«Los barracones están llenos y el curso que viene hacen falta tres aulas»

«Los barracones están llenos y el curso que viene hacen falta tres aulas»

«Siempre le digo a la consejería que los niños crecen más rápido que sus proyectos y deliberaciones»

SUSANA NEIRA

A Maite Fernández Álvarez le gustaría que el colegio Carmen Ruiz-Tilve saliera con más frecuencia en prensa por méritos educativos, pero como directora le ha tocado vivir otra realidad, la falta de un aulario de Infantil. «Un cúmulo de cosas, no quiero achacarlo todo a la mala gestión», dice, e incluso el pensamiento de que «el proyecto está gafado», han impedido hasta ahora que el centro con 317 alumnos, la mayoría de Prado de La Vega y La Corredoria, logre las aulas necesarias. Tras una larga carrera como maestra, jefa de estudios y directora en otros centros, en los últimos tres años le ha tocado lidiar con todos, con la Consejería de Educación y las familias. Ella, más que hablar de problemas, prefiere «minimizar daños» y sacar adelante el día a día.

¿Se hizo maestra por vocación?

No creo en las vocaciones, sino en las profesionalidades. Empecé porque era una carrera asequible y en casa siempre me decían que por qué no me dedicaba a la enseñanza... Y me gusta.

Lleva como directora de este colegio desde sus inicios, en 2010. ¿Cómo han sido estos años?

Llegamos cuatro grupos de 3 años y fuimos creciendo año a año. El centro es muy acogedor y las familias estuvieron muy colaborativas. Al principio bien, aunque fue complicado ponerlo todo en marcha por las restricciones, que entendemos. La biblioteca, las aulas modelo,... No contábamos con remanentes y hemos tenido que andar de saldo, buscando las mejores ofertas. No es malo, pero lleva mucho tiempo gestionar bien el dinero.

Y llegó la falta de espacios...

Una vez que empezara a funcionar el centro de Infantil, estaba previsto que el de Primaria se tramitara. ¿Qué pasó? Hubo muchas vicisitudes: retrasos, prórrogas presupuestarias.... Entre una cosa y otra estamos en el punto que estamos. El curso pasado ya tendríamos que haber estado en el edificio de Primaria.

¿Cuantos niños hay en barracones?

Son para 150 y ahora hay 130.

¿En qué condiciones están?

El sitio es muy digno y amplio, aunque no se puede obviar que es un prefabricado. Solo cubre necesidades básicas: hay seis aulas, un comedor y los servicios. Estamos haciendo desdobles y los huecos hacen falta todos. Se quedan 50 a desayunar y 200 a comer.

¿Con lo que tienen ahora mismo habría sitio el próximo curso?

Están llenos.

¿Y qué pasará?

Ah... No lo sé. Está claro que en este punto el curso que viene hacen falta otras tres aulas mínimo para meter a los niños.

¿El año que viene hay que plantearse el traslado?

No, si consiguen arrancar una contratación urgente podríamos tener tres aulas para entrar.

¿En qué más le afecta la falta de espacio en el día a día?

Nos condiciona mucho los horarios. Solo tenemos un trozo de patio cubierto y el invierno es muy largo. Para que los niños del prefabricado pudieran salir hemos hecho dos tramos, de Infantil y Primaria, y eso supone una ingeniería importante porque tenemos personal de media jornada, algunos que comparten niveles... Y algo tan sencillo como hacer una reunión de inicio de curso hay que escalonarla porque la gente no nos entra.

¿Y a las actividades extraescolares?

Este curso la AMPA gestionó con las otras dos AMPAS de los colegios en distintos sitios y hay una actividad muy diversificada. Algunas se hacen aquí.

¿Qué les dice la consejería sobre todo lo que ha pasado?

Tenían adjudicado el proyecto, como ya se sabe, y hubo un desencuentro con la adjudicataria, renunció y está en un punto de rescisión de contrato. Nos dijeron que tardarían tres meses mínimo, a contar desde agosto, para volver a licitarlo. En este momento el problema está sin resolver. Siempre les digo que los niños crecen más rápido que sus proyectos y deliberaciones. Si en 2010 teníamos tiempo, estamos en 2014 y no hemos llegado.

El Principado ha dicho que se lo adjudicará a Tragsa.

No tengo conocimiento de nada de eso, ellos tendrán sus planteamientos de cómo resolver el problema, pero ahora mismo están sin resolver.

¿Cómo se han llegado a este punto: mala gestión, mala suerte o ambos?

Una mezcla de todo. Un cúmulo de cosas. Si el cole hubiese salido adelante al principio nos hubiésemos ahorrado el camino. Aquella vez fue una cuestión política, por no pactar los presupuestos. Luego los trámites administrativos llevan mucho tiempo... El último punto probablemente ya sea de mala suerte, que una empresa se pelee con la Administración....

¿Las familias que dicen?

Unas preocupadas, otras disgustadas, otras muy enfadadas.. Quieren el cole ya y yo también, pero hay que esperar plazos. Cuando todo se acumula hay sensación de que este proyecto está gafado y ya no sabes a quién echarle la culpa. Cuando hablo con la Administración sí veo preocupación, pero no ha sido eficiente.

A la dirección le ha tocado lidiar en este asunto con unos y otros...

Sí, las familias no siempre entienden que desde el equipo directivo gestionas lo que tienes. No tenemos constructora ni ninguna capacidad sobre el proceso. Solo administramos lo que hay. Hago lo que puedo y el esfuerzo más grande es la organización en cuanto a espacios, horarios y profesorado. Nadie se hace una idea, nos comen el 80% del tiempo.

El año pasado los padres protagonizaron numerosas movilizaciones. Este año están más callados... ¿Hay resignación?

Se movilizaron con mucha intensidad y eso quemó a mucha gente. Ahora están en un punto que ven que deben de protestar pero no ven en ello la posibilidad de solución.

Ha sido difícil para todos...

Los roces se trasladaron al centro y se cuestionó todo. Eso nos quemó mucho a todos, hasta nos planteamos la continuidad. Estábamos en una situación de estrés importante, con un nivel de exigencia que no nos correspondía.

¿Se pueden compatibilizar las obras con las aulas?

No lo sé, eso es cuestión de los técnicos. Se planteó el curso pasado hacer dos fases, pero el problema es que la primera tiene que llevar todos los servicios para poder trabajar con independencia. Desde la consejería no estaban muy por la labor de compatibilizar obra con niños, pero el planteamiento era que llegasen.

Colloto, Las Campas, La Corredoria... Todos necesitan ampliaciones. ¿No se actúa a tiempo?

No sé, pero las cosas que pasaron en la consejería obligan a que ahora se actúe de forma más pausada y rigurosa. Eso hace que nunca lleguemos a tiempo. Tienen que valorar la dimensión de no tener dónde meter a los chiquillos.

También han tenido problemas con los vecinos...

-Cuando vinimos en 2011, el edificio de atrás estaba sin concluir. Hablé con el encargado de la obra y le pedí que en tiempos de recreo la grúa, pegada a la valla del colegio, no volase. Llegamos a un acuerdo y trabajaron a pesar de las molestias que entendimos que tenían que ser. Ahora nada más que se enteraron de nuestras obras empezaron a poner pegas e inconvenientes.

¿Qué les dijeron?

Hicieron una cosa muy fea, denunciar que la parcela tenía soterrada una línea de alta tensión. Tardamos tres semanas en demostrar que no era así, acumulando más retrasos. Ahora cuando se hizo el acceso peatonal a la finca, también denunciaron que les caían los cuadros... Hablaron de que les habían engañado, pero en realidad cuando entregaron los edificios ya estábamos aquí. Denunciar que la actividad es nociva me parece un exceso. Es lamentable, si nos molestan los niños mal vamos, algo le pasa a esta sociedad.

Una sociedad que, según denuncian, no valora los maestros.

A veces nos cuesta mantener el tipo con las familias y que sepan que tienes capacidad y profesionalidad. También digo que siempre pongo las cosas en la balanza y hay mucha gente que nos valora y viene a darnos ánimo. Lo agradeces muchísimo.

Llevan el nombre de la cronista oficial de Oviedo. Salió de la dirección esa petición...

Lo trasladamos al Ayuntamiento y la Consejería y vieron muy bien la propuesta.

¿Qué le dice la cronista sobre esta situación?

Está muy disgustada y eso me duele. Siento que su nombre esté por todos los datos de esa manera. Tengo la sensación de decir: «Ay, dónde la metí».

¿Participa en la vida del centro?

En cada graduación que hacemos siempre va, da un discurso, lleva algo para cada uno de ellos.. Está muy involucrada.

Llegó a participar en las movilizaciones.

Sí, dijo que tenía que estar allí con las familias.