La Policía destaca la «violencia extrema» en la muerte del ebanista gijonés Alfredo Suárez

Jesús Herranz, con otros agentes, en en Buenavista. / LORENZANA
Jesús Herranz, con otros agentes, en en Buenavista. / LORENZANA

El autor del homicidio de 2010 en Ciudad Naranco es R. F. F., un ovetense de 37 años en prisión preventiva. Hubo móvil económico

DANIEL LUMBRERAS OVIEDO.

Casi ocho años después de aquel fatídico 11 de noviembre de 2010, cuando aparecía el cuerpo sin vida de Alfredo Suárez, la Policía Nacional da por resuelto el crimen en el que el ebanista gijonés de 61 años falleció a golpes en su negocio de Coronel Bobes, en Ciudad Naranco. Más de siete años de investigación que por fin han dado su fruto y permiten a los agentes sacarse «esta espina clavada», según relataron los agentes ayer tras levantarse el secreto de sumario.

El hombre al que la Policía acusa del homicidio de Suárez es un ovetense de 37 años, R. F. F., que se encuentra en Villabona, en prisión preventiva, acusado de «delitos contra el patrimonio», indicó el jefe de la Brigada de Policía Judicial de Asturias, Miguel Ángel Ramos.

Fue precisamente la comisión de un nuevo ataque perpertrado contra la propiedad ajena el que permitió a los investigadores atar cabos y relacionar a R. F. F. con el crimen del ebanista. Jesús Herranz, jefe superior del cuerpo en Asturias, detalló que «hace unos días (la semana del 18 de junio) detuvimos al presunto autor». La titular del Juzgado de Instrucción número 4 de Oviedo decretó «su excarcelación para tomarle declaración». Tras contar con su testimonio, la Policía le imputó el delito y a continuación R. F. F., por orden judicial, se convirtió en «preso preventivo doblemente».

Alfredo Suárez sufrió una «violencia extrema», causada por un «móvil de tipo económico»: «Empezó siendo un delito contra el patrimonio» y, al verse sorprendido por el ebanista, «acabó como acabó». El presunto criminal huyó del lugar llevándose la cartera de Suárez -con su tarjeta y unos 30 o 40 euros- pero «no se llevó todo, se llevó las cosas más fáciles de llevar». Forzó la taquilla de su víctima, se llevó un cajón con monedas, pero dejó en la escena del crimen dos relojes.

La víctima

Suárez vivía en Gijón, donde era muy conocido y querido. Tras pasar casi toda su vida laboral en las oficinas gijone sas de Brico Cook S. L., llevaba un año antes del crimen trabajando en Oviedo, adonde se había trasladado para pasar más tranquilamente los años previos a su jubilación. Acostumbraba a almorzar en el almacén y no cerraba con llave cuando descansaba en su despacho hasta la hora de abrir otra vez. Cuando su compañera Mariví se lo encontró horas después, estaba tendido en un charco de sangre y con un traumatismo craneal que lo mató.

El presunto homicida no dejó huellas ni rastros en el lugar de la escena; tampoco los testimonios de los vecinos arrojaron luz sobre el asunto. No fue hasta que R. F. F., «conocido» ya de la Policía, según Herranz, volvió a las andadas cuando los agentes lo relacionaron con lo sucedido. Lo caracterizaron como alguien que «en su evolución delictiva ha ido incrementando la violencia». De acuerdo con la investigación, el presunto homicida «tiene numerosos antecedentes por la comisión de robos con fuerza y robos con violencia. En varios de ellos empleó la modalidad del 'tirón', golpeando con brutalidad a mujeres de avanzada edad».

La investigación ha sido larga y ardua, indicaron los agentes: «Las gestiones para esclarecer lo ocurrido comenzaron nada más ocurrir el suceso, si bien ninguna de las múltiples vías de investigación fue positiva». Hubo «indicios» en 2013; un nombre y una conversación entre presos que apuntaban a un culpable, pero sin pruebas concretas que permitiesen una acusación hasta ahora. Herranz asegura que «lo que hemos hecho es fruto del trabajo de entonces».

En las pesquisas para dar con el culpable han participado agentes de las Brigadas de Policía Judicial y Científica de Asturias, con el refuerzo desde 2012 de la Sección de Homicidios y Desaparecidos de la Comisaría General de Policía Judicial, con sede en Madrid. Tras el homicidio de Suárez, la empresa cerró en Coronel Bobes y nunca volvió a abrir. A día de hoy, la causa continúa abierta y en ella están personados, además de la Fiscalía, la familia de Suárez como acusación particular.

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