«Sentía miedo a tener que renunciar a toda mi vida»

La camaradería y el buen humor reinan en la Casa de la Vida; en la cocina se reúnen a charlar y, por supuesto, a merendar. / CAROLINA SANTOS
La camaradería y el buen humor reinan en la Casa de la Vida; en la cocina se reúnen a charlar y, por supuesto, a merendar. / CAROLINA SANTOS

Varias mujeres hablan en la Casa de la Vida de sus traumáticas experiencias al enfrentarse con el cáncer de mama

SUSANA D. TEJEDORGIJÓN.

La Casa de la Vida es una pequeña gran familia. En ella se habla, se llora y se ríe cuando es necesario. Se conoce el estado de ánimo de sus integrantes solo con mirarles a la cara al abrir la puerta. Es mucho más que un piso de acogida, es el refugio de muchas de sus visitantes. Y si no que se lo digan a Carmina García, 'la decana', que tiene llave propia porque llega siempre un rato antes de la hora de la apertura. Tiene 93 años y una sonrisa permanente. Hoy no puede pararse a hablar mucho tiempo porque tiene prisa. Un coche la espera. Pero destila una alegría que contagia y deja en el aire. «Me diagnosticaron el cáncer a los 84 años. En once meses me operaron del cáncer y de colon. Cuando el médico me lo dijo, lo entendí rápidamente». La noticia la recibió en la consulta en presencia de una de sus hijas. «Llegué a casa y dije: 'No quiero lágrimas' y sé que lloraron pero nunca en mi presencia». Con 40 años se quedó viuda, así que, dice, está acostumbrada a pelear por la vida. «Yo me siento hecha una moza». Su llegada a la Casa de la Vida no fue casual. Uno de sus yernos se empeñó y ella no quiso contradecirle. «No quería que se enfadara y vine pero sin mucho convencimiento. Y ahora si hubiera cama me quedaba a dormir». Le encanta el desfile. Ya hizo aquí sus pinitos y este año no se lo va a perder.

Cuando la noticia te la dan lejos de casa todo es aún más complicado de digerir. Y eso le ocurrió a Lucía Villaverde. Estaba estudiando la carrera fuera de Gijón. En una revisión rutinaria se enteró. Estaba sola y no entendió muy bien lo que le acababan de comunicar. «Casi tuve que buscar la palabra cáncer en el diccionario». Hace ya doce años de aquello, pero sigue emocionándose al recordarlo. «Me lo dijeron en el trabajo y sé que me cambió el carácter, ahora ya se me ha dulcificado». Entonces le tocó sufrir en silencio: «Lloré, lloré mucho, lo hacía en la ducha».

Las lágrimas, en cambio, no brotaron en los ojos de Maribel López, que ha olvidado hasta la fecha fatídica. Sola recibió la noticia y muy sola estuvo durante la convalecencia. «No me sentí ayudada por mi familia. No lloré porque hace muchos años que no lo hago, pero sí pensaba en cómo sería mi vida después. Y me di cuenta de que cuando necesité ayuda mi entorno no me apoyó».

Estambul y Camilo Sesto

Asun González recibió la noticia la víspera de irse de viaje a Estambul con su nuera. Y no se lo dijo a nadie. «Me lo tragué y al llegar al aeropuerto en Madrid se canceló el vuelo. Yo tenía revisión al día siguiente temprano así es que tuve que insistir en que mi vuelta era urgente». No le faltaron aliados: «Mi marido me trató con cariño y respeto, pero fue muy duro porque se lo tuve que contar por teléfono a mis padres, que eran mayores. Lo viví dos veces». Entre lágrimas, califica la Casa de la Vida como su «segunda familia». Las mujeres de aquí y la noticia de que iba a ser abuela le marcaron un nuevo rumbo.

No tuvo tanta suerte Yolanda Norniella, quien vio cómo la pareja que tenía en aquel momento se desentendió del tema y no se mantuvo a su lado. «Me lo diagnosticaron dos días antes de mi cumpleaños. Te sientes perdida, hundida y me enfadé mucho. Le pregunté al médico: '¿Me voy a morir?' Y tuve todo tipo de sentimientos: ira, rabia y me faltaron las fuerzas para enfrentarte a otras personas que no lo entienden». Dice que en ese momento, luchas por tu vida. «Fui a casa de mi hermana y mi cuñado y por primera vez en mi vida lloré delante de ellos. Quieres hacerte la fuerte y te dices que esto no va a poder contigo». Y le dijo al médico: «'¿Puedo tomar un vino de vez en cuando?' Sentía miedo a tener que renunciar a toda mi vida».

Toni Noguerol es el director del desfile de este año. Anda ultimando detalles. «Hay nervios, estamos con los últimos ensayos, con la escenografía. Este año va a haber un homenaje a Camilo Sesto; ellas me lo pidieron». Pero habrá muchas sorpresas. «Habrá ritmos y músicas muy diferentes para llegar a todos los públicos. Habrá cinco pases y 500 espectadores... Y las chicas ya están preparadas para la pasarela.

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