«No recetamos, pero damos apoyo»

Los celadores de Cabueñes, con su jefe, José Luis Echevarría (tercero por la izquierda). / JOAQUÍN PAÑEDA

Los celadores de Cabueñes fueron pioneros en conseguir un certificado de calidad

COVADONGA RODRÍGUEZ

Son una pieza fundamental en el gran engranaje que mueve un hospital. También son los primeros que reciben a los pacientes que deben ser ingresados y en muchos casos quienes los despiden cuando les dan el alta. Los celadores han visto cómo su oficio conseguía el reconocimiento que se merecía. «Antes los pacientes pensaban que un celador era una especie de repartidor del hospital o el encargado de dirigir la silla de ruedas hasta la prueba diagnóstica. Ahora conocen todo lo que hacemos y valoran nuestra profesión», explica José Luis Echevarría, jefe de personal de los celadores.

No solo el conocimiento de la gente ha cambiado, también lo ha hecho la profesión en sí. Si antes era un sector eminentemente masculino, ahora es femenino. Casi el 70% de la plantilla de Cabueñes, hospital que acaba de cumplir 50 años, está compuesta por mujeres. «La mujer se ha integrado en casi todas las profesiones y esta no es una excepción», señala Isabel Martiáñez, jefa de turno. «Hace muchos años era un trabajo que requería, sobre todo, fuerza pero ahora gracias a los adelantos tecnológicos esta no es necesaria». Las camillas y camas mejoradas, los 'transfers' y las grúas les ayudan día a día a realizar su labor. Para ellos esa ha sido la verdadera innovación tecnológica. Sin embargo, no son ajenos a la informatización. Al igual que ocurre en otras áreas del hospital, han cambiado el papel y bolígrafo por el ordenador. A través de la aplicación 'Velázquez' optimizan su trabajo. Su cuidadoso método de trabajo y su entrega les convirtió en la primera área de celadores de España en obtener una homologación de calidad. «Nos parece muy importante tener, además de las internas, auditorías externas que comprueben que nuestra gestión y trabajo son los adecuados», dicen. Entre los requisitos de esa marca de calidad hay uno que consideran «imprescindible»: los cursos de formación.

«La forma en la que se recibe al paciente puede sentar la diferencia», indican. «Una de nuestras misiones más importantes es crear un buen ambiente». También entre los familiares del paciente. «A veces los acompañantes vienen muy nerviosos, y una buena acogida es vital para tranquilizarlos», dice Echevarría. «No recetamos medicación, pero damos ánimos, diálogo y apoyo, que también son elementos relevantes en la recuperación». Hay veces en que las personas mayores se desconciertan y no saben donde están. El tacto de los celadores en esos momentos delicados es primordial «porque lo pasan realmente mal». «Es un trabajo muy dinámico», admite Isabel Martiáñez. «Es fácil que nos encariñemos con pacientes que deben permanecer estancias muy largas en el hospital o ingresar en repetidas ocasiones», confiesa.

Un trabajo para el que los propios celadores reclaman más cualificación. Para acceder al empleo hay que aprobar unas oposiciones, pero no se necesita haber alcanzado un determinado nivel de estudios, ni tener una formación concreta, solo un certificado de escolaridad. Algo que impide dignificar el trabajo. «Debería haber una formación profesional de celador», reclama Echevarría. «Es el propio trabajo lo que nos cualifica, y por eso para nosotros son tan importantes los cursos de formación».

Los 140 celadores que trabajan en Cabueñes son un «eslabón muy importante en la larga cadena que conforma el hospital». «En las unidades hospitalarias, somos uno más de la planta», se congratulan.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos