«¿Aquí se puede beber del grifo?»

Los niños ucranianos, con sus familias de acogida y los monitores, antes de coger el avión de regreso a su país. / PATRICIA BREGÓN
Los niños ucranianos, con sus familias de acogida y los monitores, antes de coger el avión de regreso a su país. / PATRICIA BREGÓN

Los 17 niños de Ucrania vuelven a casa tras un verano lleno de sorpresas en Asturias

CANDELA DEL VALLE GIJÓN.

Se quedan fascinados cuando abren el grifo y el agua que sale es potable. Sin rastro de contaminación. «¿Se puede beber directamente sin tener que ir luego al médico?». La misma pregunta se hacen con las frutas y las verduras. También les maravillan las autopistas españolas, que no son «solo caminos». «Aquí, cuando vas en coche, se puede dormir tranquilamente», destacan. Y les llama la atención la vestimenta de las abuelas: «¿Por qué no visten siempre de negro?». Dicen, además, que en Ucrania, «la gente tiene la cara verde», una frase hecha que quiere decir que las personas son muy frías, «al contrario que aquí, donde todos son muy amables».

Son las impresiones de diecisiete niños ucranianos que han pasado seis semanas en Asturias y ayer regresaron a su tierra. Aterrizaron en el aeropuerto de Asturias el pasado 7 de julio acompañados de dos monitoras ucranianas para vivir con diferentes familias gijonesas en el programa de Vacaciones Solidarias que Expoacción organiza todos los veranos desde hace diez en la ciudad para que puedan refugiarse temporalmente de la delicada situación de su país. Catorce de ellos provienen de familias que resultaron afectadas por el accidente nuclear de Chernóbil y este año, por primera vez, tres llegaron desde el olvidado conflicto bélico de la ciudad de Donetsk, al este del país. «Es muy bueno que durante un par de meses abandonen esa zona. No podemos hacer nada allí, pero podemos ayudarles aquí», afirma Jorge González, presidente de la organización.

Una de las niñas es Bozhena, que cumplió ocho años durante su estancia veraniega en Gijón. Belén Gómez, su madre de acogida, cuenta que es «estupenda y muy buena» y recomienda la experiencia a todo el mundo. «Yo creo que todas las casas deberían traer a un niño para que aprendamos a valorar lo que es importante». Cuenta que todo le llama la atención, «los árboles, los perros, ver las calles tan limpias». Y se enamoró de la playa: «Cuando vamos no hay manera de sacarla del agua». Ayer no se quería marchar de Asturias, «nos decía que nos iba a llevar con ella para Ucrania», afirma Belén Gómez. Bozhena se va hablando un perfecto español.

Estos niños tienen entre siete y diecisiete años y provienen del Colegio Dim Ditey, dirigido por monjas españolas de la congregación de las Dominicas de Granada.

Expoacción les manda medicamentos durante el frío invierno ucraniano mientras aprenden español y se preparan para pasar su verano en Gijón, vacaciones que la mayoría repite al año siguiente. Y también lo hacen las familias: «El 60% vuelve a acoger al mismo niño». Durante su estancia los llevan al médico y al dentista. Algunos tienen problemas de tiroides, consecuencia de la explosión nuclear de Chernóbil. Les dan suplementos vitamínicos y comen muchas frutas y verduras, que en su país suelen estar contaminadas: «La dieta mediterránea les viene muy bien. A los quince días ya les cambia el color de la cara. Cogen peso. Cuando se van parecen niños diferentes», añade Jorge González.

También hubo tiempo para el ocio. Hicieron teatro, gimnasia y música con niños españoles de la mano de Expoacción. Y excursiones a la Campa Torres y a Covadonga. No se olvidaron tampoco de la gastronomía: «Organizamos una fiesta de degustación de productos asturianos». Tan bien se lo pasan, que «nunca se quieren ir». Seguirán luchando este año desde la organización para que más pequeños puedan venir a Asturias en la próxima edición: «Vienen 17, pero allí quedan 223, queremos traer más niños».

 

Fotos

Vídeos