«Los sellos han sido mi pasión»

Daniel Jiménez, con su insignia de oro y su diploma./
Daniel Jiménez, con su insignia de oro y su diploma.

Daniel Jiménez, insignia de oro del Grupo Filatélico por sus 25 años de presidente La entrega se realizó tras la inauguración oficial de las dieciocho colecciones expuestas en cien vitrinas en el patio del Antiguo Instituto

JOSÉ LUIS RUIZGIJÓN.

Después de toda una vida dedicada a coleccionar sellos y cartas prefilatélicas, Daniel Jiménez puso el broche de oro a su trayectoria. El Grupo Filatélico y Numismático de Gijón, uno de sus proyectos vitales, decidió otorgarle la primera insignia de oro al que ha sido su presidente a lo largo de 25 años. «Es una alegría indescriptible que la gente que te quiere te reconozca», destacó el homenajeado.

Cogió la presidencia en 1988 y hasta 2013 se ocupó de que el Grupo Filatélico creciera y diera a conocer lo que para él y todos sus compañeros ha sido algo más que un hobby. «En estos años me ha pasado de todo, he tenido aciertos y errores pero siempre ha prevalecido la honradez con el aficionado», recordó emocionado.

Esa preocupación por los que forman parte de esta afición es precisamente lo que destacó de él José Antonio Lastra, actual presidente del Grupo Filatélico. «Siempre se ha preocupado de ayudar a todo el que lo necesitaba y a los que empezaban con este hobby». Él ya ni recuerda cuándo comenzó pero dos de las 18 colecciones expuestas son suyas. La más valiosa ya está a nombre de su hija, Pilar Jiménez. «Es una colección de España, que no es que tenga un gran valor económico pero sí que es muy especial. Tiene cartas de antes de que se empezaran a utilizar los sellos en este país. La más antigua es de 1790». El primer sello en España se emitió en 1850, pero antes ya se marcaban las cartas.

La otra colección que ha llevado Jiménez es también prefilatélica, pero en este caso de Francia. «Contiene una carta manuscrita que el director de Correos francés envió a todos sus trabajadores informándoles de las nuevas tarifas que iban a tener los envíos en 1796», explicó. Este tipo de misivas no suelen tener un valor económico fuera de lo normal. «Algunas valen alrededor de 20 o 30 euros», pero lo curioso es la forma de conseguirlas para un coleccionista de filatelia. «Todas estas francesas las encuentro y compro por internet, hay media docena de coleccionistas buenos en Francia».

Jiménez aseguró que él no ha tenido interés en trabajar en Correos, aunque reconoció que algunos de sus compañeros sí. «Yo tenía mi profesión y estaba encantado con ella». Y no es de extrañar, ya que era confitero. Regentó durante muchos años la confitería Daniel, en una calle cercana a la plaza de San Miguel. «Disfrutaba mucho sobre todo con el chocolate. Con él hice la catedral de Oviedo, el Palacio de Comunicaciones o Santa María del Naranco, que me quedaba realmente bien», recordó.

Relevo generacional

Un coleccionista como Daniel Jiménez no quiere que sus colecciones se queden en una caja, «eso no vale para nada», y disfrutan enseñando al mundo lo que han conseguido y contagiando su afición, aunque no siempre lo consiguen. «Mis hijos saben lo que es la filatelia y les he traspasado mi pasión, pero no lo cuidan ni lo viven como lo hacía yo».

Cree que las nuevas generaciones no muestran interés y «solo miran el móvil». Aunque para no perder la esperanza, Deva López, de 11 años, llevó su propia colección a la exposición que va a estar en el patio del Antiguo Instituto hasta el día 19. «Llevo desde los 7 años recortando sellos de revistas y ahora ya tengo mi propia colección de carnés de España», manifestó. Una colección repleta de sellos temáticos sobre flores, animales o juguetes.