Los laboristas aplazan el elemental derrocamiento de Watson

Jeremy Corbyn. /Efe
Jeremy Corbyn. / Efe

Jeremy Corbyn salva a su airado vicelíder para sellar con paz su plan del 'brexit' en la conferencia anual

IÑIGO GURRUCHAGACorresponsal en Londres (Reino Unido)

Tom Watson, vicelíder del Partido Laborista, dice que se enteró de que estaban intentando destituirle cuando cenaba en un restaurante chino en Mánchester, en la noche del viernes. En la reunión que celebraba en Brighton la Ejecutiva Nacional antes de iniciar su conferencia anual, uno de sus miembros, Jon Lansman, había logrado que una mayoría votase a favor de su propuesta de derrocarlo.

La moción de Lansman había ganado por 17 votos contra 10, sin obtener la mayoría suficiente para someterla a votación de la asamblea de miembros, pero se decidió tratar el asunto de nuevo en una reunión matinal antes del inicio oficial de la conferencia. La Ejecutiva tiene 41 miembros y entre los ausentes el viernes se contaban el propio Watson y el líder, Jeremy Corbyn.

El líder apaciguó las aguas. Ha unido a la Ejecutiva con una propuesta de revisión del cargo de vicelíder para que «refleje la diversidad social». Watson, hombre blanco y de mediana edad, carece de diversidad social hasta el punto de que se sumó hace unos meses a la obsesión por la salud de las personas de su rango y ha perdido muchos kilos. Perderá también el cargo, pero no en esta conferencia de Brighton.

Lansman es presidente de Momentum, un movimiento que emergió como una campaña para afiliarse al partido y promover el liderazgo de Corbyn. Combina izquierdistas veteranos que abominaban el 'neolaborismo' híbrido de Tony Blair y jóvenes alertados por la crisis económica de la importancia de la política. Tienen un creciente control de las agrupaciones locales.

Una voz anónima de Momentum ofrecía a 'The Guardian' el ejemplo más reciente de la ira que causa Watson a esta facción ahora mayoritaria: apagó la cobertura mediática del discurso de Keir Starmer al Congreso de los Sindicatos en Walsall con uno suyo, en Londres, el mismo día 11, en el que reclamó que los laboristas apoyen un referéndum ya y que en él hagan campaña por la permanencia.

Absurdos

El discurso de Starmer, responsable laborista para el 'brexit', pasó realmente desapercibido y su lectura a posteriori lo justifica. El brillante abogado, que está desempeñando un papel central en las maquinaciones entre partidos de la oposición para restringir en el Parlamento la vida loca del Gobierno minoritario de Boris Johnson, se supeditó esta vez, otra vez, al líder.

El discurso importante sobre el 'brexit' en el congreso de los sindicatos fue el de Corbyn, un día antes. En su preámbulo, reiteró las ideas en las que insiste en las últimas semanas y que quizás son eficaces más allá de Westminster: la inevitabilidad de que el 'brexit' de Johnson- especialmente si es sin acuerdo- lleve a privatizaciones de servicios públicos, recortes de derechos laborales o protección medioambiental.

Relató después la posición pactada con líderes sindicales también divididos sobre la marcha de la Unión Europa, y que la conferencia laborista aprobará el lunes. Corbyn persigue que las elecciones que Johnson reclama se convoquen «inmediatamente después de que el Parlamento impida la marcha sin acuerdo». Los laboristas las ganarían, negociarían con la UE un 'brexit' con nueva unión aduanera y acceso al mercado común, convocarían un referéndum y ejecutarían la decisión.

Los medios han interpretado que ese argumento sugiere que se abstendrían en la consulta, saltando por el campo de minas de todos los pasos intermedios para plantarse en el desenlace y señalar lo absurdo de esa posición laborista. Sería también absurda la de Watson si, tras cumplir su partido ese plan, votase por la permanencia; oponiéndose al acuerdo con la UE al que habría llegado su Gobierno.

Los laboristas están divididos como los conservadores y como el país en su conjunto. Pero Corbyn no apunta en su discurso hacia el absurdo sino a un 'brexit' con acuerdo con la UE y refrendado. Ahí está la mayoría del país. El problema de los laboristas no es ese objetivo sino cada uno de los pasos necesarios para llegar a él.