Un pregón para el deporte femenino

Sheila Posada, patinadora y pregonera de las fiestas de Begoña. /  E. C.
Sheila Posada, patinadora y pregonera de las fiestas de Begoña. / E. C.

La laureada patinadora de La Calzada es una enamorada de su ciudad que lleva el sacrificio y la constancia en su ADN

POR MARCOS MOROGIJÓN.

Sheila Posada (Gijón, 1987) reivindica «la igualdad de oportunidades» para mujeres y hombres en el deporte. Ella, que es un referente nacional e internacional en su modalidad deportiva, el patinaje de velocidad, se dirigirá el próximo 9 de agosto a los gijoneses desde la balconada del Ayuntamiento para seguir derribando muros. Su pregón para las fiestas de Begoña, ya lo anticipa, tendrá muy presente al Telecable Hockey Club, al Mavi de La Calzada, al Sporting Femenino y a todas las deportistas de clubes modestos que entrenan duro, compiten y conquistan títulos desde Gijón sin el reconocimiento que tendrían esas mismas gestas si las protagonizasen varones.

Hablará también en su pregón de su experiencia en el deporte, que para ella es inseparable del trabajo, el sacrificio, la constancia y, sobre todo, el afán de superación. Todo eso está detrás de cada una de las 129 medallas de oro que se ha colgado al cuello a lo largo de su trayectoria como patinadora de élite, a las que hay que sumar otras muchas de plata y bronce. «El deporte te da valores únicos. Creces como persona y aprendes a valorar que todo llega a su tiempo», afirma esta atleta, una de las más laureadas del Principado y de las más habituadas a subirse a lo alto del podio.

También tendrán cabida en su 'descorche' de las fiestas de Begoña referencias al barrio en el que se crió y vive, La Calzada, y a su Gijón, la ciudad de la que se siente enamorada y a la que siempre quiere volver cuando acaba de competir.

La «picaron» para patinar sobre hielo, pero lo descartó porque tenía que irse fuera de EspañaCuando no compite, entrena seis días a la semana y va al gimnasio antes de entrar al trabajo

Integrante del Club Patín Pelayo desde 1994, se subió por primera vez a unos patines con dos años emulando a su hermano Iván, que fue su «guía» en el deporte, y desde entonces no ha dejado de darles velocidad. Lo que empezó como una actividad extraescolar en el colegio Eduardo Martínez Torner acabó convirtiéndose en buena parte de su vida. A sus 32 años puede presumir de haberse labrado un palmarés que incluye varios campeonatos de Europa y su presencia en la selección española de patinaje desde los 19.

Lleva años compaginando el deporte de alto nivel con los estudios, primero, y con el trabajo, después. Es ingeniera técnica de Telecomunicaciones y su ocupación profesional actual es como gestora de servicios en temas de comunicaciones digitales en la empresa Alisys, que tiene sus oficinas en Fomento. Además saca tiempo para entrenar a las bases del club de sus amores.

Entrena seis días a la semana cuando no está compitiendo y se levanta entre semana a las siete de la mañana para procurar ir al gimnasio antes de iniciar la jornada laboral donde suele hacer pesas y bicicleta. Su disciplina incluye un día completo de descanso y la alimentación sana.

El golpe más duro que le asestó la vida fue la pérdida repentina de su padre en 2008. A su pareja, que tiene dos carreras, fue jugador de pelota y ha sacado la oposición para la Policía Nacional, lo conoció en el gimnasio. Es su apoyo incondicional junto a su familia. Sheila se plantea ahora empezar a «bajar un poco el pistón» a partir de la próxima temporada. Seguirá compitiendo, pero sin la presión de marcarse objetivos de podio.

En el poco tiempo libre que le queda le gusta salir a caminar por Gijón, sobre todo por su franja costera. Querría poder viajar más por placer y un destino pendiente es Nueva York. Debido a sus dotes innatas para patinar asegura que la «picaron» para que se dedicase a hacerlo sobre hielo, algo que descartó porque implicaba tener que irse fuera de España. Sí que ha probado otras modalidades de patinaje como el alpino y el roller derby. Su gran pesar es que su disciplina deportiva no haya sido nunca olímpica, lo que le ha impedido vivir de ella.