El 'torerillo gijonés' que dibujaba animales

El 'torerillo gijonés' que dibujaba animales
Iván Candosa -a la izquierda-, en El Bibio. :: FOTOS: ARCHIVO FAMILIAR

Iván Fernández de la Viña, ilustrador de TVE especializado en naturaleza y colaborador de Félix Rodríguez de la Fuente, fallece en Madrid a los 85 años

MIGUEL ROJO

Su pasión y su afición desde niño eran los toros. Tanto que con 15 años empezó a trastear con las vaquillas y acabó debutando como novillero, con caballos y de luces, en El Bibio, en 1952, alternando con Victoriano Posada y Luis Molero, con novillos-toros, precisamente, de Molero, de Valladolid. Toreó becerradas por toda Asturias y, aunque no llegó a tomar la alternativa, saboreó por unos años las mieles del triunfo por las plazas de la península. Sin embargo, con 18 años cumplidos, se fue a Madrid a estudiar en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, e hizo del dibujo y la ilustración su profesión. Iván Fernández de la Viña -que aparecía en los carteles taurinos como Ivan Candosa-, fallecido el domingo en Madrid a los 85 años, era gijonés de pura cepa y mucha de esa pasión por las artes la había adquirido en casa. Su padre, Iván Fernández Candosa, profesor de dibujo en Gijón y licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad de Oviedo, destacó con los pinceles y protagonizó exposiciones colectivas e individuales en todo el país. Recibió en 1963 la Cruz de Alfonso X El Sabio por su labor docente y fue conservador de la Pinacoteca Municipal de Gijón. Además, cuenta su familia, fue autor de una de las versiones del escudo de la ciudad de Gijón, que estuvo vigente hasta los años 90 del siglo XX.

Fue su padre quien precisamente animó a Fernández de la Viña a centrarse en el dibujo y dejar de lado los toros, pues veía más futuro en lo primero que en lo segundo. Y no se equivocaba. Tras trabajar en Barcelona, en los Estudios Moro, el joven artista consiguió un puesto como ilustrador en Televisión Española, la que desde entonces fue su casa durante toda su carrera. Aunque en un principio sus trabajos servían para ilustrar todo tipo de contenidos -colaboró, entre otros, en los programas de Jesús Hermida-, pronto destacó por sus dibujos sobre naturaleza. «Cuando era joven era de esos andarines que siempre estaba por el monte, y le gustaban mucho los animales», cuenta su hermana Emma al diario EL COMERCIO. Deja el 'torerillo gijonés' -así llamaban a aquel espigado novillero rubio que probó suerte en los años 50- mujer, Isabel Matesanz, y cuatro hijas -Sonia, Vanesa, Elena y Marta-, además de una extensa familia que aún tiene ramificaciones en Asturias. «Era un enamorado de su tierra», recuerda su hermana, quien reconoce que, una vez que murieron sus padres, las visitas se fueron distanciando en el tiempo, pero que mientras sus hijas fueron pequeñas las vacaciones familiares solían tener como escenario Villaviciosa y las playas del oriente.

Su trabajo más difundido le vino de la mano del famosísimo naturalista y divulgador Félix Rodríguez de la Fuente. Josechu Lalanda y él eran los principales ilustradores del equipo. El primero, más científico. Él, especializado en dibujos sobre el terreno. Suyas son las ilustraciones de los 'Cuadernos de campo' de Rodríguez de la Fuente y de la serie 'Fauna ibérica' para la enciclopedia Salvat. Como también lo eran los dibujos que salían en el programa 'Waku waku', dirigido por Narciso Ibáñez Serrador, que se estrenó en 1989 -con Consuelo Berlanga ante las cámaras- y volvió en renovada etapa con Nuria Roca al frente para despedirse en el año 2001. Explica el arquitecto Eduardo Navarro Pallares, cuñado del dibujante y novillero gijonés fallecido, que «hay gente que venía al mundo a hacer bulto, pero Iván era de los que vino a hacer cosas». Y recuerda cómo sirvió de modelo para la estatua que otro asturiano, Manuel Álvarez-Laviada, realizó para Córdoba de Manolete. «Fue su profesor en la Academia de San Fernando y, con su traje de luces y su capote, posó para hacer el cuerpo», relata.

La fortaleza innata de Fernández de la Viña le permitió afrontar con entereza los últimos años su delicado estado de salud, hasta que el pasado domingo perdió la batalla. Un pequeño cojín en forma de corazón rojo -regalo de sus nietos- coronaba ayer el féretro en el emocionante acto de despedida que su familia le tributó en Madrid.