La Politécnica revisa todo su funcionamiento para obtener el máximo sello de calidad

Vista del edificio polivalente de la EPI. / JORGE PETEIRO
Vista del edificio polivalente de la EPI. / JORGE PETEIRO

Un mayor porcentaje de mujeres, la remuneración de las prácticas y las tasas de ocupación de algunas titulaciones, entre los objetivos marcados

O. ESTEBANGIJÓN.

Llevan años trabajando en ello y la vista está puesta en septiembre, cuando pasarán algo así como su examen final. La Escuela Politécnica de Ingeniería, la EPI, se someterá en septiembre a la auditoría de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación, la ANECA, para lograr la máxima distinción en calidad, el sello Audit. Se trata del primer centro de la Universidad de Oviedo en someterse a un proceso que ha obligado a revisar todo el funcionamiento, todos sus procedimientos, a marcar objetivos claros y definir cómo conseguirlos. Un panel en el pasillo del área de dirección resume de forma gráfica cuáles son esos objetivos. No solo eso, sino los resultados de la autoevaluación continua que se está haciendo. Pegatinas de colores ayudan a saber en qué punto del camino están. Rojo, objetivo no superado. Verde, meta alcanzada. Naranja, ha habido mejora pero aún queda camino por hacer.

Los grandes objetivos hablan de «potenciar la difusión de los títulos que se imparten en el centro en los niveles educativos preuniversitarios y facilitar la integración de los estudiantes de nuevo ingreso. Planificar y desarrollar la enseñanza con los medios adecuados y mantener de manera sostenible la colaboración y participación con los colegios y asociaciones profesionales, así como con el entorno empresarial».

Para marcar metas, la Escuela ha tenido que estudiarse muy bien. «Nos hemos encontrado con cosas que ni siquiera conocíamos», admite el director de la EPI, Juan Carlos Campo. Por ejemplo: la Unión Europea se marcó como objetivo para 2020 que un 20% de los alumnos de estudios superiores realicen una movilidad internacional. En la Escuela, el porcentaje es del 33%. Pegatina verde. Y se logra en parte porque el rojo ha dado paso al verde en el número de plazas Erasmus ofertadas: de 365 a 411, por encima de las 400 marcadas como meta.

El mayor centro de la Universidad de Oviedo quiere tener más de un 25% de mujeres de nuevo ingreso. Pegatina roja por el momento, pues en el curso 2017-2018 fueron un 22%. Tampoco se alcanza el porcentaje de alumnos de ciclos formativos de nuevo ingreso, que la EPI quiere que sean un 5% o más respecto al total de nuevos alumnos. Por el momento la cifra se queda en el 3,4%.

Se ha analizado el número de estudiantes que escogen el programa de mentorías, los grupos de teoría y prácticas que superan el número de integrantes, las guías docentes que no se facilitan en la página web o que tienen defectos, los estudiantes que acuden a la jornada de acogida, el alcance de las actividades de difusión de la Escuela... También los porcentajes de ocupación.

El objetivo se ha fijado en más del 75% en los grados y en más del 60% en los másteres. Es en este último grupo en el que aún queda bastante por hacer, pues en algunos casos la ocupación se queda muy lejos. Pero si hay algo que la EPI ha analizado por primera vez son las prácticas empresariales que realizan sus alumnos. Lo tiene muy en cuenta Juan Carlos Campo, especialmente en este momento en el que tanto se habla del modelo dual de universidad. «Hay que saber dónde estamos», insiste.

En el último curso se realizaron 500 prácticas externas, la duración media fue de 400 horas en las titulaciones de grado y de 500 en los másteres, el 60% de las prácticas en los grados fueron remuneradas con una media de 390 euros al mes y el 90% de las de máster a razón de 475 euros al mes. «Y todo esto creciendo». La jornada diaria en prácticas suele ser de unas cuatro horas. El objetivo que se ha marcado la Escuela dentro del plan de calidad es aumentar un 5% anual la remuneración.

Bolonia

Con todo este trabajo, la EPI continúa con un trabajo, el de la búsqueda de la excelencia, que comenzó con la llegada de Bolonia, del Espacio Europeo de Educación Superior, que puso el término 'calidad' en primer plano y convirtió a la ANECA en una vieja conocida. «Los planes de calidad habían llegado a la empresa mucho antes, pero no a la Universidad», admite Campo.

En el caso de la EPI, «una vez que empezamos a cumplir la parte más burocrática, nos dimos cuenta de que podía ser una buena herramienta de gestión, sobre todo para un centro grande como este». Ese camino desembocará en septiembre en la auditoría que pretende lograr la «acreditación profesional del centro», aunque lo más importante no sea el sello, dice el director, sino todo el proceso que ha conllevado de conocimiento y mejora.

Más información