«Estamos pensando en ir a Marte y no conocemos el fondo marino de Gijón»

Santiago López Cid posa para EL COMERCIO en el pedrero del Rinconín. / CAROLINA SANTOS
Santiago López Cid posa para EL COMERCIO en el pedrero del Rinconín. / CAROLINA SANTOS

El laureado deportista gijonés señala a El Musel como el causante del carbón de la playa y aboga por diques sumergidos para retener la arena

ADRIÁN AUSÍN GIJÓN.

Santiago López Cid nació en La Calzada, en el bar de su abuela, el 19 de mayo de 1968. La madre se puso de parto, solo había tiempo para avisar a la comadrona y el que sería pentacampeón de España de pesca submarina venía al mundo en un altillo de La Orensana. Su primera pasión fue el fútbol. Ambidiestro, de buena técnica, ejerció de 'cerebro' en varios clubes, jugó en Segunda B y llegó al Poblense, en Mallorca, donde las lesiones le obligaron a colgar las botas con 22 años. Se casó, tuvo tres hijos y se puso a trabajar en un supermercado. Pero un buen día se encontró un arpón oxidado y unas gafas, los probó y pescó, al primer intento, una barracuda de dos kilos. Así empezó la leyenda de este gijonés sencillo que adora las dos vertientes de su vida; la que tiene con su segunda mujer y sus dos hijos en Sotiello, donde practica un sano trueque de pescados por hortalizas; y la submarina, con la que se gana la vida con los patrocinios. Cinco campeonatos de España, siete de Europa y uno del mundo por equipos, un subcampeonato mundial y otro europeo individual le avalan.

-Acaso nadie conozca como usted el fondo marino gijonés. ¿Puede describirlo?

-Es guapísimo, es una pena que no lo podamos ver todos. Quien se ponga unas simples gafas con tubo y haga esnorquel desde la escalera veinte o en el Cerro va a quedar sorprendido porque tenemos un fondo muy rocoso, con muchos peces de diferentes especies, incluso congrios grandes, ¡y la vegetación que hay! Con algas de colores que la hacen espectacular.

-¿Qué me dice de su fauna?

-Hay mucho xargo (la chopa), pinto, maragota, pescados pequeños (la julia); lubina, no tanto. Por desgracia va cayendo bastante, pero alguna se ve. Estamos abusando en la época de reproducción, cuando se arrima mucho a la costa para el desove.

-¿Cuál es su rutina? ¿Cómo ataca el cantábrico gijonés?

-Los horarios los acoplo a mis dos hijos. Yo los llevo al cole por la mañana y una vez que los dejo busco una zona desde el Cabo Peñas hasta la ría de Villaviciosa, para recogerlos a las 14.30 horas. Es un margen de cinco horas en el que tengo que moverme y cambiarme rápido. Cuando vienen temporales largos como el de esta semana estoy en casa que me subo por las paredes. Si puedo ir a la mar tres, cuatro días, voy a ir. Pero si cojo mucho pescado llega un momento que me satura y al cuarto día procuro ir a donde no hay nada para tener un incentivo diferente.

-¿Qué hace con el botín?

-Me quedo mucho, tengo muchos familiares y regalo bastante a los vecinos de Sotiello. Luego van ellos y me dan tomates, lechugas, patatas... Tengo huevos de aldea todo el año. Es un intercambio en toda regla. Además, está prohibido venderlo.

-O sea que vive bien.

-La subsistencia me la dan los patrocinadores. Soy el único en España y en Europa que se puede dedicar a esto gracias a Adarsa, Cressi y alguno más. Gracias a ellos me dedico a lo que me gusta y disfruto como un enano. Estoy viviendo un sueño.

-Un sueño que cuenta su amigo David González Pando en el libro biográfico 'Bajo las olas'.

