Pacientes de Cabueñes protestan por la «falta de espacio» en habitaciones triples

Una de las habitaciones dobles de Cabueñes, en las que se ha habilitado otra cama supletoria. /  E. C.
Una de las habitaciones dobles de Cabueñes, en las que se ha habilitado otra cama supletoria. / E. C.

«Los que están en cama supletoria no tienen armario ni mesita. Ni siquiera tienen dónde guardar la ropa», se quejan los familiares

AIDA COLLADO GIJÓN.

La noche del 6 de enero se encontró mal. Acudió a urgencias del Hospital de Cabueñes, pasadas las diez de la noche, con fuertes dolores abdominales. La atendieron, le hicieron pruebas y le dijeron que tendría que esperar a que la viese un especialista y, hasta ese momento, permanecer ingresada. Como ayer era festivo, se mentalizó, «habrá que pasar un par de días como mínimo aquí, hasta ver al de digestivo». De madrugada la llevaron a su habitación. Una doble, en la que ya había dos pacientes. Su cama era la supletoria del fondo, instalada para convertir el hueco en una habitación triple. Una cama y nada más. Su caso, no es único. «Los ingresos que se están realizando se hacen con ese tipo de camas. A quien habría que sacar de sus colchones es a la dirección, porque esta situación no se debería tolerar», advierten desde los sindicatos.

El personal rechaza la situación pero, a quien realmente afecta, es a los pacientes, que pierden confortabilidad. «Mi madre, ingresada, no tiene armario, no tiene mesita. No puede guardar sus cosas en ninguna parte. Suena mal, pero no tiene ni dónde dejar las bragas. Ni dónde apoyar el móvil por si la llama alguien», protesta una de los familiares. E ironizan, enfadados: «Por lo menos está con suero, porque si no tendría que dejar el vaso de agua en el suelo».

Ella pensó en protestar. «El problema es que al ser festivo, Atención al Paciente estuvo cerrado todo el día», explica. Preguntaron también en la planta a quién podían dirigirse «y nos remitieron a la coordinadora, también mañana» -por hoy-.

Esta situación de falta de espacio causa no pocas molestias, pero aún así «la comprenderíamos si no fuese porque tienen plantas cerradas. En Cabueñes, cuando llegan los festivos o los días de vacaciones siempre están igual», insisten. Durante el fin de semana, se comentó a los ingresados y a sus familias que estaba previsto abrir hoy la segunda planta par del bloque de hospitalización, cerrada desde el verano. Pero a última hora de ayer no había orden oficial. «Lo decidirán sobre la marcha», aventuran los trabajadores.

Mientras tanto, más de una treintena de pacientes de media seguirán durmiendo en camas supletorias, en habitaciones de tres (o individuales reconvertidas en dobles) en las que «no tienen un mínimo de intimidad o espacio». Lo peor, para quienes se quejan de la situación, es que «la gerencia es conocedora de lo que ocurre y deberían tomar cartas en el asunto».

Unidad cerrada desde julio

El cierre de unidades es una decisión que no tiene nada de novedosa. Se suele adoptar cada año, cuando llega el periodo estival, justificándola en que el descenso de la actividad asistencial durante las vacaciones es habitual que las camas cerradas en verano se reabran en otoño, como ocurrió hace unos meses con la séptima impar.

Sin embargo, la segunda planta par del bloque de hospitalización, que pondría a disposición del centro 28 camas para aliviar la saturación, continuó cerrada, al menos hasta ayer. La previsión era abrirla cuando la gripe, cuyo pico está tardando este invierno en llegar, hiciese su aparición más violenta.

La entrada en vigor del decreto de esperas máximas de la Consejería de Sanidad, el pasado 8 de noviembre, tiene algo que ver con el aumento de ocupación del hospital gijonés. Pero es un problema que arrastra desde hace años y que evidencia que el centro se ha quedado pequeño. Las obras de ampliación y reforma que comenzarán en este primer semestre del año vienen a poner fin a este problema.

 

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