Las portadoras se abren paso en Semana Santa

Merienda de los miembros de las hermandades y las cofradías en los locales de Cimavilla. / CAROLINA SANTOS
Merienda de los miembros de las hermandades y las cofradías en los locales de Cimavilla. / CAROLINA SANTOS

Las procesiones ganan presencia femenina: «Es duro, pero gratificante», aseguran

MARLA NIETO GIJÓN.

Cada vez son más las mujeres que se animan a formar parte, no solo de las cofradías que participan de forma activa en la celebración de la Semana Santa, sino también del equipo de costaleros y portadores. Salvo el paso de la Verónica, el único en el que portan solo mujeres, el resto de las imágenes que se procesionan son exclusividad de los hombres. Pero la tendencia «está cambiando», según contaban ayer, a las puertas de la iglesia de San Pedro, tras la eucaristía de acción de gracias, algunas de las portadoras de la Hermandad de la Santa Vera Cruz. Ocho son las mujeres que participan en la procesión de esta cofradía, y una de ellas lo compagina también con la Santa Misericordia. La histórica del grupo es Patricia Menéndez, jefa de portadores de la Vera Cruz .

Ana Menéndez tiene sesenta años y lleva quince procesionando en la Vera Cruz. «Al principio lo hice por un amigo y al final me quedé. Es una sensación distinta, es algo inexplicable. Tienes que estar allí debajo para sentirlo», asegura. Con los años cree que «va tocando dejarlo, pero no soy capaz de quitarme del paso», confiesa. En su misma cofradía está de portadora Silvia Díaz, de cincuenta años. «Llevo dos años en esto y a mí lo que me mueve para hacerlo es la fe. En la parroquia, en su día, pidieron gente que quisiera unirse y yo como en todo lo que puedo ayudo, empecé y me gustó», señaló Díaz. Ambas reconocen que se trata de una «labor difícil estar ahí debajo, sobre todo para una chica, pero tiene su parte gratificante»

Flor Muñoz, de setenta y un años, no quería morirse sin vivir la Semana Santa desde dentro, «por eso hace dos años hice el paso de la Verónica y el de San Pedro». Es también la encargada de coser los trajes de todos los cofrades durante el año.

Tras unos días intensos de procesiones, y después de la celebración de la eucaristía en la iglesia de San Pedro, los miembros de las tres cofradías gijonesas: la Santa Misericordia, la del Santo Sepulcro y la de la Santa Vera Cruz, se dirigieron a sus locales para celebrar la tradicional merienda de hermandad. A pesar de lo cansados que estaban tras varios días de procesionar, todavía tenían ganas de más momentos festivos y mientras degustaban empanadas, tortillas, galletas y demás aperitivos, compartían momentos y anécdotas.

Balance «muy positivo»

«Este año ha sido ideal para las procesiones de Semana Santa gracias al buen tiempo». Aún así, el Hermano Mayor de la Vera Cruz, Juan Antonio Rodríguez Pládano, considera que necesitan «un mayor apoyo económico por parte de las instituciones, porque nuestros recursos son limitados. Seguimos en el mismo punto de siempre, parece que no quieren ver que es necesaria su aportación». A diferencia del año pasado que solamente salieron tres de las siete procesiones previstas, este «solo se quedó una procesión en casa, la del jueves, del Santo Entierro del Cristo», apuntó.

«Las cofradías son una forma de vida espiritual, es vivir conforme al Evangelio». Estas fueron algunas de las palabras que el párroco Javier Gómez Cuesta destacó de la labor de los cofrades durante la eucaristía de acción de gracias. Y es que después de unos días llenos de procesiones «cuya belleza habla por sí sola», cabe resaltar la importancia de los cofrades y hermanos de la penitencia en dicha celebración: «Hay quienes se escandalizan por aquellos que cultivamos el espíritu. Nos tratan de fachas. Sin embargo, lo cobarde es no vivir los valores del Evangelio. Ahora que predomina el individualismo, es el momento de la caridad fraterna», puntualizó Gómez Cuesta durante la homilía.