-Es muy grato ver que la gente se interesa por tus vivencias, aunque la verdad me tiene un poco saturado porque a mí lo que me gusta es pescar y llevo dos meses que no paro de hacer presentaciones: Bilbao, Barcelona, Santander, Vigo...

-Al fin le ha llegado, a los 50, el reconocimiento del gran público.

-Cuando empezamos no me hacía ni pizca de gracia, porque soy muy reservado, pero David es un pesado. Me decía 'tenemos hacer un libro porque no hay nada igual' y era verdad. Me dijo 'coges el móvil, pones la grabadora y me vas mandando mensajes de voz'. Así le contaba, por ejemplo, cuando me quedé atrapado bajo una piedra debajo del agua hasta que llegó una ola y la movió. Y él luego le pone literatura. Cuando lo vi escrito me quedé impresionado.

-En 'Bajo las olas' se cuentan los peligros de una afición con alta mortalidad. ¿En cuántas se ha visto?

-Cuatro o cinco mínimo. A la mar hay que tenerle mucho respeto. Con un pelín de miedo vas a estar más alerta. Tengo tres amigos que fallecieron y eran expertos. Por ejemplo, un compañero pasó bajo la misma piedra que yo, pero no se había quitado el enganche de la boya y luego no llegaba a la superficie. Si le ves los ojos de pánico te quedan grabados para toda la vida. Cometió una imprudencia muy grande. Al final, salió.

Flotando inconsciente

-En su caso, la más peligrosa fue sin duda la pérdida del conocimiento.

-Sí, fue una época mala en Mallorca, de separación de mi primera mujer. Tomé la decisión de volver a Asturias dejando a mis hijos. No comía, no dormía y me fui a pescar a una zona profunda. Gracias a dios, fue un desmayo en superficie (si me da debajo del agua no salgo) y coincidió que llevaba un tuvo con la boquilla muy grande. Quedé flotando unas cuantas horas.

-¿Horas?

-Horas inconsciente. Me despertó que pasó una ola de viento por encima que me atragantó. Desperté y ¡uff!

-Cuando rompió el neopreno y casi sucumbe por congelación, aquella barca que se le fue...

-Lo del neopreno fue en Ballota. Cargando el fusil apoyé la culata en el pecho, rompió entero y quise seguir pescando porque estaban las lubinas por debajo y con los gestos de subir y bajar abrió entero. Lo pasé fatal. Empiezas a quedarte rígido... La barca que se escapó fue por 'el nudo de Juan', mi lanchero. Todavía se lo recuerdo. Yo hago cuarenta nudos, unos mazacotes tremendos y él me dijo haz este as de guías. Aquel día decido hacer el nudo de Juan, hacía viento, salgo de una inmersión y... ¿dónde está la lancha? Estuve varias horas detrás de ella hasta que llegó a la altura de la ría de Navia, las corrientes la frenaron un poco y llegué a ella.

-Y el tiburón de la ría de Aldán, en Vigo, ¿aún sueña con él?

-Es uno de los miedos que tenemos todos: el tiburón. Yo, siendo sincero, todo lo que sea más grande que yo debajo del agua no me hace una pizca de gracia. Aquel día coincidí con un tiburón de los más peligrosos del norte. Venía de frente por un costado y al llegar a mí me esquivó. Instintivamente le apunté, pero me dije 'dónde voy con esto si es como atacarle con un palillo'. Eran cuatro o cinco metros de tiburón. Enorme.

Tres minutos en apnea

-Destacan mucho su paciencia bajo el agua.

-Mi manera de pescar en poca agua implica que la pieza esté más rápida. Un ejemplo que pongo es lo que hacen el tigre o el leopardo a la hora de acechar. Me importa mucho el entorno. Si espanto a los peces pequeños y hacen un movimiento brusco es como una onda expansiva que acabará llegando al pescado que quieres capturar y lo va a espantar. Voy muy sigiloso. Destrozo mucho los guantes para mover poco las aletas. Cuando disparo es que lo voy a coger.

