nombre a la pista de atletismo del complejo de Las Mestas. «¡Hombre, una calle está bien, pero esto es mucho mejor! Además, el 90% de los entrenadores de atletismo fueron discípulos míos, así que se alegrarán», afirmó el veterano deportista al conocer la propuesta del grupo municipal del PP de que una calle o espacio público de Gijón llevara su nombre.

Hasta hace un par de años, cuando su salud empezó a resentirse, seguía acudiendo a diario al Real Grupo de Cultura Covadonga, su segunda casa. Derrochaba vitalidad y «presumía de no haber pisado un hospital en su vida salvo para nacer», recordaba ayer su hija Belén. Lo hizo en el Sanatorio Covadonga, donde su padre era practicante y anestesista. El deporte era una de las claves de esa energía vital, pero no la única. También lo eran el sentido del humor y positividad con que enfrentaba los momentos más difíciles de la vida, mantener la mente activa y la costumbre de ducharse con agua fría. «Tras la caliente, claro, la vasodilatación es clave», explicaba.

El nombre de José Luis Rubio está indefectiblemente vinculado a la historia del deporte gijonés. Primero, como futbolista aficionado y posteriormente como atleta de élite. Practicó el balompié en el Imperial y en el Flechas Verdes. Más tarde militó en el Cánicas, de Cangas de Onís, pero lo suyo no era el fútbol, aunque llegó a participar en un entrenamiento con el primer equipo del Sporting, en la etapa de José María Peña como entrenador. No pudo pasar de ahí, por lo que le fue imposible cumplir su sueño de jugar en el primer equipo. En 1941 se pasó al atletismo, deporte en el que en 1947 se proclamó campeón de España en 400 metros vallas, modalidad en la que fue recordman español absoluto. Durante los años que pasó en Madrid estudiando Medicina -carrera que abandonó en tercer curso- también participó en competiciones de los equipos universitarios de baloncesto, rugby y balonmano.

Su incorporación al mundo del fútbol fue casual. Cuando se preparaba para tomar parte en los Juegos Olímpicos de Helsinki, en 1952, se entrenaba en El Molinón con un permiso especial de la directiva que presidía Paulino Antón Trespalacios. Esto le permitía orientar a los jugadores que quedaban en Gijón cuando el equipo se iba de viaje. Esta vinculación hizo que el presidente le propusiera integrarse al primer equipo, lo que hizo hasta su jubilación en la temporada 1988-1989. En ese largo periodo fue una persona relevante, que se ganó la simpatía de todos los jugadores, técnicos y dirigentes.

ATS de profesión -obtuvo la titulación en Valladolid y trabajó en La Algodonera e Industrias Laviada, además de en la plaza de toros de El Bibio, como había hecho su padre-, su función en el club era la de recuperador y fisioterapeuta, así como preparador físico en las etapas de Pasieguito, Sinibaldi, las dos etapas de Miera, la primera de Novoa y Boskov. Tras la marcha del técnico serbio, Rubio centró toda su dedicación a la recuperación de futbolistas, en una etapa de mayor profesionalización en los trabajos específicos.

Su primera incorporación a la Real Federación Española de Fútbol, en la década de los 70, fue para la selección olímpica, en la que estuvo en las etapas de Gustavo Biosca, Luis Suárez, Vicente Miera y Jesús Pereda. Su trabajo en esta selección hizo que pronto se contara con sus servicios para la absoluta, siendo un profesional muy apreciado por Kubala, Santamaría y Miguel Muñoz. Con anterioridad ya había prestado su colaboración con la selección española militar en un torneo que se disputó en Gijón en 1961.

En el Sporting fue una persona legendaria, con una capacidad especial para animar los momentos más amargos. Con Rubio, las expediciones y las concentraciones, siempre tenían un aspecto positivo, sin que faltase el chiste o la anécdota, que contaba con una maestría especial.

Funeral mañana en Somió

Su despedida se produjo con motivo de su jubilación, aunque mantuvo el contacto con el deporte, centrado en el Grupo Covadonga, donde había entrenado al equipo de atletismo y se encargaba de la recuperación de deportistas y también de jugadores del Sporting, que tenían más confianza en sus técnicas de recuperación.

Rubio estaba casado con Rosa Villaverde Hatre, descendente de una saga que participó activamente en la fundación del Sporting, con la que tuvo cuatro hijos: José, Cristina, Leticia y Belén. Sus restos mortales reposan en la sala 3 del tanatorio de Cabueñes, por donde ayer pasaron decenas de amigos. Entre ellos dirigentes actuales y pasados del Grupo Covadonga y veteranos del Sporting como Maceda, Jiménez, Joaquín, David o Claudio, que relataron a sus hijos cómo Rubio les había enseñado a saltar vallas además de recordar algunas de las muchas anécdotas que habían compartido. «Era muy bromista y afable con todo el mundo», subrayó su hijo.

El funeral por José Luis Rubio se oficiará mañana, a la una de la tarde, en la iglesia de San Julián de Somió. El Sporting lucirá hoy brazaletes negros en su recuerdo.

 

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