Consternación en el mundo de la cultura por la muerte de José Luis Cienfuegos, director de la Seminci y del Festival de Cine de Gijón durante 16 años
Natural de Avilés, estuvo al frente de FICX entre 1995 y 2012. Falleció de forma repentina a los 60 años
A. G. / E. C.
Gijón
Martes, 2 de diciembre 2025
Asturias pierde a uno de sus grandes referentes culturales, tan incansable como irremplazable. José Luis Cienfuegos falleció el martes de forma repentina de un aneurisma a los 60 años. Era en la actualidad director de la Semana Internacional de Cine de Valladolid, pero antes de esta y de pasar por el certamen de Sevilla llevó con acierto las riendas del Festival de Cine de Gijón durante dieciséis años, un mes y dieciséis días, de 1995 a 2012, siendo el responsable del crecimiento exponencial que convirtió al FICX en lo que hoy es, una cita imprescindible del cine de autor.
Cienfuegos -licenciado en Psicología por la Universidad de Oviedo- dejó Gijón tras ser destituido por el Gobierno de Foro, después de más de tres lustros al frente del certamen asturiano. El tiempo necesario para imprimir al festival un profundo predicamento cinematográfico y una enorme conexión con la ciudad. Con él nacieron las colas ante las taquillas y empezaron a verse las salas llenas en prácticamente todas las sesiones, cifras de participación que multiplicaban varias veces las obtenidas antes de su llegada.
El cese de este amante del séptimo arte en todas sus versiones -incluso las más comerciales, aunque abriese una ventana a los productos menos convencionales y más transgresores- provocó una amplia contestación por parte del mundo del cine y de decenas de cinéfilos asturianos, que se echaron a la calle para reivindicar el trabajo de quien creó Rellumes, un ciclo con vida propia en el que recalaban las rebeldías y por el que corría la savia que había alimentado los aplausos nacionales de la cita, conocida entonces como el Sundance español.
Es indiscutible. Fue responsable del renacimiento del festival. Los elogios en la prensa especializada a la programación, tanto en la Sección Oficial como en otras a concurso y sus ciclos paralelos, fueron una constante bajo su dirección.
Ese Cienfuegos que convirtió sus gafas en emblema -de figura delgaducha, pantalón pitillo y parca, que llegó siendo un treintañero y se fue cuarentón- se convirtió en programador por amor a la pantalla en la Universidad de Oviedo. Iba para psicólogo, pero se enganchó con tantas y tantas películas que vio en San Sebastián, Cannes o Venecia, a cuyos festivales viajaba en busca de contenido para el FICX.
José Luis Cienfuegos -quien también ha ejercido como jurado del Premio Princesa de Asturias de la Artes-, siempre visionario, incluso lo fue para rebautizar en cierto modo al Festival de Cine de Gijón. Esa terminología de FICX que incluso se ha convertido en nombre propio que sustituye al largo nombre del certamen fue obra suya.
Lástima que su final no fuera del todo feliz y que su marcha estuviera teñida de un cierto dolor y rabia que no aplacó entre los cinéfilos la llegada a la dirección de Nacho Carballo. Se fue a Sevilla y poco se dejó ver por aquí, pese a lo cual siempre mantuvo el contacto con los suyos. Este mismo año, cuando falleció Fran Gayo, su compañero en aquellos tiempos primigenios en los que fue programador, atendía conmocionado a este periódico y contaba que fue él quien le enseñó a querer y a disfrutar de Gijón.
Volvió a su casa en el FICX 2024 para ser partícipe de un documental sobre el Xixón Sound. Se paseó por Cimavilla y se dejó querer en el Jovellanos por un público cinéfilo que nunca se olvidó de él. Decía entonces el porqué de aquella visita: «Después de doce años me he acercado a Gijón sobre todo a decir gracias. Gracias a los espectadores del festival, por apoyar aquel modelo renovador, y gracias a este colectivo de músicos, de creadores culturales que fueron muy generosos con el festival, con el nuevo equipo que acababa de llegar, que creyeron en el proyecto», decía.
