Intervenir la vivienda
En mis estudios de posgrado tuve un profesor de Estrategia Corporativa que nos decía que los mercados son como el agua: no importa cuántos obstáculos ... se les ponga, ambos tienden a buscar y encontrar el resquicio por el que seguir fluyendo. La alegoría viene al caso porque no deja de sorprenderme la obstinación con que, frente a toda evidencia, nuestros responsables públicos se empecinan en solucionar la crisis de la vivienda a base de intervenir el mercado. Como Alicia, nuestros políticos siguen pensando que basta con desear que las cosas sean de una determinada manera para que lo acaben siendo.
Esta obsesión por salirse con la suya dejando la realidad a un lado resulta incluso morbosa si tenemos en cuenta la abundancia de información y estudios académicos disponibles, en los que se analizan tanto el problema del encarecimiento de la vivienda como los remedios para hacerle frente. Y más específicamente, lo que ha ocurrido en aquellas ciudades en las que se han designado zonas tensionadas y se ha limitado el precio de los alquileres. Se pueden señalar cuatro estudios de los últimos años: Estocolmo (Anderson y Söderberg, 2012), Boston (Palmer y Pazhak, 2014), San Francisco (Diamond, et al 2017) y Berlín (Dolls, et al 2021).
No es sorprendente que, en todos los casos, se haya repetido el mismo patrón: inicialmente se aprecia una disminución de los precios en el segmento controlado, a costa de una reducción sustancial en el parque de viviendas ofertadas en la zona designada como tensionada. Como consecuencia, la demanda se traslada a las zonas no designadas como tensionadas, donde la oferta sigue siendo mayor. Evidentemente, el aumento de demanda en esas zonas comienza a empujar los precios, y nos encontramos con que el problema que teníamos en el barrio A, simplemente se traslada al barrio B. No importa que reneguemos de él, lo ignoremos o lo despreciemos, el mercado existe y tiene sus leyes, y la asignación de precios es la forma en que el mercado transmite la información necesaria para que quienes operan en dicho mercado (oferentes y demandantes, personas como usted y yo) puedan tomar decisiones racionales. No cabe duda de que todo mercado necesita una regulación adecuada, pero su intervención, y en concreto la limitación de los precios, equivale a matar al mensajero. Es como hacerse trampas al solitario.
Considerando lo anterior, el Plan Llave del Ayuntamiento de Gijón ofrece una respuesta más ajustada a la naturaleza del problema, al intentar incidir sobre la oferta poniendo más viviendas en el mercado. Pero nace con la traba de no haber escuchado a los profesionales del sector, que vienen anticipando que los números no cuadran desde el mismo momento que el plan se anunció. Es un paso en la buena dirección, pero abocado a la inoperancia por carecer del necesario análisis de costes. De nuevo como Alicia, no basta con desear que las cosas sean de una manera para que lo acaben siendo.
¿Tienes una suscripción? Inicia sesión