Evo Morales le planta cara a Trump en la ONU

Macron (i) y Morales se saludan. /Carlos Barria (Reuters)
Macron (i) y Morales se saludan. / Carlos Barria (Reuters)

El mandatario estadounidense busca en el Consejo de Seguridad apoyo de la comunidad internacional a las sanciones contra Irán

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (EE UU)

A Donald Trump no le gustan los organismos internacionales, prefiere elegir a sus aliados de acuerdo a esa lealtad personal que tanto valora entre amigos y asesores. Decidir personalmente quién toma la palabra a su lado y ahorrarse sorpresas desagradables, como la que Evo Morales le profesó este miércoles en la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU que diseñó para reclutar aliados en su cuita contra Irán.

Ahora que «el hombre cohete» se ha convertido en «un tipo espectacular», el villano del universo Trump es el país persa, que ha prometido entregar en bandeja a su amigo israelí. El primer ministro Benjamin Netanyahu no menoscabó halagos y agradecimientos por enfrentarse a su enemigo en la región y apoyarle sin descanso en la lucha contra los palestinos. Trump está convencido «al cien por cien» de que estos acabarán sentándose en la mesa de negociaciones «porque antes les pagábamos 550 millones de dólares al año y ahora no les estamos dando nada». Con esa mentalidad el inversor inmobiliario cree poder manejar al mundo, al que le ha prometido un plan de paz para Oriente Medio con «ideas brillantes que nadie ha pensado antes», en un plazo indeterminado de «dos a tres a cuatro meses, algo así». Uno que sea «bueno para las dos partes», porque ahora dice que le gusta la solución de los dos estados, aunque su apoyo a los asentamientos judíos en Cisjordania y la declaración de Jerusalén como capital israelí dejen poco que repartir al estado palestino.

Está claro, le espetó el presidente boliviano en su cara, «que a EE UU no le interesa la democracia». Sentado a su izquierda en la reunión especial del Consejo de Seguridad que convocó, con solo la subsecretaria de la ONU para Asuntos Políticos de cortafuegos entre ambos, Evo Morales aprovechó el asiento en turno que ocupa su país para ser el primer mandatario en leerle la cartilla públicamente. «Si de verdad le interesaran los derecho humanos y la justicia respetaría los convenios internacionales que firma», apostilló.

Nikki Haley, embajadora de EE UU en la ONU, se levantó nerviosa a hablar con su jefe en pleno discurso del jefe de estado boliviano al que Trump miraba con cara de pocos amigos . Precisamente habían cambiado el tema de la reunión especial del Consejo de Seguridad que EE UU preside este mes al de «no proliferación nuclear» para no tener que dar la palabra a Irán por alusión, pero Morales se erigió como valido para recordar con fechas y datos la larga historia de intervenciones estadounidenses en ese y otros países del mundo. De cómo la CIA financió en Irán el golpe de estado de 1953 y ha seguido asestando afrentas hasta la más reciente, su retirada del plan de acción conjunto que negoció el gobierno de Obama con la comunidad internacional, precisamente para garantizar la desnuclearización del país persa.

A sabiendas de que es el más fuerte en el patio internacional, Trump está convencido de que los europeos, que se resisten a abandonar ese acuerdo diplomático, acabarán sumándose a su guerra contra Irán «de una forma preciosa, ya lo veréis», dijo después a la prensa. Su secretario de Estado, Mike Pompeo, pone los argumentos para convencer al mundo de que el país persa ha incumplido desde el principio sus compromisos antinucleares y su consejero de Seguridad Nacional John Bolton las amenazas en grandes titulares para que no se les escape de las manos. «¿No dices que somos Satán? Pues si te cruzas con nosotros o nuestros aliados de verdad pagarás con el infierno», prometió la víspera. «Vamos a por ti».

Imperturbable, Hassan Rouhani dijo no estar preocupado ni por las amenazas de EE UU ni por las sanciones que reimpondrá el 4 de noviembre, para las que busca, infructuosamente, apoyo europeo. «Es presión psicológica», atajó el presidente iraní. Y de eso el régimen de los ayatolás sabe mucho.

 

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