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Carmen y Severo Ochoa en el laboratorio de la Universidad de Nueva York.
De Somió a Cimadevilla

Severo Ochoa y Gijón

En el 120 aniversario del nacimiento del Nobel asturiano

Janel Cuesta

Gijón

Lunes, 24 de noviembre 2025, 01:00

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La Fundación Carmen y Severo Ochoa, con sede en Madrid, que preside la doctora Regina Revilla, junto con la Real Academia de Medicina y la Universidad de Nebrija, están en plena conmemoración del 120 aniversario del nacimiento del Premio Nobel asturiano Severo Ochoa de Albornoz, nacido en Luarca el 24 de Setiembre de 1905. En estos momentos se están celebrando, entre otros actos culturales, los 25 años del legado científico al Museo de las Ciencias de Valencia, que llegó a dicha ciudad merced al interés de su discípulo el doctor Santiago Grisolía cuando, todo hay que decirlo, no se quedó en Asturias porque no había presupuesto para acogerlo. La primera intención era en «Villa Carmen», la casa familiar del Nobel en Villar (Luarca), y otras posibles sedes que fueron desechadas.

Precisamente, la Segunda Semana de la Ciencia dentro de esta programación, ha dado comienzo el día 18 de este mes de noviembre en su villa natal, donde también cuentan con un monumento en lo que fue la céntrica plaza del Maíz y ahora lleva el nombre de Carmen y Severo Ochoa.

Es lógico que tanto el lugar de nacimiento de Severo Ochoa, como donde como escribió el propio Nobel, ambos, Carmen y Severo, permanecen «Eternamente vinculados por la muerte», esté presente como centro de toda actividad conmemorativa; pero tampoco debemos olvidar la notable influencia que tuvo Gijón en la vida de estas dos personas que, como también nos dejó escrito Severo Ochoa «estuvieron unidos toda la vida por el amor».

Carmen García-Cobián y Álvarez-Nava nació en la gijonesa calle de Capua, el 27 de abril de 1905, y los padres de ambos, Severo Manuel Ochoa y Cándido García-Cobián mantuvieron una estrecha relación comercial en Puerto Rico, por lo que regresó a Asturias, unos en Luarca y otros en Gijón, siguieron conservando una intensa amistad, hasta tal punto que, la familia Ochoa Albornoz eligió Gijón para instalarse con vista a la formación de sus hijos y su domicilio también estaba en la calle de Capua. El centro elegido para los estudios del jovencísimo Severo cuando contaba solo cinco años fue el Colegio Comercial Hispano Francés de San Ramón, regentado por los Hermanos de La Salle, ubicado en la calle Dindurra que, años más tarde pasó a ser la Academia Hispano Americana. Por lo que no es de extrañar que el propio Severo Ochoa tuviese gratos recuerdos de sus juegos infantiles en la plaza San Miguel, donde también disfrutaban sus hermanas Concha y Manola, con las hermanas Isabel y Carmen García-Cobián, que años más tarde sería su esposa, y por aquel entonces eran alumnas del colegio de las RR. MM. Ursulinas, en Gijón.

Problemas de salud del jovencísimo Severo llevaron a la familia Ochoa de Albornoz a vivir en Málaga donde siguió sus estudios en el Colegio de los PP. Jesuitas y luego Medicina en Madrid, durante cuyo periodo ambas familias siguieron manteniendo su relación, aunque solo durante el periodo estival. Severo Ochoa con 23 años se fue a completar su formación en Alemania y al regreso se encontró con una joven Carmen de 25 años, según sus propias palabras: «Carmen era esbelta, delgada, inteligente y culta, con una simpatía arrolladora», dominaba varios idiomas, tenía amplios conocimientos de música y era una experta jugadora de tenis». Tras un breve noviazgo, el 8 de julio de 1931 contraen matrimonio en la Santa Cueva de Covadonga, con banquete nupcial en el cercano Hotel Pelayo.

Y damos un salto en el tiempo, dando por sabido su estancia en Madrid, su exilio voluntario en Francia, Alemania, Inglaterra y el salto a los Estados Unidos de Norteamérica, siempre con el apoyo y estímulo de Carmen, que fue también, quien casi obligó a su marido a opositar a la Cátedra de Farmacología en la Universidad de Nueva York, cuando Severo Ochoa alegaba que no era su especialidad, y Carmen le dijo: «Tu preséntate que sabes más que el resto de los opositores», como así resultó.

Es notorio que ya en el laboratorio de la propia Universidad obtuvo el Premio Nobel en 1959, y entretanto Carmen viajó sola a Gijón en 1947 para el bautizo de su ahijado, el ahora doctor en medicina y prestigioso fotógrafo José' Ramón Cuervo-Arango, y los dos juntos, Carmen y Severo habían viajado a Europa, con estancias en Múnich, París, Madrid y Gijón en 1956. La propia Carmen García-Cobián decía que «la vida con Severo era escribir cartas, viajar y abrir y cerrar maletas, y no debemos olvidar que Luarca y Gijón siempre formaban parte de sus estancias en España, dado los lazos familiares que les unían a Asturias.

Eh 1967 Severo Ochoa recibe la Medalla de Oro del Ateneo Jovellanos; poco después la Insignia de Oro del Centro Asturiano de la Habana en Gijón y quizá por la proximidad con los domicilios de sus familiares, Severo era un asiduo cliente de la cafetería San Miguel y el Café Dindurra en Begoña, ya que en el edificio del Centro Asturiano residía su hermana María Isabel con su esposo Teófilo Martín Escobar, que también disfrutaban de un retrato de Severo Ochoa pintado por Santiago Pascual Tejerina.

Tras el fallecimiento de Carmen García-Cobián el 5 de mayo de 1986, Severo vende la casa y la finca familiar en Luarca, y durante sus estancias en Gijón reside en casa de su sobrina Irene Sánchez García-Cobián, en la calle Linares Rivas número 6, que es quien le acompaña en sus interminables viajes y compromisos derivados de su status científico y social.

De la constante vinculación con Gijón del matrimonio Ochoa de Albornoz y García-Cobián, dan fe que, por decisión de la propia Carmen su legado cultural y artístico, de gran valor, con cuadros de Salvador Dalí, Benjamín Palencia, Francisco de Goya y esculturas de Sebastián Miranda y Mariano Benlliure , entre otros , fueron donados a Gijón, junto con auténticas joyas del arte japonés de los siglos II al IV, y otras obras de arte precolombinas.

Varios críticos de arte se manifestaron afirmando que el legado de Carmen y Severo Ochoa al Museo Casa Natal de Jovellanos de Gijón, enriquece considerablemente sus fondos, elevándose, en mucho, por su categoría.

Severo Ochoa de Albornoz falleció en Madrid el día 1 de noviembre de 1993, a los 88 años de edad. Reposa para siempre junto a Carmen en el cementerio de Luarca que, según palabras del propio Severo Ochoa «era el cementerio más guapo del mundo». En Gijón, como no podía ser menos, un colegio, una calle y un busto perpetúan la memoria del Nobel asturiano, y por si fuera poco una escultura, obra de la gijonesa Cristina Carreño, enriquece los jardines del Hospital Clínico de Salamanca dedicada a Severo Ochoa de Albornoz. Nunca está de más recordarle en esta efeméride.

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