Los incendios, la plaga de los veranos
La llegada del verano hace habitual que los incendios, una plaga de nuestro tiempo, se extiendan por todas partes. En España ha habido que lamentar ... varios, en Tarragona, Madrid, Lleida, etcétera, que han destruido muchas hectáreas de tierra y decenas de viviendas. Pero España no es ni una excepción ni tan siquiera el país más azotado. Toquemos madera.
Cada incendio deja detrás una duda sobre las causas que, efectivamente, pueden ser variadas, empezando por una colilla encendida arrojada desde la ventanilla de un coche o los residuos agitados por el viento de una barbacoa. Es muy fácil que en plena ola de calor el campo se reseque y la combustión se propague con mayor facilidad.
Con todo, lo más grave y según las investigaciones frecuentes, es que la mayor parte de los incendios sean intencionados. Antes había cierta costumbre rural de provocarlos para renovar los pastos del año siguiente, una costumbre que la responsabilidad de los pastores han abandonado conforme se fue produciendo la reducción de las labores agrícolas.
Es muy difícil de creer que haya personas capaces de aprovecharse del desastre que puede causar el fuego fuera de control tanto para las vidas de personas como para el medio ambiente, un riesgo que cada vez amenaza más al futuro de una tierra habitable. Los incendios no incluyen diferencias, lo mismo se extienden por comarcas deshabitadas que por las desarrolladas e incluso pobladas.
En los últimos años, uno de los lugares más afectados es el estado norteamericano de California, el más rico del mundo, el de economía más potente y donde proliferan las tecnologías más avanzadas tanto en el ámbito de las comunicaciones como en el de la inteligencia artificial. Uno de los incendios más recientes mantuvo en vilo a la gigantesca metrópoli de Los Ángeles.
El esfuerzo por sofocarlo se prolongó una semana y dejó marcas indelebles para su historia de la ciudad, empezando por el área de Hollywood, la capital del cine. Un estudio reciente refleja que entre los incendios, tanto forestales como urbanos, no hay excepciones, todos causan desastres. Muchas veces los incendios se convierten en arma del odio, de venganza o parte estratégica en las guerras.
Los esfuerzos por encontrar la forma de evitarlos o extinguirlos es una preocupación de muchos gobiernos. Se han conseguido avances, sin duda, con sistemas de protección y alerta. Los hidroaviones y helicópteros adaptados lo mismo que las técnicas de aislamiento limitan en muchos casos la expansión. Pero todo es poco, la capacidad del fuego para prender y extenderse se repite por estas fechas como una amenaza contra la que se impone estar alerta.
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