Klose ya es leyenda en una Alemania eterna

El punta agudiza el dolor de Brasil, rota en menos de media hora de juego, al meter su gol número 16 en los Mundiales y destronar a Ronaldo

Klose celebra su gol 16 en los mundiales. /
Klose celebra su gol 16 en los mundiales.
ROBERT BASIC Bilbao

bilbao. Lo que ocurrió anoche en Belo Horizonte no se olvidará jamás. La escandalosa exhibición de Alemania ante una triste y vulgar Brasil figurará en los libros de historia, y los cinco goles que les metieron los chicos de Löw a los soldados del sargento Scolari en menos de media hora de juego ya son el patrimonio de la Humanidad. Un capítulo aparte, con nota a pie de página. Cuesta describir lo que ocurrió en los 29 minutos iniciales. Algo parecido a una tormenta perfecta, el diluvio universal, el castigo más cruel que se ha llevado la canarinha en una Copa del Mundo por aquelo de jugar en su casa, donde millones de brasileños asistieron a la conversión en leyenda de Miroslav Klose. Otro palo a un país destrozado, deprimido, que además de sufrir una derrota humillante vio cómo el delantero germano marcaba su decimosexto tanto mundialista y destronaba al rey Ronaldo. No había consuelo posible, sólo dolor y desconsuelo.

Löw puso a Klose en el once inicial y el delantero, que nació en Polonia, vivió en Francia y se crió y formó en Alemania, tardó 22 minutos en alcanzar la inmortalidad. Müller ya había abierto la lata y luego asistió precisamente al punta de la Lazio. Le regaló una maravillosa asistencia en el área y su primer disparo lo paró Julio César, pero el atacante se hizo con el rebote y a la segunda batió al portero. Era su decimosexta diana mundialista, una más que Ronaldo. Comenzó su festival en Corea y Japón (2002), donde marcó cinco goles. En Alemania 2006 repitió este registro y en Sudáfrica (2010) cerró el torneo con cuatro. Ahora en Brasil ha salvado a los suyos ante Ghana tardó 117 segundos en anotar tras salir del banquillo y ayer escribió otro capítulo en sus hermosas memorias de las Copas del Mundo.

Klose ya es leyenda en una Alemania eterna, perfecta ayer en Belo Horizonte. No levantó el pie en la segunda parte, que Brasil hubiera preferido ahorrarse. El punta de origen polaco formó participó en un milagro y fue sustituido en el minuto 58 por Schürrle, quien hizo el sexto y el séptimo. Se fue con gesto serio, sin aspavimientos, como si no diera importancia a un registro histórico. Simplemente había hecho su trabajo, una palabra sagrada para cualquier alemán.

 

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