«No es Nueva York, pero se parece»

La casa y el arbolón del Parchís son parada obligada./
La casa y el arbolón del Parchís son parada obligada.

La nueva imagen de las calles sorprende a vecinos y turistas, quienes señalan que «otros años no ponían cosas tan guapas» | El globo aerostático de la Plazuela se alza como el gran reclamo para retratarse

VÍCTOR TREVIÑO GIJÓN.

Un globo aerostático en San Miguel, un enorme arbolón en la plaza del Seis de Agosto o una casita de luces en el Parchís. Son algunos de los puntos más elegidos para posar y llevarse el mejor recuerdo de estas fechas navideñas. Los móviles y las cámaras de fotográficas se convierten en los mejores aliados para no perder ni un solo detalle de la iluminación festiva, a cargo este año de la empresa asturiana Germán Vizcaíno tras dos años de ausencia sin participar en el encendido.

En la Plazuela, las colas se formaban ayer desde primera hora de la tarde para llevarse una instantánea en la que es una de las paradas estrella del callejero gijonés. Allí, pequeños y mayores pueden meterse en la piel del intrépido viajero Phileas Fogg, el protagonista de 'La vuelta al mundo en 80 días', la novela de Julio Verne. «Está muy chulo porque puedes entrar dentro», decía ayer el joven mierense Ramón Uría. «Venimos a pasar el día y así aprovechamos para ver la iluminación de las calles. La verdad es que es muy bonita», apuntaba su tía Jimena.

Una caseta llena de luces se alza en el centro del Parchís. Como en un cuento de hadas, los paseantes miraban con ilusión la nueva estampa del centro gijonés. «La verdad es que está muy guapo. Otros años no ponían tantas coses tan guapes», valoraba Juan Córdoba. Junto a ésta, un enorme cono centraba también la atención de los presentes.

El gran cono blanco

En el Náutico, un nuevo aliciente. Otro enorme cono blanco, aunque con un añadido muy especial: la música. El elemento geométrico, que cuenta con una apertura por la que el público puede ir desfilando, tiene también un acompañamiento musical que, ayer, animaba a bailar a los menos tímidos. En la plaza del Seis de Agosto, los móviles se encendían una y otra vez para fotografiar el gran árbol que preside el lugar. «No llega a la altura del típico de Rockefeller Center de Nueva York, pero tampoco está tan mal. Se parece», bromeaba Sergio Palacios.

Una oferta amplia para llevarse el mejor de los retratos de unas fechas invernales abarrotadas de mucha luz.

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