Italia se pone en manos de Mattarella para evitar elecciones anticipadas

El presidente de la República buscará una mayoría parlamentaria alternativa después de que este martes presentara su dimisión el primer ministro tras perder la confianza de la Liga

DARÍO MENORCorresponsal. Roma

Cuando los políticos vuelven a hacer de las suyas y se embarran en una más de sus cíclicas crisis gubernamentales, los italianos dirigen su mirada hacia el Palacio del Quirinal, la antigua residencia de los Papas donde tiene su sede la Presidencia de la República. La Constitución confiere un papel de árbitro entre los partidos al Jefe del Estado que, en demasiadas ocasiones, acaba convirtiéndole en una suerte de desatascador nacional. Es lo que le va a tocar hacer a partir de este miércoles al presidente, Sergio Mattarella, después de que este martes presentara su dimisión el primer ministro, Giuseppe Conte, que ha aguantado sólo catorce meses en el cargo. La renuncia de Conte se esperaba desde el pasado 8 de agosto, cuando saltó por los aires la coalición entre el Movimiento 5 Estrellas (M5E) y la Liga porque el líder de esta última formación, Matteo Salvini, optó por fulminarla para intentar forzar así la convocatoria de elecciones anticipadas en otoño. Espera que las urnas confirmen el claro liderazgo que le auguran las encuestas y salga de ellas un nuevo Gobierno controlado por la Liga.

Esa es una de las alternativas que baraja Mattarella para intentar sacar al país de la crisis política más inusual de su historia reciente, estallada con medio país de vacaciones y el Parlamento cerrado. Además de convocar comicios un año y medio después de los que tuvieron lugar el 4 de marzo de 2018, el jefe del Estado tiene al menos otras dos opciones para salvar la legislatura. La primera es intentar conformar una mayoría parlamentaria alternativa a la coalición entre el M5E y la Liga. Sería el Partido Democrático (PD, centro izquierda) el que ocuparía el lugar de la formación de Salvini en una alianza que, de momento, descarta su líder, Nicola Zingaretti. Dos pesos pesados del PD como Romano Prodi y Matteo Renzi están en cambio a favor de pactar con el partido promovido por el histriónico cómico Beppe Grillo. El otro camino que le queda a Mattarella es lo que los medios italianos han bautizado como 'Conte bis': una reedición de la coalición entre el M5E y la Liga con una agenda corta de medidas a sacar adelante, entre las que destacan la reducción en el número de parlamentarios y la aprobación de los próximos Presupuestos.

Aunque la política italiana es siempre capaz de sorprender, parece complicado que este último escenario pueda hacerse realidad por los reproches que se cruzaron este martes Conte y Salvini en el Senado. El dimisionario jefe de Gobierno pareció sacar la libreta del rencor que ha debido de ir rellenando durante estos meses de difícil experiencia gubernativa para ajustar cuentas con el que ha sido su viceprimer ministro y titular de la cartera de Interior. Sentado a su derecha entre los bancos del Ejecutivo, Salvini exhibió todo tipo de expresiones mientras Conte le echaba una dura reprimenda. Le acusó primero de ser un «irresponsable» por abrir una crisis en un momento delicado para Italia por el estancamiento económico y la negociación abierta en Bruselas para designar un comisario europeo. «Ha demostrado perseguir intereses personales y de partido», le afeó, advirtiendo de que su comportamiento tiene «consecuencias muy relevantes para la vida económica y social del país» al tiempo que demuestra «escasa sensibilidad institucional y grave carencia de cultura constitucional». A la izquierda de Conte escuchaba con rostro serio las críticas que recibía el que hasta este martes era su socio Luigi Di Maio, líder del M5E. La cúpula de esta formación se reunió el pasado domingo para analizar la situación y descartó en principio una nueva alianza con Salvini, al que calificó de «interlocutor indigno de confianza».

Una vez concluida la andanada de Conte, Salvini tomó de inmediato la palabra, pero no lo hizo desde la bancada del Gobierno, sino desde la de los senadores de la Liga. Fue un gesto consecuente con su postura de oposición a su propio Ejecutivo que le pidió la presidenta del Senado, Elisabetta Casellati. En medio de ovaciones y continuas interrupciones de protesta en una jornada parlamentaria típicamente italiana, el líder de la formación derechista comenzó su respuesta a Conte diciendo que «volvería a hacer todo lo que he hecho» porque es «un hombre libre que no tiene miedo del juicio de los italianos». Repitió varias veces que Italia es un país «libre y soberano» y que está «cansado» de tener que esperar «el consenso de la Unión Europea para cualquier cosa». Aunque pidió celebrar cuanto antes elecciones anticipadas, abrió una puerta a renovar la alianza con el M5E para «reducir los parlamentarios, hacer unos Presupuestos valientes y completar el proyecto de reformas».

La pelota queda ahora en el tejado de Mattarella, que se reunirá en los próximos días con los partidos para comprobar si es posible una nueva alianza de Gobierno que evite las urnas.

Rifirrafe por el uso político de los símbolos religiosos

Los Evangelios, los crucifijos, y las invocaciones a la Virgen y al Corazón Inmaculado de María se han convertido en elementos de lo más habituales en la política italiana. El líder de la Liga, Matteo Salvini, los esgrime habitualmente en sus mítines políticos, algo que no le gusta nada al dimisionario primer ministro, Giuseppe Conte. En su discurso de renuncia en el Senado, Conte dijo este martes que quien desempeña «tareas de responsabilidad debería evitar unir a los eslóganes políticos los símbolos religiosos». Salvini reaccionó a sus palabras sacando inmediatamente de su bolsillo un rosario y besándolo, un gesto que ya había realizado cuando comenzó a hablar el jefe de Gobierno saliente. «Matteo, en mi opinión, estos comportamientos no tienen nada que ver con el principio de libertad de conciencia religiosa. Son en cambio episodios de inconsciencia religiosa, que corren el riesgo de ofender el sentimiento de los creyentes y, al mismo tiempo, de ensombrecer el principio de laicidad, un pilar fundamental del Estado moderno», le dijo Conte a Salvini, que en su respuesta defendió el uso político de los símbolos religiosos y acabó incluso con una cita del Papa San Juan Pablo II.