El caos de Trump

Donald Trump. /Efe
Donald Trump. / Efe

Preocupado por la posibilidad de un 'impeachment' y furibundo por las críticas, el presidente se vuelve más volátil que nunca y amenaza con dejar a los funcionarios sin sueldo esta Navidad

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (EE UU)

En octubre, el senador republicano Bob Corker, presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, confesó que «tres hombres separan al país del caos». Se refería al secretario de Estado, Rex Tillerson; el de Defensa, James Mattis; y el jefe de gabinete de la Casa Blanca, John Kelly. Mattis era el último superviviente, el que permitía al mundo dormir mejor. El jueves dimitió de un gobierno sumido en el caos, que anoche amenazaba con dejar sin trabajo a miles de funcionarios en plenas Navidades por una pataleta del presidente.

En el Ala Oeste la tensión se cortaba a cuchillo. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, estaba rabioso y más impulsivo que nunca. Su reacción a lo que veía por televisión era inmediata. Oyó a Corker criticar su decisión de sacar las tropas de Siria y le canceló la cita que tenían, a pesar de que el senador de Tennessee ya había llegado a la Casa Blanca. «Es claramente una decisión política», fue todo lo que había dicho Corker, pero el explosivo mandatario ha superado esta semana su propio récord de volatilidad.

La investigación del fiscal especial Robert Mueller se cierne sobre él. Su abogado y amigo personal Michael Cohen, con el que hablaba cada día hasta que el FBI registró su oficina en abril, se ha hecho la víctima ante el juez con un dramático testimonio en el que le culpa de todo y dice haberse sentido «prisionero de un hombre que, ahora lo sé, tiene poco que admirar». Otro de sus más cercanos asesores en la carrera hacia la Casa Blanca también ha caído en las redes de Mueller y aún puede cantar más de lo que pensaba. El martes, un juez que también tumbó su decisión de endurecer el asilo político acusó a Flynn de «vender al país» y pospuso su sentencia hasta marzo, condicionada al valor de la información que comparta. Para esa fecha también será sentenciado su expresidente de campaña, Paul Manafort, lo que permite especular con que Mueller habrá presentado su informe en febrero.

Trump se siente acosado, teme que su presidencia acabe en 'impeachment' ahora que los demócratas están a punto de retomar el control de la Cámara Baja a partir del 3 de enero. Para evitarlo necesita 34 leales en el Senado, por eso las críticas de los senadores a su intempestiva decisión de retirar las tropas de Siria le sacan de quicio. Ivanka Trump y su marido Jared Kushner, los únicos capaces de suavizar sus impulsos más destructivos, no se encontraban en la Casa Blanca el miércoles por la tarde durante la reunión en la que ordenó de un plumazo la vuelta a casa de los soldados estadounidenses, sin consultar con los aliados o con su propio jefe del Estado Mayor.

Para Mattis fue la gota que colmó el vaso. Hacía mucho que se había distanciado del presidente pero aguantaba en el cargo por un sentido del deber que le dictaba dejar nombrado un cambio de guardia en el Pentágono con el que garantizar la estabilidad más allá de su partida. Esa batalla la perdió cuando Trump le impuso al jefe de gabinete del Ejército, el general Mark Milley. Le obligó también a enviar tropas a la frontera sin consultarle, a abandonar a los kurdos a los que ha entrenado y se han jugado la vida por sus hombres y todavía planea reducir a la mitad el número de tropas destacadas en Afganistán, según varias fuentes.

Hasta algunos de los presentadores de Fox que más admira se revolvieron contra él. Al anochecer las figuras más emblemáticas de la ultraderecha, como Ann Coulter y Rush Limbaugh, le acusaron de cobarde por claudicar en la ley de presupuestos sin una partida para financiar el muro. A Coulter le retiró de inmediato su seguimiento en Twitter. De la noche a la mañana anunció que no firmará la ley de continuidad con la que se hubiera financiado el gobierno federal hasta febrero, a pesar de que el propio vicepresidente aseguró a los senadores que el presidente la firmaría si la votaban. Eso fue, claro, antes de que Trump leyese la columna de Ann Coulter titulada «Un presidente sin agallas en un país sin muro». De inmediato llamó a Rush Limbaugh para que este pudiera contar en directo que le había dado «su palabra» de que o le dan los 5.000 millones para financiar el muro «o lo cierra todo», anunció el presentador.

Paradójicamente, los primeros que tendrían que trabajar sin sueldo son las patrullas fronterizas, parte del 25% de funcionarios afectados que llegan al fin de semana navideño sin saber si cobrarán el próximo cheque. Un fin de año caótico para Estados Unidos y para el mundo que marcará el ecuador de su mandato. La segunda parte, sin las mentes más estables que creyeron poder trabajar a su lado, es la que realmente tiene a muchos rezando por una nueva venida.