-Y todo eso en apnea...

-Tengo capturas de hasta tres minutos haciendo esperas. Más, entras en peligro. No hay ningún pez que merezca la vida, pero la gente joven arriesga muchísimo. No miras el reloj, pero lo notas. Son como una especie de pequeños espasmos. Si los sientes ya estás en peligro.

-Queda la espina del título mundial.

-Nunca fue mi objetivo. Cuando empecé a competir con 25 años sí lo era ser campeón de España. Todo lo que vino después son regalos, pero nunca un objetivo. Ahora bien, cuando voy a un campeonato voy a ganar.

-Falta un mundial en Gijón.

-Estuvo a punto. Cuando fue en Vigo en 2012 hubo problemas de organización, se solicitó aquí y estuvo casi confirmado. Este año toca el europeo en Dinamarca y el próximo el mundial en Italia; mal sitio, aguas profundas y poca pesca.

-¿Qué se siente cuando está ante una gran lubina y dispara?

-Satisfacción. Pero, sobre todo, por el proceso de engaño. Como un cazador en tierra, aunque él está en su medio y nosotros no. Un pez pega dos coletazos y ya está fuera de tu vista.

-¿No hay compasión?

-No. El pez no tiene ninguna expresión en la cara y cuesta mucho ir detrás de ellos. Así que tristeza ninguna. El congrio está parado en una cueva y no huye. Ahí sí me da pena.

-¿Cuál es su favorito?

-La lubina y el salmonete, con su sabor amariscado tan particular.

-¿Alguna receta especial?

-La más simple: a la plancha o a la sal lo mejor. Una lubina a la sal...

-¿Y el dentón?

-Exquisito, pero es un pez bastante desconfiado. Entra primavera y se va otoño. Se parece al rubiel...

-¿Algún pez singular?

-El dentón. Hay días que dices 'este es tonto' porque viene a la punta de la varilla del fusil. Otros te mira, te estudia. Son más listos que un demonio. Es el mayor reto, aparte del tamaño. Es una buena captura y una buena pelea.

Calentamiento del mar

-Ha pescado piezas de tamaños colosales. ¿Cuál es en su podio?

-Un lubina de diez kilos en Avilés, un atún de 32 kilos... En el Norte tampoco los hay bestiales. Los tengo cogidos de veinte kilos.

-¿La contaminación?

-No aprecio que vaya a más. Sí he notado la temperatura del agua cada vez más alta. Recuerdo de pequeño ir donde 'la Lloca' y estar lleno de laminarias. Eso está desapareciendo.

-¿Y el carbón? ¿Viene de El Musel o del 'Castillo de Salas'?

-He buceado por el armazón del barco. Hay algún resto de carbón, pero no tiene que venir un temporal muy grande para que remueva ese fondo y lo levante. Cuando hay poca mar y llega carbón a la orilla es de El Musel. Todos vemos la polvareda que se levanta cuando hay un poco de aire. Ese carbón va por la superficie y llega muy rápido.

-¿Cuál es su opinión sobre el conflicto de la arena?

-Cada vez hay menos y tenemos más problemas con el paseo. El superpuerto provoca corrientes y la arena se va desplazando. Por delante de 'la Lloca' hay más que antes. Creo que se debería hacer algo ya con la playa. Los temporales van a llegar cada vez más adentro. La arena es la que provoca que la ola muera ahí y su falta es un agravante. Hay que hacer el estudio pertinente. La solución podía ser poner escolleras submarinas delante de la playa como hacen en el Mediterráneo. Es una idea.

-¿Imaginaría una vida submarina al estilo Julio Verne?

-No llego a tanto, pero sí te puedo decir que no conocemos ni la mitad de lo que hay ahí debajo. Es un mundo por descubrir. Estamos pensando en ir a Marte y a no sé donde más, y esto todavía no lo conocemos.

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