Pervivencia de Melquiades Álvarez
En mi artículo publicado en EL COMERCIO la semana pasada sobre la exposición 'Melquiades Álvarez. El centro reformista' que se puede ver en el Antigua ... Instituto, cometí un error. Después de elogiar la muestra y la reivindicación no sólo del político y abogado gijonés, sino también de su ideario, comentaba que a la exposición le faltaba un buen catálogo para que no sea algo efímero, flor de un día. Pues bien, no me duelen prendas, sino todo lo contrario, admitir que me equivoqué, porque ese catálogo, del que no me habían informado cuando lo solicité el día que visité la exposición, no solamente está publicado por el Ayuntamiento, sino que es un libro excepcional que refuerza y prolongará en el tiempo la exposición cuando se clausure en enero.
El catálogo, presentado por la alcaldesa de Gijón y con prólogo de Benigno Pendas, está escrito por Ángel Mato, comisario de la muestra. En él, Mato explica detalladamente los nada menos que 591 objetos, la mayoría ilustraciones gráficas que componen la exposición. Por otra, escribe una completa biografía vital y política del ideólogo del reformismo, desde su nacimiento en Gijón, en 1864 –algunas ilustraciones muestran ese entrañable Gijón de finales del XIX– hasta su asesinato en Madrid, en 1936.
El catálogo no es un lujo, sino una necesidad de permanencia. Leyéndolo, nos hace reflexionar sobre el fracaso de las políticas reformistas y de centro en España. En la República, situarse en medio fue recibir bofetadas de ambos lados. Años después, la UCD fracasó por extinción. Ciudadanos por lo que yo llamé «el error Rivera» al negarse a intentar un gobierno de coalición con los socialistas, cuando era posible. Los atisbos reformistas en Asturias no pasaron más allá del ejemplar discurso de investidura de Álvarez Cascos en el 2011, puro 'melquiadismo'. Y, sin embargo, a pesar de los fracasos, el centro reformista no está muerto. La exposición nos enseña que, más allá de la nostalgia por lo que podía haber sido, están las ideas de moderación, la honradez y la vocación de servicio público, de Melquiades Álvarez, que hoy siguen siendo un ejemplo a seguir.
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