«Fui a La Raya a ver la vida en la frontera, pero se está despoblando»

Agustín Pascual. / JORGE PETEIRO
Agustín Pascual. / JORGE PETEIRO

Agustín Pascual, autor de un libro sobre las zonas entre España y Portugal, defiende la necesidad de impulsar estos pueblos

JOSÉ LUIS RUIZGIJÓN.

Agustín Pascual Pino ha plasmado en el libro 'La Raya' un viaje que soñaba con realizar desde muy joven. Autoeditado, con Alter Ego, es una suerte de guía del viajero que este jubilado -miembro de la Asociación de Pensionistas y del Ateneo Obrero de Gijón- espera dé a conocer la frontera hispanolusa.

- ¿Por qué un libro sobre La Raya?

- Yo viví en el África española, en Sidi Ifni, porque mi padre era militar. Ya de joven escuchaba la emisora nacional de Lisboa y en cuanto tuvimos que irnos de Ifni, en el 1969, ya al llegar a la península, con 18 años aún no cumplidos, me interesaba mucho conocer Portugal. Había oído hablar de La Raya, la frontera y hay mucha relación entre los dos lados... Pero ahí lo dejé. Y este año, había marchado mi hija a Florida y me dije, 'es un buen momento para ir a Portugal a caminar'. Y fui para intentar conocer un poco lo que pensaban los de un lado y otro.

-¿Por qué a pie?

-Si vas en coche, también hablas con gente, pero no es lo mismo que cuando vas paso a paso, que vas viendo las cosas más lentamente y asimilándolas mejor. Es el camino en sí y el hablar con la gente. A mí me gusta mucho el tema de las relaciones humanas, el que los pueblos se conozcan más, se comprendan mejor. Y me gustan mucho las lenguas latinas, las lenguas peninsulares. Fundamentalmente estuve más por el lado portugués. En el lado español estuve por Fuentes de Oñoro y Fermoselle, en Zamora.

-En esos días estuvo ingresado en el hospital. ¿Qué pasó?

-Falta de previsión. Confié en que en Escariego iba a encontrar algo más de hospitalidad. Llegué con unos días de calor impresionante y nadie me alquilaba una habitación. Entonces retrocedí hasta Bermiosa, donde hay una gran casa rural. Pero al llegar allí, no sé si por tener un aspecto de caminante en una zona en la que no están muy acostumbrados, me dijeron que no tenían nada libre. Así que empecé la etapa del día siguiente, pero a cinco kilómetros de Figueira, sin agua y habiendo comido poco, tuve un desvanecimiento, llamé al 112 y me llevaron al hospital de Guarda. Cuando salí, por suerte, un taxista me ayudó.

-¿Qué conclusiones sacó de ese viaje?

-Que lo que piensan tanto los de un lado como los del otro es que se están quedando sin gente, que los pueblos desaparecen. Los que quedan son gente mayor. Es como una pescadilla que se muerde la cola. Un pueblo tiene menos servicios, la gente se va para la ciudad y al haber menos gente van desapareciendo los pocos servicios que tenían. Esto es algo que se podría evitar. Por ejemplo, en el Camino de Santiago muchos pueblos se mantienen en invierno gracias a los caminantes, que dejan dinero, aunque sea poco. Esta zona de La Raya, si se promoviera un poco para que la gente se interese por ir a verla, tanto en coche como a pie, podría empezar a vivir. Lo que aprendí es que hay que luchar contra el despoblamiento en esa zona, más que las relaciones que me interesaban al principio. Porque eso ya lo viven de una manera natural.

-¿Por qué hizo de ese viaje un libro, tenía la idea desde el principio?

-No, que va. Empecé a tomar notas para hacer una página web, como solía hacer con el Camino de Santiago. Pero se me ocurrió que podía hacer un libro para que la gente fuera a conocer todos esos sitios y a hablar con sus gentes. Así se puede generar una corriente de visitantes que les dé un poco de vida a esos pueblos. El Camino de Santiago se ha disparado en número de visitantes y antes se despreciaba bastante al peregrino ,pero ahora han visto que es una fuente de vida para los pueblos por los que pasa.

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