Una plaga de orugas invade Monteana

Una plaga de orugas invade Monteana
José Ángel Álvarez Rodríguez, presidente de la Asociación de Vecinos de Poago, muestra varias orugas en un tarro.

Critican la pasividad del Principado, «que ni siquiera ha venido a estudiar el caso»

VÍCTOR TREVIÑO GIJÓN.

«Salen del campo, llegan a nuestras casas e incluso se cuelan por debajo de las puertas. No hay forma de acabar con ellas». Los vecinos de Monteana y Poago están hartos de tener que convivir con una plaga de la conocida como oruga defoliadora de gramíneas que está invadiendo los terrenos y los caminos de la zona. «Estamos muy cansados y lo único que pedimos es que el Principado o el Ayuntamiento de Gijón tome las medidas necesarias, porque esto es inaguantable», declara José Ramón Pérez Cotarelo, presidente de la Asociación de Vecinos de Monteana. En el mismo sentido se expresa, José Ángel Álvarez, presidente de la Asociación Vegas Bravas, de Poago, quien critica con dureza la actuación de la Administración: «No estamos dispuestos a que nos tomen el pelo. Tienen que venir aquí para verlo 'in situ' para que lo estudien. Nos nos vale con la respuesta que hemos recibido», aseguró

A pesar de pedir con urgencia al Principado la adopción de medidas para frenar este problema, «no recibimos soluciones eficientes, sólo nos dice que son ciclos de la naturales». Algo que Rafael García, vecino de la zona, no se cree: «Hay gente de noventa años que ha vivido toda su vida aquí y que no ha visto nada igual», dice.

En su respuesta, la consejería de Recursos Naturales del Principado añade que deben ser los vecinos los que tomen las primeras medidas: «Nos dicen que somos nosotros los que tenemos que adquirir los insecticidas». Una solución ineficaz, según apunta Ana María García, también vecina de la zona, «porque con esta solución sólo podemos acabar con las orugas que se nos cuelan en casa».

El mejor remedio para Manuel Ángel García, también vecino de Monteana, es «acabar con la plaga actuando desde donde se encuentran los focos, que están en los campos, pero ahí nosotros no podemos hacer nada, a esa dimensión no podemos llegar». A ello se añade el problema de que «muchos vecinos no tenemos el permiso de manipulador de plaguicidas, por lo que no podremos acceder a su compra». La invasión comenzó el pasado miércoles y, desde entonces, el número de estos orugas no ha hecho más que aumentar.

Peligro para el campo

Los vecinos urgen al control de la plaga, entre otras cosas, «por la amenaza que supone para los cultivos y los animales». De hecho, apuntan algunos, «en Cantabria han aparecido casos de ganado vacuno infectado, lo que sería fatal para el ser humano».

El nerviosismo se incrementa al pensar en el incremento de los parásitos si no se ataja este problema de raíz: «Como todas estas orugas se conviertan en polillas acabarán poniendo miles de larvas y serán muchas más», expuso Ana María García. La falta de lluvia y las altas temperaturas de esta semana pasada son las posibles causas de la proliferación de estas especies invasoras, a juicio de los vecinos.