El llanto de los niños no enternece a Trump y las críticas de Melania tampoco

Un grupo de niños es custodiado por agentes de fronteras en un campo de detención en la localidad texana de Tornillo. / Mike Blake / REUTERS

El presidente, imperturbable ante las críticas, mantiene su decisión de separar a los inmigrantes de sus hijos en la frontera

ANJE RIBERA

Miles de niños derraman lágrimas durante las últimas semanas en la frontera sur de Estados Unidos. Algunos apenas tienen dos años y han comenzado a caminar hace pocos meses. Muchos aún no hablan y de sus gargantas solo emergen las palabras «mami» o «papi», aquellas que hasta hace poco les servían para encontrar refugio, amparo y seguridad en los brazos de sus padres. Pero ahora se han vuelto inútiles, porque sus progenitores no pueden ayudarles. Padres e hijos han sido separados por las patrullas fronterizas norteamericanas, que cumplen la premisa de la «tolerancia cero» dictada por Donald Trump desde la Casa Blanca.

La desgracia se ha incrementado al llegar a territorio de EE UU. Atrás quedaron numerosos episodios de tragedias desde que abandonaron sus países y cruzaron Centroamérica para alcanzar la tierra prometida, pero esta también se ha convertido en un infierno. A pesar de que Trump no ha conseguido construir el muro que aísle al país de sus vecinos australes, el territorio sobre el que gobierna con mano de hierro impide la entrada de cualquier migrante.

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El mandatario está convencido de que está asistido por la razón y desoye a diario a los ciudadanos estadounidenses, a los políticos y a las organizaciones de todo tipo que denuncian la inhumanidad y la crueldad de su actitud con los niños retenidos en la frontera. Incluso su propia esposa, Melania, dice sentirse avergonzada. Pero todo da igual. Ni los llantos enternecen a Trump y a sus acérrimos seguidores. Tampoco a los miembros de los cuerpos de seguridad que ejecutan con rigor la orden de «por aquí no pasa nadie».

Entre sollozos, los pequeños piden ver a «mami» o «papi», mientras los guardias bromean imperturbables. Lo pudimos comprobar ayer en una grabación de audio difundida por el portal de noticias ProPublica que recoge que sobre los llantos emerge una voz grave que bromea: «Ya tenemos la orquesta (por los lloros de los pequeños). Falta el maestro que la dirija». El vergonzoso ingenio del guardia fronterizo causó profunda indignación a nivel mundial. Tanto como estupor provocó la insensibilidad gubernamental ante los más de 2.300 menores que entre el 5 de mayo y el pasado día 9 han sido separados de sus padres por ingresar clandestinamente en EE UU. Salvadoreños, guatemaltecos, hondureños, nicaragüenses... han sido enjaulados, víctimas de un presidente decidido a que su país no sea «un campo de inmigrantes o un complejo para mantener refugiados que pueden ser asesinos, ladrones u otras muchas cosas». Argumenta su postura con la mirada hacia el otro lado del Atlántico. «Si uno mira lo que ocurre en Europa, lo que ocurre en otros lugares... No podemos permitir que se repita en Estados Unidos. No bajo mi mandato».

Para Trump los pequeños son potenciales delincuentes y con ellos no se hará una excepción. Los argumentos de Unicef son desoídos en la Casa Blanca. «Los niños, sin tener en cuenta de dónde vienen o cuál es su estatus migratorio son niños antes que nada. Los que no tuvieron otra opción que huir de sus hogares tienen en derecho de ser protegidos, tener acceso a los servicios esenciales y estar con sus familias, como cualquier otro menor», denunció ayer la directora ejecutiva del organismo de la ONU para la infancia, Henrietta Fore. «La detención y la separación de las familias son experiencias traumáticas que pueden exponer a estos niños a explotación y abuso», añadió.

Podría ser el caso de Verónica, una niña salvadoreña de 6 años. No le dejan contactar con su madre, confinada en un centro de detención de Port Isabel, en Texas. Un día sí y otro también, entre lágrimas, pide que le dejen llamar al número de su tía, residente desde hace años en Estados Unidos, que tiene memorizado. Todavía no lo ha conseguido.

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