«Poco a poco lo voy consiguiendo»

Germán Fernández, con un ejemplar de EL COMERCIO, en un bar de El Llano. / PALOMA UCHA
Germán Fernández, con un ejemplar de EL COMERCIO, en un bar de El Llano. / PALOMA UCHA

Cuando se cumplen dos años de la agresión, Germán continúa con su mejoría | «Mi madre y mis hermanas me han cuidado mucho. Si no fuera por ellas, no estaría aquí», afirma emocionado

PABLO SUÁREZGIJÓN.

Mañana se cumplirán dos años desde que una brutal agresión cambió por completo la vida de Germán Fernández y la de su familia. A sus 25 años y tras pasar varios días en coma, el joven camarero se vio en la situación de tener que aprender a vivir de nuevo. Desde el gesto más sencillo hasta pronunciar el nombre de su madre, todo parecía haber desaparecido de la cabeza de Germán. Todo menos las ganas por salir de una situación en la que nunca se imaginó estar, pero sobre la que no pierde un solo minuto. «No vale nada pensar en lo que pasó. La verdad es que no me acuerdo de nada, pero puedo decir que estoy contento. Nunca me hubiera imaginado estar así de bien dos años después. Poco a poco lo voy consiguiendo», asegura ahora, con la sonrisa de quien viene día a día recuperando la vida que poco faltó para que le quitasen.

Germán era conocido por ser un chico bromista, siempre de buen humor y muy unido a su familia. Todo ello se ha mantenido intacto. En su encuentro con EL COMERCIO, el joven solo borra la sonrisa para hablar de su madre y sus dos hermanas. Lo hace en tono serio, franco, consciente de lo que las tres han tenido que sacrificar para que él pudiera recuperarse. «Me han cuidado mucho. Me han protegido. Si no fuera por ellas no estaría aquí», dice, emocionado.

No es difícil durante la conversación adivinar los temas a los que Germán da verdadera importancia. Uno al que intenta especialmente quitar hierro es al de la libertad provisional de sus presuntos agresores. Germán sabe que están en la calle, pero no es algo que le quite el sueño. «No es una buena noticia, pero no tengo ningún miedo. Para mí la vida sigue. Lo que sí me preocupa es que le puedan hacer algo a otra persona», explica con seguridad.

«Para el año que viene mi objetivo es aprender a correr y poder hablar sin parecer un niño»

La mejoría física es evidente y los avances más que palpables. Si hace un año precisaba constantemente de una silla de ruedas para desplazarse, Germán camina ahora por su cuenta. «La silla se la voy a regalar al hospital. No quiero ni verla delante. Además, para el año que viene voy a aprender a correr», dice, seguro de cumplir un objetivo que le obsesiona tanto como el hecho de recuperar un habla normal. «El otro día me vi en la televisión y pasé hasta vergüenza. Parezco un niño pequeño hablando. Tengo que mejorar mucho», cuenta, gesticulando constantemente, como para apuntalar las palabras.

Recuerdo a 'Quini'

Para quien el trabajo era antes escanciar en una conocida sidrería, este es ahora acudir casi diariamente a un centro de día donde se somete a largas sesiones de fisioterapia, logopedia y rehabilitación. «Los martes y los jueves voy a uno en Oviedo y los viernes a otro que está en Gijón. Este próximo viernes me van a llevar a pescar», relata. En este sentido, Germán lleva más de un año y medio esperando por las ayudas de la Ley de dependencia. «Necesito esa ayuda para poder ir al centro que quiero, que es bastante caro. La verdad que de dinero mejor no hablamos», dice con una sonrisa.

Pese a los cambios en su vida, el joven no ha perdido la relación con su grupo de amigos. «Quedamos bastante. Yo no bebo alcohol, pero a veces quedamos para cenar. Salir salgo poco porque me cansa bastante estar de pie, entonces me voy muy pronto para casa. Debe hacer como un mes que no salgo», explica.

Uno de los amigos que le dio la vida tras lo ocurrido y con el que ya no puede pasar más tiempo es Enrique Castro 'Quini'. El mito sportinguista se volcó de lleno durante los primeros meses de recuperación, un detalle que Germán no olvida. «Fue muy bueno conmigo. Lo era con todos. A mí me llevó al Camp Nou», cuenta respecto a otra de sus pasiones: el Barça. «A ver si este año ganamos la Champions, aunque lo veo difícil. Estoy preocupado porque veo que el Madrid va a acabar fichando a Neymar...», dice. Y se ríe. Se ríe mucho. Porque lo que a Germán no le pudo quitar aquella agresión fueron sus ganas de vivir.