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Sociedad

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Los hermanos de San Juan se instalan en el monasterio y comienzan a trabajar en aspectos domésticos a la espera de que en verano lleguen al menos dos monjes más
28.02.09 -

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Nuevos hábitos en Valdediós
El padre Tarsicio Lamarie camina por el claustro del monasterio de Valdediós.
Lo suyo es una mudanza. Ni más ni menos. Pero con una diferencia: «Este es un piso muy grande», dice Tarsicio Lamarie, el superior de la orden de San Juan, un francés de Toulouse de 44 años de aspecto bonachón y risa fácil que habla un perfecto español pasado por México y Estados Unidos. Desde el sábado pasado, el monasterio de Valdediós es su nueva casa. Y sus compañeros de convivencia, dos franceses, Guénolé y Juan Pablo Benito, y un italiano, Massimo. Los dos primeros son sus compañeros de la comunidad de San Juan; el tercero, el último inquilino del Císter que habita las históricas piedras. Aún estará en Asturias al menos un mes más, porque el trabajo que estos días afrontan los recién llegados es el descubrimiento de los entresijos de un complejo monacal con orígenes allá por el siglo XIII.
«Ahora tenemos que entrar en la logística del lugar a nivel administrativo, de funcionamiento de la casa: la calefacción, la electricidad, la cocina.... Como cualquier persona que llega a una casa nueva», explica el padre Tarsicio en el exterior del monasterio, antes de pelearse con las llaves del inmenso portón que da acceso al claustro. «Es la primera vez que abro la puerta», dice entre risas y sin disimular la torpeza del estreno.
Y en esa nueva casa de segunda mano hay mucho por hacer en el plano humano antes de entrar de pleno en lo divino. Para empezar, la comunidad de San Juan está a la espera de que el Ministerio de Justicia les otorgue el estatuto local como congregación religiosa en España, un trámite indispensable para que todos los contratos que hoy están a nombre del Císter pasen a ellos. El funcionamiento de un cenobio tiene esa parte mundana y doméstica: el contrato de la empresa que corta el césped, la factura del teléfono, el ADSL...
Y de todo ello se está encargando el padre Tarsicio, el único que domina el castellano de los tres franceses que integran la comunidad. Él se encarga de entenderse mano a mano con el padre Massimo para cerrar todos esos detalles de un traspaso que está resultando muy cómodo. De hecho, el superior de San Juan sólo tiene palabras de elogio para los monjes del Císter que le dieron la bienvenida: «Llegamos el sábado y, por un problema de entendimiento con el Arzobispado, ellos -el padre Massimo y el padre Lawrence, que ya ha abandonado la casa- pensaban que veníamos de visita, no a quedarnos, pero, pese a eso, nos recibieron de una manera muy fraternal», explica el superior antes de hablar largo y tendido sobre la gran tarea que la congregación cisterciense hizo en Valdediós desde la refundación del monasterio en 1992. «La labor que han hecho aquí es maravillosa, el padre Massimo nos contó que estuvo aquí desde el principio con el padre Gibert desde julio de 1992 y que entonces no había techos en muchas partes del monasterio, vivieron tiempos heróicos de alguna forma, en situaciones un poco extremas», reconoce Tarsicio Lamarie. Por todo lo dicho, su trabajo «me inspira muchísimo respeto», porque ha supuesto una inmensa «inversión humana y espitual que ellos ahora heredan. Lo hacen sin olvidar sus propios orígenes cistercienses: «Esta es una tradición que amamos de forma particular, porque si bien por un lado nuestro fundador, Marie Dominique Philippe, era dominico, nosotros fuimos acogidos en la Iglesia a través de una abadía cisterciense y nuestros primeros hermanos hacían parte de su noviciado con ellos», rememora el sacerdote galo. Esos orígenes del Císter se dejan ver en su hábito. Es de color gris y es el traje de faena de esa abadía de la orden saliente de Valdediós.
Transición
Entre elogios asumen una transición en la que los monjes franceses han ocupado la hospedería interna del enclave, a la espera de que pronto puedan ocupar ya las que serán sus celdas. De momento, sólo ocuparán tres, pero cuando llegue el mes de agosto habrá al menos dos inquilinos más en el cenobio. Explica el padre Tarsicio que es decisión de sus superiores en Francia enviar a los nuevos hermanos a Asturias, a la que es la primera casa en España de la congregación de San Juan, que él no sabe con exactitud ni cómo ni cuándo ni cuántos. Pero él ha informado de cuáles son los mínimos: y como poco tendrán que venir dos sacerdotes más a Asturias para poder realizar todas las tareas marcadas en la agenda. «Yo espero que en agosto, o como mucho en setiembre, puedan estar ya aquí los nuevos hermanos», señala el superior.
Cinco religiosos no son demasiado pero sí los suficientes para afrontar una doble tarea. Y es que el todavía arzobispo de Oviedo, Carlos Osoro, ha encomendado a la comunidad de San Juan no sólo la gestión de Valdediós, sino también la pastoral universitaria, lo que obligará a los sacerdotes a desplazarse desde Villaviciosa a Oviedo, Gijón y Mieres. Además, no es la de San Juan una comunidad de vida monacal sin más, sino apostólica, es decir, su tarea pastoral saldrá de manera continua de las anchas paredes de piedra que acaban de ocupar de la misma manera que buscarán la forma de acercar a ellas a un sinfín de personas.
Esa vida apostólica les obliga a abrir el monasterio al máximo. Se proponen llenarlo de actividad. Están abiertos a todo. A la cultura. A las exposiciones. Pero siempre sin olvidar la vocación cristiana que les impulsa. De esta forma, se prevé que en la hospedería se organicen ejercicios espirituales de manera más o menos continua. Podría haber también otro tipo de convivencias cristianas en el recinto.
La hospedería (la interna y la externa) permanecerá aún cerrada y no será hasta dentro de un mes aproximadamente cuando se sepa cuándo abrirá sus puertas. Aún es pronto para las respuestas cuando son los monjes de San Juan los que continuamente hacen preguntas al único inquilino del Císter que aún no ha dejado el monasterio. Tampoco se sabe, sin ir más lejos, cuál será el horario definitivo de misas, que habrá de ajustarse a ese sinfín de actividades que quieren poner en marcha. De momento, mañana, a las doce del mediodía, habrá una misa dominical, como ha ocurrido ya en los últimos mediodías, aunque sin anuncio público de por medio.
Flexibilidad
«Ahora mismo necesitamos mucha flexibilidad para poder organizar la casa», señala Lamarie, mientras explica que se levantan a las seis de la mañana y que comparten comidas y oraciones con el padre Massimo. «Estos días con ellos los hemos vivido con mucho respeto por esos hombres que invirtieron tanto aquí y tienen la nobleza de dejar algo a otra persona e irse», asegura el superior de San Juan.
Siempre con la sonrisa como compañera, el padre Tarsicio no tiene miedo a todo el proceso de fundación de la casa que se le viene encima y sólo espera el momento en el que el complejo monástico se llene de vida, abra sus puertas a la oración y a la cultura. Sabe que el camino es largo, y en él espera contar con el apoyo del superior de la congregación, Jean Pierre Marie, en Asturias. «Creo que después de Pascua podríamos hacer una especie de inauguración», dice, sin saber aún sin entonces podrá estar presente el propio Marie.
«Ahora estamos en plan de descubrir muchas cosas, no somos asturianos ni españoles, esta es otra realidad», sostiene el superior, que apenas si ha tenido tiempo de contactar con los vecinos y las instituciones. La joven y pujante comunidad religiosa ya tiene casa y ahora sólo tiene que hacerla confortable.

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