«Me toman por la oficina de turismo»

Enol Martínez posa en su propio photocall escanciando sidra./HUGO ÁLVAREZ
Enol Martínez posa en su propio photocall escanciando sidra. / HUGO ÁLVAREZ

Lleva cuatro veranos al frente de su kiosco en el Campo Valdés y desde entonces su photocall compite en selfies con las 'letronas'

PABLO A. MARÍN ESTRADAGIJÓN.

«Buenos días, ¿me podría dar un plano de Gijón?». Enol Martínez escucha con educación y luego responde: «Señora, esto es un kiosco. La Oficina de Turismo está un poco más allá, en aquellos jardines. ¿Ve la caseta? Allí se lo darán con mucho gusto». Es la enésima vez que se lo preguntan hoy. Y en los cuatros años que lleva al frente del kiosco del Campo Valdés ha perdido la cuenta de las ocasiones en que ha tenido que aclarar a los visitantes de nuestra ciudad que lo suyo es un negocio particular y no lo que ellos se piensan. «Estoy tan acostumbrado que me sale ya voz de informador cuando contesto», afirma, imitando el tono con el que acaba de atender la petición.

Y está tan acostumbrado que no solo pone voz de informador turístico (en un aparte dice que le disculpen esos profesionales) sino que no tiene inconveniente en actuar como tal resolviendo las dudas de quienes se asoman a su tenderete acerca de la ubicación de algún lugar emblemático de la ciudad o dónde está el parking más cercano. «Yo creo que es por el cartel», dice, señalando al simpático 'photocall' instalado en un lateral del quiosco y que representa a un 'asturianín' echando sidra: en el hueco de su cara pude poner la suya quien quiera para llevarse un recuerdo más de Asturias en su tarjeta de memoria. «Algunos me preguntan si hay que pagar por la foto. Al principio se me ocurría decir 'la voluntad', pero eso solo me daba líos. No lo pillaban. Ahora incluso me piden que les haga yo el selfie y acaban comprando algo», relata.

Explica que la idea del 'photocall' fue de su padre. Lo tenía a la puerta de 'La Alborada', la tienda de productos asturianos y artesanía que regenta en Tazones. Un día se le ocurrió que podía prestar mejor servicio en el kiosco del chaval, como reclamo, y desde entonces aquí sigue, haciendo felices por un momento a quienes se asoman por su 'furacu' para inmortalizarse escanciando, con madreñes y montera picona. «Debe ser el sitio donde más fotos se hacen después de las letras del muelle», asegura Enol, para añadir que «por cierto, es otro de los lugares por los que me preguntan: '¿Me podría indicar dónde está el marco con las letras de Gijón?' O te dicen: '¿Por dónde se va a esa cosa redonda en la que se oye el mar?' Y tienes que adivinar que ye El Elogio. La gente ye así».

Que la gente es así y de las maneras más inesperadas que pueda uno imaginarse lo sabe bien este chaval de La Calzada que tras cursar la ESO y ayudar varios años en el negocio familiar de Tazones decidió instalarse por su cuenta concurriendo a la adjudicación del chiringuito. Hubo otro competidor, pero se acabó llevando Enol la concesión : «Por ocho años», detalla. Los helados son el producto estrella de la casa, en la que además se venden chucherías, refrescos, souvenirs y artesanía. «¿Qué si los pruebo? El primer verano me pasaba el día comiendo helados. Engordé ocho kilos. Me harté», confiesa. Como de ver la playa desde su privilegiado puesto de observación. «Sí, sí, los hay que me sueltan: 'Oye, ¡vaya vistas que tienes!' Y claro llevo viendo el mismo paisaje cuatro veranos». Pero tampoco se queja. Aunque cierre algún día a medianoche, es su propio jefe, la faena no es tan ardua y a veces 'vienen a verme los amigos', relata. Uno de ellos le toma el pelo al llegar: «¿Me da un plano de Gijón?». Y el quiosquero se contiene. Nos mira. «La gente ye así. Ye lo que hay».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos