Los vigilantes de la playa

Ruben García, uno de los nadadores que va todos los días a San Lorenzo./JUAN CARLOS TUERO
Ruben García, uno de los nadadores que va todos los días a San Lorenzo. / JUAN CARLOS TUERO

San Lorenzo se llena cada verano de asturianos y turistas, pero hay un grupo de habituales que se baña a diario durante todo el año. «Al frío te acostumbras» es su lema

IRENE B. CARRIL

La playa de San Lorenzo es el lugar predilecto del verano gijonés y la elección de muchos asturianos para acercarse al mar en cuanto llega el buen tiempo. En los días más calurosos la arena, si es que aparece, se cubre de un multicolor espectáculo de toallas y sombrillas. Hay que andarse listo para coger sitio. Desde la atalaya de la Escalerona, vigila sus dominios cada día, a lo largo de todo el año, un grupo de personas que, llueva o haga frío, se acercan a la playa. Ahora no están solos, pero de octubre a junio, son los reyes. A las once de la mañana de cada día, sin importarles en qué estación del año se encuentren, dejan su toalla en la Escalerona o sus inmediaciones -suelen bañarse por turnos para cuidar la del compañero y que no haya algún 'listu' que se vaya «con unes chancletes ajenes pa casa»- y se lanzan a las aguas de San Lorenzo, su lugar favorito en el mundo.

Estos particulares vigilantes de la playa van dándose el relevo un día sí y otro también -cuando uno falta los otros se preguntan dónde andará- hasta las tres de la tarde, cuando los últimos de los habituales se van a a reponer fuerzas. La mayoría de ellos, los que nadan, apuestan por bracear en dirección a la iglesia de San Pedro, nunca recorriendo menos de un kilómetro de distancia en su travesía. Otros, simplemente, se dejan abrazar por las olas de su playa. Una rutina diaria que les ha unido hasta el punto de crear amistades inquebrantables. Otros, no lo vamos a negar, ni se saludan.

Eso sí, conocen la playa mejor que nadie, y se saben todos sus secretos. Conchita Arbués, de 77 años, es de las que cree que «no hay nada como acercarse a primera hora de la mañana, antes de que haya barullu, o a primera hora de la tarde». Prefiere estar sola, como en invierno, aunque con sus amigos cerca. Rubén García es más de acercarse en cualquier circunstancia. «El mejor momento para bañarse del año ye siempre que tengas ganas», y en cuanto a las bajas temperaturas que sufren fuera de la etapa estival «te habitúas», asegura. El día que estábamos con ellos compartían escalera con Rafaela Tesedo, que al contrario de los anteriores, prefiere la playa en verano, cuando es difícil encontrar un hueco en la arena. «Vacía te deprime un poco», apunta.

JUAN CARLOS TUERO

En lo que hay unanimidad entre los nadadores es en su defensa a ultranza de la pleamar. Prefieren que el agua venga a verles a la Escalerona que tener que ir ellos a buscarla. «Con la bajamar tienes que ir a Candás casi», apuntaba Rubén García, aunque la marea alta dificulte los paseos hasta el Rinconín que se han convertido desde hace años en el momento predilecto de las mañanas de Ricardo Paniagua, un extremeño de 74 años que confiesa no ser experto nadador, por lo que prefiere vigilar desde la orilla.

Muchos de ellos se han convertido en grandes amigos tras conocerse en la playa. Es por eso que Rafaela Tesedo, de 66 años, dejó de lado la escalera 11, en la que pasaba sola los inviernos, y ahora ya está plenamente integrada en el grupo. Esta vallisoletana que se acerca todos los meses a Gijón, pasa cada una de sus mañanas asturianas en la playa, donde la tratan «como a una hija adoptiva». Como muchos otros -quizás en competencia con Ribadesella, Salinas y Rodiles como playas bandera de la región- no tiene dudas a la hora de otorgarle a San Lorenzo el título de mejor playa de Asturias. «He ido a muchas y siempre le digo a mi marido: ¿para qué vamos a hacer kilómetros y kilómetros para ir a otra peor, yo estoy muy a gusto en San Lorenzo, soy feliz». No hay excepción, sus vacaciones son y serán, para siempre, asegura, en Gijón.

María José Pasbuano, de 51 años, pese a no saber nadar, forma parte de esta particular pandilla: San Lorenzo es su lugar escogido para pasear, refrescarse y, sobre todo, «echarme unas risas con esta gente». Ese mismo buen rollo ha llevado a Conchita Arbués a instalar su campamento base todas sus mañanas junto a la Escalerona antes de irse a nadar. Y cuando vuelve, «a mí lo que más me gusta es pasar un buen rato con ellos». Un grupo que casi nunca es igual, pero en el que todos detectan cuándo llega alguien nuevo. Y aunque ellos son de los veteranos, no es raro que otros más jóvenes se acerquen a ellos para dejar en esa zona la toalla, el móvil y la ropa para ir a darse un chapuzón. Saben que son buena gente, y que todo estará allí cuando vuelva si ellos andan cerca, vigilando.

Algunos de los de «todos los días» sí reconocen la existencia de deserciones cuando llueve, pero a otros les da igual que granice, relampaguee o truene. Siempre tiene que haber alguien en la playa, por si acaso. Un lugar en el que es casi imposible asomarse a la barandilla del Muro a cualquier hora del día y no ver a nadie. Camilo Madera, de 69 años, es de los que, con mal tiempo, se acerca a la playa «con paraguas» si es necesario, pues no perdona el baño ni un solo día. Tras el chapuzón, se seca debajo de él y se va por donde ha venido.

Si tuviesen que elegir una frase para poner en un hipotético estandarte, quizás fuese la de «al frío te acostumbras». Y si tuviesen que dar un consejo, recomiendan sumarse a su club e ir a la playa todos los días del año que se pueda. «Hay que hacer deporte», anima Rafaela Tesedo. En su opinión, esa costumbre les alarga la vida. Les sienta bien al cuerpo y a la mente. «Y no todo es pasear o nadar, a veces vamos también a tomar algo después de la playa», apuntan casi a coro. Su lugar favorito de la playa, su rincón estrella, no fuimos capaces de sacárselo. «Es toda la playa en sí misma», concluían. Y ellos, quienes se desviven para que nunca se quede sola.