Un viaje en el tiempo «sorprendente»

Un viaje en el tiempo «sorprendente»
Algunos de los asistentes a la visita guiada en el Museo Nicanor Piñole. Entre ellos, la candidata socialista a la Alcaldía, Ana González. / UCHA

Ramón Alvargonzález explica en el Piñole el cambio de la ciudad entre 1880 y 1920

E. RODRÍGUEZ GIJÓN.

«¿Una refinería de petróleo en 1911? No lo sabía. Me he quedado sorprendidísima». Era una de las primeras impresiones de María Rosa Losas, una de los treinta privilegiados que tuvo la oportunidad de participar en la visita guiada que realizó Ramón Alvargonzález, profesor y director de la Fundación Alvargonzález, en el Museo Nicanor Piñole para explicar, a través de fotografías, cómo fue la transformación de la ciudad en la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX. La actividad -del Áula de Cultura de EL COMERCIO en colaboración con los Museos de Bellas Artes de Gijón- se repetirá en abril ante la alta demanda registrada. Durante el recorrido, de una hora, el público conoció más de cerca la ebullición industrial que experimentó Gijón gracias a su puerto carbonero, «que permitía dar salida al mineral, tan estratégico en aquel momento» y la llegada del ferrocarril Langreo, tercero de la península. Y, cómo a partir de ese momento, se abrió «el ciclo inversor», con la aparición de decenas de fábricas de actividades muy diversas: la siderúrgica con la planta de Moreda, las dedicadas a la fabricación de tabaco, vidrio y loza; las de la industria textil y alimentaria... Tan marcada fue la actividad empresarial, que llegó a tener tres grandes ejes: la zona occidental, donde se asentaba la industria pesada: la metalúrgica, en la carretera Carbonera, y la alimentición, en la avenida de la Costa. «Con una burguesía solvente y un proletariado creciente», pasó casi a triplicar su población entre 1857 y 1900, con 27.000 habitantes.

Las fotos -del archivo de Alejandro Alvargonzález- reflejan el cambio que experimentó la villa con la llegada de turistas en tren. Los hoteles Comercio, donde la estatua de Pelayo, o el Iberia, en los Jardines de la Reina, fueron algunos de los edificios que salieron a relucir, al igual que los balnearios entre La Escalerona y el Club de Regatas. También se refirió al cambio de la trama viaria. Los inmuebles de Corrida dejaron de ser de dos plantas para tener «cinco o seis», se construyó el teatro Jovellanos en la ubicación de la biblioteca municipal y, al privatizarse la fiesta nacional, nació El Bibio. Hubo momentos para regresar a la actualidad. Aludió a «la frondosidad de entonces de los árboles del paseo de Begoña», a diferencia de ahora «debido a que no tienen sustrato por los parkings» y a las estaciones de tren. «Cuando Gijón tenía 30.000 habitantes, tenía dos de tráfico de pasajeros (La Gerencia, del ferrocarril de Langreo, y la de la Compañía de Caminos de Hierro, en Marqués de San Esteban). En este caso, cualquier tiempo pasado fue mejor y no el cobertizo de tercera actual».