«Mis primeras lecturas comenzaron aquí»

Pedro Fano frente a la biblioteca Ramón Pérez de Ayala /
Pedro Fano frente a la biblioteca Ramón Pérez de Ayala

IDOYA REY

Si Pedro Fano compusiera un mapa con luces que marcasen los sitios por los que ha pasado en sus 37 años de vida, la parte más iluminada sería sin lugar a dudas el casco histórico de la ciudad. Vivía muy cerca de allí y fue en ese Oviedo redondo donde agarró su primer pincel, donde pasó sus primeras tardes de marcha y de donde salieron las primeras lecturas que le marcaron allá por la adolescencia. Es precisamente la Biblioteca Pública Ramón Pérez de Ayala, en El Fontán, el lugar que escoge como su sitio preferido de la ciudad.

Fano advierte que no es «un ratón de biblioteca», pero de entre esos lugares que forman su geografía emocional es la biblioteca uno que ha estado presente en el pasado y que prosigue en el presente. «Es difícil escoger un sitio, porque lo que significaba un lugar para ti hace 20 años es diferente a lo que significa ahora. La geografía emocional va cambiando», comenta. La biblioteca, sin embargo, tiene continuidad.

«Aquí empecé mis lecturas y también sacaba discos y películas y ahora sigo viniendo algunos domingos a coger un libro, dar un paseo por el Fontán y tomar un vermú», explica. Vive a las afueras en una casa donde también tiene su estudio de pintura, y por eso frecuenta menos el centro. Pero es esa biblioteca uno de los lugares más visitados. De hecho, mientras lo explica lleva en su mano un libro, 'El poder de las tinieblas', para devolver. «Es de mi mujer», apunta.

Que Fano entrara en la biblioteca era algo inevitable. Cada día desde que tenía seis años pasaba por delante para ir a sus clases de pintura en el estudio Compasso que se ubicaba en la calle Magdalena. Dio clase hasta los 18 años cuando ya comenzó a pintar y dibujar por libre. Es probable que en esas calles del casco histórico le llegara alguna inspiración «porque cuando viene, viene» comenta. Su primera exposición también fue muy cerca de allí en la antigua Sala Borrón de Calvo Sotelo. «Todo está muy cerca de aquí».

Si acaso el lugar más alejado que se le pasó por la mente como su rincón predilecto de Oviedo fue el parque de Invierno. «Hubo una época en la que iba mucho a pasear, pero no puedo escogerlo porque hace igual diez años que no paso por allí», confiesa. Otra arboleda, el Campo de San Francisco, también le trae recuerdos de infancia, aunque le pasa lo mismo: «Hace bastante que no voy por allí». No ha ido ni a visitar la flamante estatua de Mafalda, y eso que él no es sospechoso de amar repentinamente el cómic. De niño, sin saber leer, ya «leía los dibujos de los cómics. Lo que más me gusta de Mafalda es la vigencia que tiene», subraya el artista, cuya abuela, de origen argentino, también se llamaba Mafalda.

Ese lenguaje gráfico de los cómics es lo que más interesó siempre al artista, aunque más conocido por sus pinturas. «El contexto narrativo de los cómics está dentro de mis cuadros», apunta Fano, dedicado a su carrera artística de lleno desde 2007. Tras ganar algunos premios, entre ellos la beca AlNorte, el pintor dio carpetazo a los lastres y decidió dedicarse «a lo que me gustaba, a lo que mejor sabía hacer». Reconoce que algo se sufre, pero «es lo que has decidido y para lo que sirves». Muchas veces ese sufrimiento viene porque se mete en cuatro o cinco proyectos a la vez, «que a veces hace que se ralenticen, pero no puedo evitarlo, las ideas vienen». Ahora misma anda con ilustraciones para un libro, algo de cómic y prepara una exposición en la galería Gema Llamazares.