«Todo en la vida es guapo, pero lo mejor es tratar con la gente y sonreír»

Casimiro Álvarez, durante la entrevista, en su casa de la calle Dindurra. / CAROLINA SANTOS
Casimiro Álvarez, durante la entrevista, en su casa de la calle Dindurra. / CAROLINA SANTOS

Casimiro Álvarez Histórico locutor de Radio Gijón, recibirá un homenaje el día 20 | A sus 94 años, el que fuera también actor recuerda un Gijón «divertidísimo, con la calle Corrida repleta de gente joven»

EUGENIA GARCÍAGIJÓN.

'Tío Miro' aprendió a hablar tarde pero lo cogió con ganas. Locutor de radio durante 35 años, poeta por casualidad, actor, compositor musical, miembro de la Coral Polifónica Gijonesa y, sobre todo, optimista irremediable, Casimiro Álvarez (Gijón, 1925) sigue a sus 94 como fue toda la vida. Algo pícaro, juega al teatro del quejoso diciendo que ve mal, oye peor y le quedan pocos años, pero posa para las fotografías como si tuviera veinte y no se desprende de su perenne sonrisa, ahora postiza, durante toda la conversación. El próximo sábado, día 20, recibirá un sentido homenaje, que tendrá lugar a las dos de la tarde, en el restaurante Savannah.

-Casimiro, nació hace ya 94 años.

-Sí. En Gijón, en la calle Hermanos Felgueroso. Luego bajamos a vivir a la calle de la Libertad un montón de tiempo. Pasamos a la calle del Carmen, después a Numa Gilhou...

«Tuve tres novias, pero nada más. Yo a lo mío, la verdad es que nunca me interesó casarme»

-Pasaron por casi todas las calles del centro.

-¡No te digo nada! Luego nos mudamos a Instituto. Nos dijeron que era un sitio muy oscuro y que yo necesitaba muchos baños de sol, así que nos fuimos a la calle Begoña, a un último piso que daba por encima de las casas pequeñas. Qué se yo la cantidad de años que estuve tomando el sol y así fui creciendo hasta que me hice mozo.

-Era el pequeño de tres y el único hombre. ¿Le cuidaron mucho?

-¡Hombre! Todo el mundo me mimaba a base de bien.

-¿Dónde estudió?

-Primero en un colegio de la calle Buen Suceso, y luego en otro hasta que fui a la academia Aguirre para hacer Comercio.

-¿Y tuvo una infancia feliz?

-Sí, sin duda.

-¿Se acuerda de la guerra?

-Sí, sí. Me acuerdo de que mi madre nos llevó a Aboño por si acaso, porque estábamos en un sitio muy céntrico. Un día repartían misiles a los milicianos para el cuartel de Simancas y cayó una bomba donde la Iglesiona que mató a Pedrín, un amigo mío más pequeño que yo. Aquello me impresionó muchísimo, fue terrible.

-¿Y de la mili?

-La hice en Ceuta. El viaje fue una aventura, pero para mí, te digo sinceramente, la mili estuvo muy bien porque fui destinado a farmacia militar y eran encantadores. Allí pasé dos años y luego volví.

-Pero enseguida volvió a marchar a Madrid a estudiar Arte Dramático. ¿De dónde le vino la afición?

-Había hecho teatro en el catecismo en San Pedro y luego iba mucho al teatro, no me perdía una función. Iba al Robledo, a Los Campos, al Dindurra, al Jovellanos y más tarde al Arango...

-¿Cómo fueron esos años madrileños?

-Estudié en la sociedad La Farándula, muy cerca de la Gran Vía. Nuestro profesor era don Javier de Burgos. Me mandaban dinero de casa y lo pasaba bien (risas). Aunque una vez acabóseme el dinero, salí por la noche y de pensión nada. Así que a recorrer todo Madrid y cuando llegué a la zona del Palacio Real ya no podía más. Y allí dormí toda la noche.

-¿Llegó el dinero?

-Empecé a actuar con una compañía. Luego estuve en el Teatro de la Comedia bastante tiempo con la compañía Lope de Vega. Actué con Carlos Lemos, con Paco Rabal, Alfonso Muñoz... Gente muy conocida, pero la compañía se deshizo y tuve que volver a Gijón porque no tenía dónde entrar.

-Y empezó en la radio.

-Vine para aquí y una amiga me dijo, «oye una cosa Casimiro, tú que haces teatro, ¿por qué no vienes a ayudarnos al cuadro de actores de Radio Emisora Gijón?» Luego quedó una plaza libre cuando Enrique Granados emigró a Cuba, me preguntaron si quería ser locutor y claro que sí.

-¿Cómo era la radio?

-Era una emisora de nada, pequeña, de onda media de un barco. Pero poco a poco fue a más, aumentó el personal tanto de oficina como de programación y se asoció a Radio Intercontinental de Madrid. Luego pasó a la Cadena SER, hasta que un día vino la COPE y se quedó con ella.

-¿Hizo muchos amigos?

-Me llevé siempre muy bien con la gente de la radio. Era muy trabajadora, siempre pendiente. Sigue gustándome la radio -cuenta su sobrina que pone Radio Nacional todo el día y toda la noche 'al altu la lleva'-. En aquellos años hice buena amistad con Joaquín Prat; entrevisté a Miguel Ríos, a Cascos y muchos otros políticos... Era amigo de todos los futbolistas.

El señor 'Don X'

-¿Qué era lo que más disfrutaba?

-Un programa que inventé, 'Cantando para usted', me prestó horrores. Yo presentaba a un señor muy tímido, 'Don X', que cantaba de todo: zarzuela, moderno... Gustaba muchísimo. Recuerdo un día al salir de la emisora me encontré a un matrimonio amigo que estaban esperando a que saliera ese 'Don X'. Les dije que era tan, tan tímido que marchaba por la puerta de atrás. ¡Qué rabia les dio! Y hasta mucho después no se dieron cuenta de que era yo.

-Lo pasó bien.

-Gijón era divertidísimo. Íbamos todos los domingos a Somió Park, a La Guía... Había muchos sitios donde divertirse. Romerías que ahora llaman fiestas de prao, cafés cantantes, discotecas... Y la calle Corrida llena de gente, con muchos jóvenes. La ciudad pegó un cambio terrible.

-¿Nunca quiso casarse?

-No, no, no (risas). Tuve tres novias, pero nada más. Yo a lo mío. Nunca me llamó casarme. A una de ellas iba a buscarla, caminando, hasta Jove.

-Caminaba mucho hasta hace un par de años, ¿verdad?

-A pesar de haber tenido la pierna mala de pequeño, andar, anduve a base de bien. Tuve un compañero que vivía en Somió. Salíamos hablando de la emisora y cuando me daba cuenta estaba en Villamanín. Lo dejaba, y daba la vuelta caminando.

-Y siempre fue muy de amigos.

-Tuve muchas pandillas de amigos y amigas, empezando por la calle Begoña. Por naturaleza, siempre me llevé bien con todo el mundo.

-Casimiro, ¿qué es lo más importante en la vida?

-Para mi fue todo guapo, fue todo hermoso. Pero quizás lo más importante sea tratar con la gente y sonreír.

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