Sabía entonces que Alejandro Díaz Castaño, que había sido su mano derecha en Sevilla y dirige ahora el FICX, llevaba las riendas con tino y había devuelto el festival hacia el camino que él había abierto. El FICX volvió a ser el FICX. «Quiero agradecer a los fieles espectadores de este certamen que han permitido que siga existiendo y que esté donde está: es un referente dentro del circuito de los festivales de cine de autor». Su obra seguía y sigue viva.
Vanessa Gutiérrez
Su capilla ardiente quedará instalada el miércoles por la tarde, a partir de las 17 horas, en el tanatorio de Los Arenales de Oviedo, donde el jueves, a las 18.30 horas, tendrá lugar un acto de despedida. Uno más.
«Para el cine de autor en España no hay otro nombre que el suyo»
Conmoción total en la cultura asturiana. La noticia del repentino fallecimiento de José Luis Cienfuegos dejó sin palabras a los amantes del cine, empezando por Alejandro Díaz Castaño, que creció a su lado en el FICX y luego en el Festival de Cine de Sevilla. Así lo definía: «Un trabajador incansable del cine, una persona que cambió el rumbo de los festivales de cine que dirigió, imprimiéndoles un indudable sello personal y consiguiendo aunar lo autoral con el favor del público. El FICX no sería hoy lo que es sin su trabajo, y yo no habría podido profesionalizar mi relación con el cine si no fuese por la confianza que depositó en mí tanto en nuestra etapa conjunta en Gijón como en nuestra etapa en Sevilla, en las que trabajamos y nos divertimos a partes iguales. Se va un referente total durante las últimas cuatro décadas, que se dice pronto, y nos deja aún más huérfanos en este 2025 de auténtica pesadilla».
El dolor en el FICX es inmenso. Tito Rodríguez, actual programador, también trabajó con él en Gijón y en Sevilla y el golpe, máxime en el año en que también se fue Fran Gayo, le dejó KO. «Pura energía, puro nervio, siempre pendiente de encontrar nuevos caminos para acercarse a ese otro cine para descubrir y descubrirnos a los y las demás, de romper con lo establecido, de generar nuevas fórmulas y de hacerlas funcionar. Inconformista, generoso, insuperable, incansable, irremplazable».
El cineasta Ramón Lluís Bande apenas si podía hablar. «En estos momentos casi no salen las palabras, estuve con él en la Seminci, estuvimos hasta hace poco intercambiando mensajes, no lo puedo creer, a nivel personal es una pérdida grandísima, José Luis fue muy importante en vida y en mi evolución profesional, y para el cine de autor en España no hay otro nombre como él, nadie hizo tanto por poner en orden los festivales».
Otro cineasta asturiano crecido en el FICX es Tito Montero, dolido inmensamente. «Más allá de la pérdida enorme en lo personal, sin la ventana al cine contemporáneo y sus mutaciones que abrieron tanto Cienfuegos como Fran Gayo con su trabajo de muchos años en el festival, sin ese afán de que pudiéramos ver todas esas películas que estaban cambiando el cine y lo estaban llevando hacia los horizontes que hoy son una realidad, no creo que pudiera existir el cine asturiano contemporáneo, al menos como lo conocemos».
La tristeza estremecía al artista Ramón Isidoro, colaborador habitual suyo, que estuvo con él en Asturias y Andalucía y en su última etapa castellano-leonesa. Se le entrecorta la voz al recordarlo: «Son momentos de amistad brutal, es parte de mi vida», acierta a decir.
El escritor Enrique Bueres, amigo suyo desde los ochenta, se muestra igualmente en shock. Tilda la noticia de bomba atómica: «Va a dejar una huella tan indeleble que para mí no está muerto, mientras les recordemos quienes lo conocimos, lo apreciamos y lo queríamos, y no te digo nada quienes lo teníamos como amigo íntimo, no va a desaparecer», concluye.