El asturiano en el 'milagro de Durango' ayudó al resto de viajeros

«El impacto fue brutal», afirma el lenense José Manuel Pulgar, uno de los 103 supervivientes del accidente de México. «Tras estrellarse el avión intentas salvar al resto de viajeros, es una actuación natural»

Alejandro Fuente
ALEJANDRO FUENTEPola de Lena

Ya se conoce como el 'milagro de Durango'. El vuelo 2431 de la compañía Aeroméxico se estrelló contra el suelo a las tres de la tarde –hora local, sobre las 22 horas del martes en España– y todos sus ocupantes, un total de 103 personas, salvaron la vida. Uno de los supervivientes es el lenense José Manuel Pulgar, quien regresaba del país americano para incorporarse a su trabajo en el pozo Nicolasa, en Mieres. Volvía solo; su familia, su mujer –es mexicana– y sus dos hijos tenían previsto volver unos días mas tarde. «Estoy bien, con magulladuras, un corte en la ingle y puede que con una costilla rota, algo que me tienen que comprobar», decía ayer a EL COMERCIO este minero asturiano desde su cama en el hospital militar en el que se encuentra ingresado. Con detalle, explicaba que el impacto del aparato fue «muy violento, brutal; daba igual que llevases puesto el cinturón de seguridad, la gente salía volando de sus asientos, se golpeaban unos con otros, las maletas y los portaequipajes caían», afirmaba.

Pulgar, de 43 años, es vigilante artillero en el Nicolasa. La llamada de EL COMERCIO la atendió su esposa, Faviola Gómez. «Por favor, que la conversación sea breve, que está muy nervioso», pedía. Pulgar tenía todavía muy vívidas las imágenes del siniestro. «Tras el golpe, la cabina se llenó enseguida de un intenso humo, muy molesto y con un olor muy fuerte, y se originó un fuego; había llamas justo detrás de mí y sentía el calor. Me desabroché el cinturón».

Las escenas eran de pánico. «Pude ayudar a salir a más gente, a una señora, a un niño y al piloto –la persona que, en principio, ha sufrido heridas de mayor gravedad–; se hace lo que se puede y es como se actúa, de forma natural, ante una situación como ésta. De hecho, no fui la única persona que sacó a más heridos del avión».

Ya en el exterior del aparato, el asturiano acompañó en todo momento al capitán del avión, «que estaba muy malherido; nos encontrábamos muy cerca del fuselaje y sentíamos el calor de las llamas», relataba. Enseguida vino la ambulancia, «y ya, la señora a la que ayudé a salir me dio las gracias... Y ya estoy un poco cansado», comentaba Pulgar quien iba a ser sometido a una tomografía para analizar el golpe interno que tiene en el costado izquierdo.

«Quiero estar con mis hijos»

Encontró nuevas fuerzas para expresar sus anhelos. «Me dijeron que me iban a dar el alta hoy –por ayer–, pero de eso nada. Lo único que quiero es ver a mi hijos –de ocho y cinco años–; sobre todo después de haber tenido que sacar a niños del avión. Pero bueno, gracias a Dios no hubo muertos, solo heridos».

Era el primer vuelo que José Manuel tenía que coger para regresar a Asturias.El aparato –un Embraer 190– se disponía a despegar del aeropuerto de Durango con destino a México D. F. «El avión intentó despegar. Por lo que se pudo apreciar desde el interior, se habían juntado dos tormentas que chocaron en ese momento en la zona de despegue. El piloto intentó realizar entonces un aterrizaje de emergencia porque ya habíamos cogido altura, pero el fuerte viento tiró abajo el aparato. Al principio, parecía que había tomado tierra sin problema, pero debió de rebotar y volvió a coger altura. El segundo impacto fue el que ya acabó en el suelo», detallaba el herido lenense.

También quiere regresar a su casa, a Pola de Lena. «No me apetece nada volver a coger un vuelo, pero sé que lo tengo que hacer y lo voy a hacer. Pasaré miedo, sobre todo, en el despegue. Pero lo haré».

En Asturias, los hermanos de Pulgar seguían con atención todas las novedades del accidente. «Mi madre –que tiene 68 años– no va a a estar tranquila hasta que pueda hablar con él», decía una de las hermanas, Sigrid. Y es que, al principio, hubo algo de confusión provocada, sobre todo, por la diferencia horaria, de siete horas respecto al uso horario del norte de México, donde se encuentra Durango.

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