«¡Pretaivos, redios, que hay que mangar otra filera!»

Edificio que albergó el Cinema Palacio en la recta de Pinzales. / FOTOS: JORGE URÍA GONZÁLEZ
Edificio que albergó el Cinema Palacio en la recta de Pinzales. / FOTOS: JORGE URÍA GONZÁLEZ

Jorge Uría González dona el archivo del Cinema Palacio de Pinzales al Pueblu d'Asturies

ADRIÁN AUSÍNGIJÓN.

El Cinema Palacio llenó de vida la recta de Pinzales entre 1958 y 1967, período en el cual tuvo tres propietarios: Alberto López Palacio, de Oviedo; Etelvina Palacio Laviada, de La Felguera; y Gabino González González, del mismo Pinzales, que tenía a su lado una sala de comidas y bebidas. Hoy, 61 años después de su apertura, aún hay quien recuerda nítidamente aquellos domingos de cine. Es el caso de Manuel Ángel Menéndez, quien alterna su jubilación entre Gijón y Fontaciera. «Íbamos caminando por la vía del tren para llegar a la sesión de las cuatro. Primero estaba el bar La Cuna. Luego, el Palacio. Fuera, Generosa vendía rosquillas, cacahuetes, avellanas... Dentro había bancos corridos y entresuelo; y cuando llegaba más gente Etelvina entraba y gritaba: '¡Pretaivos, redios, que hay que mangar otra filera!'». La algarabía estaba garantizada y una vez iniciada la película, la chavalería se entretenía «lanzando granos de arroz al haz de luz del proyector». Al acabar la peli, los mayores tenían la siguiente escala en el baile de Pinzales, que acabaría convirtiéndose en 'El desguace'. Pero esa es otra historia.

La de ayer, que revivió por momentos aquellos tiempos en blanco y negro, fue la donación del archivo del Cine Palacio al Muséu del Pueblu d'Asturies, merced a la generosidad del catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Oviedo Jorge Uría González, nieto del último propietario. El legado lo integran planos del proyecto de construcción, talonarios de billetes de entradas, facturas, liquidaciones y circulares de la Sociedad General de Autores; correspondencia con los distribuidores, publicidad de las películas, licencias de exhibición, gastos e ingresos de la sala y una relación de los títulos que resultaron más taquilleros. Menciona por ejemplo 'Rogelia' (1963), 'Aventuras de Joselito en América' (1964), 'Pachín' (1965), 'Así es Asturias' y 'Nobleza baturra' (1966) o 'El balcón de la luna' (1967), exhibidos muchos de ellos años después de su grabación.

Boal, único precedente

El Pueblu d'Asturies, agradecido por la donación, resalta el interés de estos «importantes lugares de ocio del siglo XX, hoy desaparecidos, donde proyectaban películas que marcaban tendencias de moda en ropa, peinados, muebles, casas, música y hábitos de toda clase». Hoy, precisa, solo se conservan dos archivos de este tipo, el del teatro-cine Helenias de Boal, que abrió sus puertas en 1932, y, ahora, el Cinema Palacio de Pinzales, gracias a la generosidad del nieto del último eslabón.

Quedan también impagables testimonios orales. A sus 70 años, Manuel Ángel no solo recuerda sus domingos de cine con la enérgica Etelvina, sino también aquellos otros en Gijón cuando, ya adolescente, iba al Imperio, en Begoña, cuya estructura era completamente de madera, y su madre le advertía: «Ponte cerca de la puerta». No fue mal consejo. Ardió dos veces.