Suecia mantiene a raya a la ultraderecha

El ya reelegido primer ministro sueco, Stefan Löfven, sale del Parlamento junto a su esposa, Ulla, en Estocolmo./AFP
El ya reelegido primer ministro sueco, Stefan Löfven, sale del Parlamento junto a su esposa, Ulla, en Estocolmo. / AFP

El aval del Parlamento al pacto del socialdemócrata Löfven y los ecologistas, con la abstención de la centroderecha, acaba con cuatro meses de parálisis

IVIA UGALDE

Cuatro meses después de la celebración de las elecciones legislativas, Suecia logró salir ayer del laberinto. Y lo hizo a través de un acuerdo sin precedentes que deja a la ultraderecha sin la capacidad de influencia que perseguía tras convertirse en tercera fuerza política del país. El nuevo Ejecutivo volverá a quedar en manos del socialdemócrata Stefan Löfven, que repite como primer ministro de un Gobierno en minoría con los ecologistas -igual que entre 2014 y 2018- tras conseguir la luz verde del Parlamento gracias a un pacto con centristas y liberales y la abstención de los excomunistas.

La Cámara baja aprobó la reelección de Löfven por 115 votos a favor, 153 en contra y 77 abstenciones, con lo que cumple el requisito de que para ser primer ministro en el país nórdico no se puede contar con el rechazo de la mayoría del Parlamento, fijada en 175 escaños. Aun así, el mandatario precisó de un segundo intento para conseguir el visto bueno de los diputados, tras fracasar en su primera tentativa el 14 de diciembre. El Parlamento también tumbó en otoño otro proyecto de gobierno del líder conservador, Ulf Kristersson. Dos intentos frustrados que hicieron historia en Suecia ya que nunca se había rechazado a un candidato propuesto por su presidente.

LA CLAVE

Asumir la agenda conservadora.
El pacto con liberales y centristas obliga a una reforma laboral y menos impuestos a los ricos

A diferencia del mes pasado, Löfven acudió ayer al Riksdag -Parlamento unicameral sueco- con la casi absoluta certeza de ser ratificado. No en vano, había cerrado hace una semana un pacto con centristas y liberales para aislar al ultraderechista Demócratas de Suecia e impulsar reformas en materia fiscal y laboral, ya que las dos formaciones de centroderecha le reclamaron flexibilización laboral, una bajada de impuestos para las grandes fortunas y la liberalización de alquileres para viviendas nuevas. En el acuerdo se establecía además una cláusula que dejaba de forma expresa a los excomunistas del Partido de Izquierda fuera de «cualquier influencia».

A pesar de las diferencias ideológicas, el punto coincidente en la mayoría de los partidos fue la necesidad de mantener a raya a la extrema derecha, que en los comicios de septiembre obtuvo un resultado histórico de 62 escaños. Sólo fue precedida por el bloque de izquierda de Löfven y los conservadores de la Alianza, con 144 y 143 asientos en la Cámara, respectivamente. El apoyo de los votantes a los socialdemócratas fue el más bajo de todos los tiempos, pero pese a ello el primer ministro supo hacer valer su ligera ventaja para presentarse como el muro de contención ante al avance de los ultras.

Pesimismo ciudadano

En cualquier caso, es una realidad que el acuerdo de gobierno alumbra el Ejecutivo más débil en 70 años en Suecia, con sólo un tercio de los 349 escaños. Este escenario augura un mandato complicado para Löfven, que en la pasada legislatura -también en minoría- tuvo que hacer frente a dos mociones de censura. Además, según un sondeo difundido por la televisión pública, el nuevo Ejecutivo es visto con pesimismo y malestar por parte del 47% de los encuestados.

A pesar de los retos, Löfven, que tomará posesión el lunes, se mostró satisfecho tras la votación en el Riksdag, que aleja también el fantasma de convocar elecciones anticipadas tras 131 días de bloqueo. «Suecia ha elegido un camino diferente», destacó entusiasmado, en alusión al rumbo que han tomado otros países donde han crecido los partidos de extrema derecha. En el Estado nórdico, en cambio, insistió en que se ha impedido el avance de los ultras gracias a la voluntad de consenso de las formaciones que se han sumado al pacto.

El sueño del perseverante soldador de la unidad

Si algo define al primer ministro sueco, Stefan Löfven, es su espíritu de perseverancia. Esa cualidad innata de no darse por vencido, incluso siendo derrotado, sumada a su habilidad negociadora, le ha permitido erigirse desde ya en historia viva de la política del país. Es el primer socialdemócrata en retener el poder en década y media y además el artífice de la ruptura de la tradicional política de bloques gracias al pacto alcanzado con el centroderecha para mantenerse en el Gobierno.

Soldador de profesión y con dos décadas de trayectoria en el movimiento sindical, su espíritu de supervivencia le acompaña desde su más temprana edad. Aunque nacido en Estocolmo el 21 julio de 1957, Löfven creció en la norteña localidad de Sollefea, donde fue acogido a los diez meses por una familia ya que su madre biológica no pudo hacerse cargo de él. Solo transcurridas más de dos décadas pudo reencontrarse con ella y con su hermano mayor.

Muy joven, a principios de la década de los 80 inició su carrera sindical, que en 2005 lo catapultó a la presidencia del poderoso IF Metall, estrechamente vinculado a la socialdemocracia. Así entró en la cúpula de una formación en pleno declive desde hace trece años. Su vida política transcurrió en paralelo de su desempeño como obrero, ya que a pesar de matricularse en la Escuela Superior de Administración Pública decidió abandonar los estudios a los 18 meses. Primero trabajó en correos y un aserradero antes de entrar como soldador en una fábrica de material militar, donde permaneció hasta 1995.

Durante estos meses de crisis política ha sabido mantener la cabeza fría. Su consigna: el único Gobierno capaz de aislar a la ultraderecha es uno nacido de un pacto entre los bloques y encabezado por el líder del partido más votado. Siguió firme incluso cuando fue derrotado en la primera votación para su reelección. Y así, sin retroceder, alcanzó su sueño.

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