128 efectivos para una etapa «distinta»

Parte del dispositivo desplegado por la Guardia Civil de Tráfico posa en la playa de Candás antes del comienzo de la prueba. / FOTOS: DAMIÁN ARIENZA
Parte del dispositivo desplegado por la Guardia Civil de Tráfico posa en la playa de Candás antes del comienzo de la prueba. / FOTOS: DAMIÁN ARIENZA

La Guardia Civil coordina un dispositivo especial en el tramo asturiano de la Vuelta

PABLO SUÁREZ GIJÓN.

Un dispositivo «complejo y de eficacia contrastada» se encargó ayer de coordinar la decimotercera etapa de la Vuelta Ciclista a España desde su salida del municipio asturiano de Candás hasta la meta situada en el castellonense alto de La Camperona. El concejo de Carreño lucía inundado por uniformes verdes y amarillos. A los 128 efectivos (58 motoristas, 38 agentes de reserva, un equipo en el helicóptero y un amplio grupo de apoyo) que la Guardia Civil ha desplegado este año exclusivamente para la competición, se les sumaron también unos 60 agentes más de la Comandancia de Gijón en concepto de refuerzo.

«Es una etapa distinta y complicada. La salida tiene lugar en una zona muy habitada y eso siempre complica las cosas. De ahí que para el día de hoy tengamos que estar especialmente atentos», explicaba Diego Gavira, teniente encargado de ejercer ayer de enlace con los medios. La coordinación de todos los operativos que conforman la seguridad de la etapa es una sucesión de movimientos y relevos que precisan de gran exactitud.

«La comunicación entre nosotros es constante en todo momento para, en caso de que haya algún imprevisto, actuar de la manera más rápida posible», aludieron. 35 minutos antes de que diese comienzo la prueba y tras pasar revista a los agentes motorizados y realizar una breve formación, el equipo de seguridad interna se echaba a la carretera y empezaba a preparar el terreno. «Estos agentes realizan una función vital y que implica un gran esfuerzo. Su cometido es cubrir todos los cruces y señalizar correctamente los puntos peligrosos de la carretera o aquellas zonas que puedan hacer dudar a los ciclistas», afirmó Gavira sobre una avanzadilla que fue encintando todo el recorrido hasta la meta.

Banderas rojas y amarillas

Apenas cinco minutos después de la salida de la seguridad interna, les llegaba el turno a las motos equipadas con banderas amarillas, cuyo cometido consiste en cortar el tráfico en el sentido contrario y asegurar que ningún coche circule de manera frontal al desarrollo de la carrera. «Circulan bastante adelantados con respecto al primer ciclista. Garantizar que ningún vehículo pueda suponer una amenaza para la prueba es, obviamente, vital», afirmó Gavira contundente.

El siguiente equipo en salir es aquel que, armado con banderas rojas en los laterales, se encarga de taponar y bloquear el paso en cualquiera de las salidas que accedan a la vía principal de carrera. «Se posicionan en las entradas de las casas o los cruces peligrosos y bloquean el paso a cualquier vehículo que pretenda incorporarse a la carretera», explicaron desde la Benemérita sobre un grupo de agentes que funcionan en constante relevo. «Es lo que conocemos como rodillo. Van avanzando a medida que son alcanzados por los que circulan detrás».

El dispositivo lo completan los abrecarreras, equipados también con banderas rojas y que controlan que ningún espectador invada el circuito; junto con el último agente, portador de una bandera verde que da por terminado el paso de los ciclistas por ese tramo de carretera. «No puede quedar un solo detalle al azar», destaca Gavira.

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