La grieta 'tory' favorece un 'Brexit' abrupto

Theresa May./Afp
Theresa May. / Afp

Dos nuevas dimisiones confirman el plan euroescéptico de debilitar la posición de May sin derribarla

IÑIGO GURRUCHAGALondres

Dos vicepresidentes del Partido Conservador han dimitido de sus cargos. Maria Caulfield y Ben Bradley son también diputados. La primera, católica de familia irlandesa inmigrante, votó por la marcha de la UE aunque representa a una circunscipción donde ganó la permanencia, Lewes, paraje del sur de Inglaterra que fue hogar del grupo de Bloomsbury: Virginia Wolf y Maynard Keynes entre ellos.

Bradley, hijo de policía y funcionaria, logró el escaño en las desastrosas elecciones convocadas por Theresa May hace un año en una circunscripción, Mansfield, que había votado laborista durante décadas. Es la típica población antes minera y textil que ha perdido industria y vigor. El 70% de los electores optó por el 'Brexit' y luego eligió a Bradley, que votó por de la permanencia.

Encarnan el Partido Conservador que deseaba May antes de ocuparse solamente del 'Brexit', menos elitista, más vinculado a las aspiraciones de las clases media y obrera. La primera ministra les encomendó la política de mujeres y de jóvenes en el aparato del partido. El momento elegido para su marcha sugiere que hay una coordinación de los 'brexiters' para debilitar al Gobierno.

La editora política de la BBC, Laura Kuenssberg, afirmó el lunes que un euroescéptico le dijo que habrá dimisiones cada día hasta que May renuncie al proyecto de relación con la UE acordado por el Gabinete el pasado viernes. La líder 'tory' ha respondido a la presión confirmando que el jueves publicará el Libro Blanco con los detalles de ese plan.

Los 'brexiters' que quieren negociar con la UE un tratado de libre comercio como el que Bruselas acordó con Canadá y poco más -y si no se obtiene, les parece bien una salida limpia y una relación basada en las reglas de la Organización Mundial de Comercio- no quieren derribar a May, quieren que renuncie al plan y regrese a los principios de su discurso en Lancaster House, en enero de 2017.

David Davis y Boris Johnson, ambos dimitidos, dejaron caer aquí y allá que habían participado en la escritura del discurso, pero la mayor influencia se achaca a Nick Timothy, el íntimo colaborador de May (ella votó por la permanencia, él por la marcha) que inspiró el conservadurismo social de la líder y al que tuvo que despedir como artífice de la campaña electoral que mutiló al Gobierno el año pasado.

En aquel discurso, May tradujo el mantra 'Brexit es Brexit' que repetía durante meses. 'Brexit' era marcharse del mercado común y de la unión aduanera, poner fin al libre movimiento de personas y a la jurisprudencia del tribunal europeo, obtener un buen acuerdo con la UE y, si no lo obtenía, salir de la Unión, competir quizás con la economía comunitaria mediante desregulación y reducción de impuestos.

May ha modificado su posición desde entonces y los puritanos del escepticismo lo achacan a que Bruselas y los altos funcionarios británicos exageran las consecuencias que tendría en la frontera irlandesa un 'Brexit' así concebido, para perseguir ahora un acuerdo que protege a las grandes industrias. La continuidad de reglas comunes en el sector agroalimentario tendría también tinte irlandés.

Leo Varadkar, el primer ministro irlandés, ha saludado la nueva posición de May y ha dicho que Reino Unido y el resto de la UE estarían «en la zona» de un acuerdo fructífero si el documento de Londres ofrece flexibilidad sobre las previas líneas rojas: la libertad de movimiento de personas en el marco de la UE y el papel del Tribunal de la UE como árbitro final de las disputas.

Gota a gota

Como May ha cambiado entre enero de 2017 y julio de 2018 con su estilo reservado y aplazando la confrontación -un dimitido director general del Ministerio para la Marcha de la UE, Steve Baker, ha declarado que les engañó con los documentos que el Gabinete iba a debatir el pasado viernes-, la unidad del Gobierno y del grupo conservador se ha mantenido un año y medio de manera siempre confusa.

May se dedica ahora a la política internacional: anfitriona de una cumbre sobre los Balcanes hoy, anfitriona de Donald Trump de jueves a viernes y luego cumbre de la OTAN. Trump ha dicho que Reino Unido está 'revuelto' y que es amigo de Johnson. Pero los portavoces de la líder proclaman que el nuevo Gabinete es más compacto tras las dimisiones y su fimeza publicando el Libro Blanco cuando lo prometió es una prueba.

Las dimisiones suman escaños disidentes en el grupo parlamentario. El plan de May no tendría hoy una mayoría en el Parlamento y es poco probable que la tenga en otoño, si llega a un acuerdo con la UE. May necesitaría el voto de diputados de la oposición. El horizonte dibuja este posible dilema: o la primera ministra traiciona a buena parte de su partido o el plan fracasa y Reino Unido se iría de la UE sin acuerdo, como ella prometió en Lancaster House.

 

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