Una mujer general

Ortega fue la primera mujer en las Fuerzas Armadas. / EFE
Ortega fue la primera mujer en las Fuerzas Armadas. / EFE

La ingeniera madrileña Patricia Ortega se convierte hoy en la primera fémina que alcanza el grado máximo en la jerarquía militar

I. GALLASTEGUI

Patricia Ortega García se convertirá hoy en la primera general de las Fuerzas Armadas españolas, una vez que el Consejo de Ministros apruebe su ascenso a lo más alto del escalafón en su reunión de este viernes. La ingeniera madrileña está acostumbrada a los hitos históricos: en 1988, con 25 años, fue la primera mujer en ingresar en el Ejército y en graduarse como oficial en la Academia Militar de Zaragoza; en 2009 fue la primera teniente coronel y en 2015, la primera coronel. Pese a admitir que el camino de las pioneras ha sido duro -«Si la sociedad es machista, el Ejército también, porque somos su reflejo»-, se muestra contraria a las cuotas y está convencida de que en la milicia las féminas están ascendiendo al mismo ritmo que los varones y por sus propios méritos.

La titular de Defensa presentará esta mañana la propuesta de ascenso de Ortega a general de brigada que, con toda probabilidad, será aceptada por el gabinete ministerial en funciones. Margarita Robles manifestó al acceder a su cargo, hace poco más de un año, su intención de hacer de la carrera castrense «una profesión atractiva para las mujeres». A su juicio, la actual proporción de féminas en las Fuerzas Armadas, el 12,6%, es insuficiente: desde que se abrió su acceso hace 31 años el porcentaje de mujeres fue aumentando hasta quedar estancado hace una década. La presencia femenina es superior a la media de los países de la OTAN (10,9%) y a países como Alemania (11,3%) o Italia (4,3%), pero inferior a Estados Unidos (15,9%) o Francia (15%).

Los datos sugieren, además, la existencia de un techo de cristal. Según los últimos datos facilitados por el Ministerio de Defensa, 15.300 de los 120.800 efectivos, uno de cada ocho, son mujeres, pero su presencia va disminuyendo a medida que se asciende en el rango jerárquico: son solo el 8% de los 16.000 oficiales, el 3% de los 3.200 tenientes coroneles y el 0,4% de los 1.000 coroneles. Hasta hoy, no había ninguna fémina entre los 200 generales.

Sin embargo, en las contadas manifestaciones públicas que ha realizado, la todavía coronel Ortega, miembro del Cuerpo de Ingenieros Politécnicos del Ejército de Tierra, ha asegurado que la escasez de mujeres en los puestos de mando se debe al sistema de ascensos en el estamento castrense, que valora el mérito y la capacidad pero también tiene en cuenta la antigüedad. «La mujer está ascendiendo al mismo ritmo que el hombre. Los que ingresaron conmigo tienen el mismo nivel que yo», aseguró la militar madrileña hace unos años.

Méritos no le faltan. Además de ser ingeniera agrónoma por la Universidad Politécnica de Madrid, tiene el título de ingeniera especialista en Construcción y Electricidad por la Escuela Politécnica Superior del Ejército, máster en Gestión Presupuestaria por la UPM, máster en Auditorias y Planificación Empresarial del Medio Ambiente del colegio de Arquitectos Ténicos de Málaga y diplomada en Dirección y Gestión de Proyectos por la San Pablo CEU. Durante años ha desarrollado su labor en la Dirección General de Infraestructuras de Defensa, pero su actual destino es el Instituto de Tecnología Aeroespacial.

Medidas de integración

El histórico ascenso de hoy es el resultado de una convocatoria realizada en octubre a 43 coroneles para el curso de promoción a general. Una vez realizado el programa formativo, los aspirantes deben contar con la propuesta de ascenso del Consejo Superior del Ejército y tiene que producirse una vacante en su especialidad y, finalmente, la aprobación del Gobierno. Solo uno de cada tres candidatos logra superar todo el ciclo.

Casada con un civil y madre de tres hijos, en alguna ocasión ha reconocido que su carrera en una institución tan masculina fue complicada. «No es que la idea de la conciliación no estuviera en el Ejército, es que no estaba en la sociedad», explicó en una entrevista a 'El País'. El hecho de ser la primera e ir abriendo caminos la enfrentó a situaciones surrealistas, Por ejemplo, hubo un gran debate para establecer cómo debía ser el sujetador de campaña, y en uno de sus embarazos le pidieron que no llevara el uniforme mientras su estado físico «no fuera compatible con la dignidad del mismo». Pero ella siempre saca la cara a sus colegas varones: «Hubo mucha profesionalidad, pero no fue fácil porque no existían procedimientos, normas ni referentes. Iban surgiendo situaciones nuevas a diario, para ellos y para nosotras. Ha sido un triunfo colectivo».

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