'Pelayu' y un reo de la cárcel asturiana, en los cargadores del terrorista

El terrorista australiano Brenton Tarrant. / AFP
El terrorista australiano Brenton Tarrant. / AFP

La Policía investiga si el australiano Brenton Tarrant pasó por la región durante uno de los viajes que realizó a España

L. CASTRO / C. BENITO GIJÓN.

Como si fuera un talismán, el terrorista australiano Brenton Tarrant escribió varios nombres en los cargadores de las armas con las que disparó y asesinó, al menos, a 49 personas en Nueva Zelanda. Aludía a reyes históricos conocidos por su lucha contra los musulmanes y a delincuentes más recientes relacionados con asesinatos y atentados xenófobos. Entre los nombres figuraba el de 'Pelayu' y muchos ya lo asocian al rey asturiano. Estaba también el del neonazi Josué Estébanez, quien cumple condena en la cárcel de Asturias por apuñalar y matar al antifascista Carlos Palomino en el metro de Madrid hace 12 años.

Tarrant, quien retransmitió en directo y en cámara subjetiva el ataque a través de las redes sociales, redactó un manifiesto de 74 páginas que publicó justo antes del atentado. En una combinación de autobiografía, justificación del crimen y tópicos de la propaganda neonazi, se presenta como «un hombre blanco común y corriente, de 28 años de edad. Nacido en Australia en el seno de una familia de clase trabajadora y de bajos ingresos». Pero también asegura ser etnonacionalista y fascista. «Mi sangre es europea», proclama. En su argumentación no faltan las referencias al supuesto «genocidio blanco» ni tampoco la cita textual de las '14 Palabras', un lema inspirado en los escritos de Hitler, acuñado por un exmiembro del Ku Klux Klan y elevado en los últimos años a expresión última del credo supremacista: «Debemos asegurar la existencia de nuestro pueblo y un futuro para los niños blancos», reza.

En esa línea, Tarrant cita como sus objetivos la «venganza por los cientos de miles de muertes que han causado los invasores en tierras europeas a lo largo de la historia», por «el esclavizamiento de millones de europeos arrebatados de sus tierras por los esclavistas islámicos» y por «los miles de vidas europeas perdidas en ataques terroristas», además de expresar su voluntad de «reducir la tasa de inmigración en las tierras de Europa mediante la intimidación y la eliminación física de los propios invasores». Asegura, además, que cuenta con «la bendición» de Anders Breivik, el neonazi que en 2011 mató a 77 personas en Noruega.

Por Francia y España

Según detalla el manifiesto, Tarrant se dedicó a viajar por el mundo durante siete años tras morir su padre de cáncer a los 49. Durante su periplo por Europa visitó España, lo que explicaría que conociera el caso de Josué Estébanez. De hecho, sus menciones a este neonazi preso en la penitenciaría asturiana y a 'Pelayu' han llevado a la Policía a investigar si durante su viaje por el país hizo también una parada en Asturias.

No obstante, fue en su paso por Francia cuando le surgió la idea de realizar el atentado. Se le ocurrió, concretamente, ante un centro comercial donde «había dos invasores por cada hombre o mujer franceses». El manifiesto parece estar redactado para obtener la mayor repercusión internacional posible, ya que, además de esas menciones al conjunto de Europa, a Noruega y a Francia, también cita el 'Brexit', diversos referentes estadounidenses (desde Donald Trump y la Constitución norteamericana hasta la activista conservadora Candace Owens), el conflicto de Kosovo y a la niña sueca Ebba Akerlund, una de las cinco víctimas mortales del atentado yihadista de Estocolmo de 2017.

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En el vídeo, antes de irrumpir en la mezquita, el atacante hace sonar una canción en honor del genocida Radovan Karadzic. La chocante variedad de referencias se completa con las imágenes de cargadores difundidas a través de las redes sociales, en las que aparecen nombres y hechos históricos que, supuestamente, el autor o autores del atentado -aún no se ha concretado si Tarrant fue el único implicado- consideraban referentes para su acción.

En esas inscripciones conviven las batallas de ejércitos europeos contra el Imperio Otomano con los nombres de autores de asesinatos y matanzas de índole xenófoba y racista. Es un batiburrillo que abarca desde Don Pelayo hasta el italiano Luca Traini, que el año pasado abrió fuego contra un grupo de inmigrantes africanos; desde Novak Vujosevic (un montenegrino que en el siglo XIX luchó en la batalla de Fundina) hasta Josué Estébanez, el militar vasco preso en Asturias que asesinó a un antifascista de 16 años en el metro de Madrid.

«Un núcleo podrido»

El atentado ha conmocionado a la población neozelandesa, tanto por el propio horror de los hechos como por la posibilidad de que sea la expresión de la radicalización ideológica de parte de la ciudadanía. «Hay signos que apuntan a un núcleo podrido de nuestra sociedad que podría haberse identificado antes», escribió el comentarista David Fisher en 'The New Zealand Herald'.

En realidad, el debate sobre un supuesto auge de la ultraderecha en esta parte del planeta ya cobró peso hace un par de años, cuando 'The Washington Post' publicó un controvertido artículo de opinión sobre el «envenenamiento» de la sociedad neozelandesa. La tesis del diario partía del éxito relativo de New Zealand First, partido de derecha populista, defensor de políticas de inmigración muy restrictivas, que obtuvo un 7,2% en las elecciones de 2017 pero actuó como bisagra para decidir el Gobierno.