Una escuela con 55 años de identidad

El laboratorio de mineralúrgia y concentración de menas es toda una planta industrial a escala. /
El laboratorio de mineralúrgia y concentración de menas es toda una planta industrial a escala.

El centro nació entre huelgas en Madrid y en un edificio diseñado primero como residencia para niños y luego como museo de Bellas Artes

IDOYA REY

Es evidente que Asturias se ha caracterizado por ser una región minera e industrial, por ser una de las zonas con más desarrollo siderúrgico del país que en los años 50 necesitaba dotarse de profesionales. Había por aquel entonces una escuela de capataces en Mieres, única alternativa para muchos jóvenes sin medios para trasladarse a Madrid y recibir estudios superiores; sin posibilidades de convertirse en titulados de la ingeniería más antigua de España, de ser ingenieros de Minas.

Agustín García. Fue el director de la Escuela de Ingenieros de Minas durante los dos primeros años, cuando dependía de Madrid.

Francisco Pintado Fe. Fue el primer director de la escuela ya independiente.

Luis Fernández Velasco. Entre 1972 y 1980.

José Antono Corrales. Entre 1980 y 1984.

Antonio Hevia Cangas. Entre 1984 y 1987.

Fernando Pendás Fernández. Entre 1987 y 1991.

Eugenio Sáez García. Entre 1991 y 1998.

Luis Escanciano Montousse. Entre 1998 y 2002.

Mario Menéndez Álvarez. Entre 2002 y 2012.

Francisco Blanco Álvarez. Desde 2012 hasta la actualidad.

Solo había en el país la Escuela Superior de Ingenieros de Minas en la capital, pero la actividad estaba en gran parte en el norte, en esa Asturias minera que lleva grabada la región en su misma identidad. Fue entonces cuando comenzó a estudiarse la posibilidad de crear otra Escuela Superior de Ingenieros de Minas en Oviedo. El Ministerio de Educación aprobó la orden el 15 de octubre de 1959 y al año siguiente arrancaba el primer curso en la ciudad. No obstante, durante los dos primeros años académicos todo pasaba por Madrid. «Dependía administrativamente de la capital española, siendo director de la misma uno de los subdirectores de la Escuela de Madrid», explica Francisco Blanco, actual director del centro ovetense. El plan de estudios venía marcado desde allí y los exámenes también se enviaban desde Madrid para que los alumnos los resolvieran.

Tras esos dos primeros años, la Escuela de Minas de Oviedo comenzó a caminar con identidad propia. Los comienzos no fueron fáciles. «Los estudiantes de Madrid no querían que hubiera otro centro. Hubo huelgas para impedir que existiera otra escuela en Oviedo», rememora Vicente de la Pedraja Cañas. El ahora vicedecano del Colegio de Ingenieros de Minas del Noroeste de España recuerda cómo en esas protestas se llevaron «algún palo» y nada consiguieron. De hecho, él terminó los estudios en Oviedo, donde también fue profesor durante 36 años. Y esas reticencias iniciales pronto desaparecieron entre los alumnos aunque les costó hacerse un hueco. Fue trabajoso crear la identidad que perdura años después en la escuela que el año pasado se adaptó a los nuevos tiempos con un cambio en el nombre: ahora es la Escuela de Ingeniería de Minas, Energía y Materiales. «Mucha gente piensa que es solo Minas, pero llevamos estudiando todo eso desde siempre, pues eran materias que figuraban en los sucesivos planes de estudio», subraya Blanco.

Un hecho destacable en la historia de la escuela, y que la enorgullece, fue la decisión de la Corporación municipal, que en diciembre de 2009 concedió la Medalla de Oro de Oviedo a la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas. Fue recibida por Mario Menéndez Álvarez, director de la escuela en aquellas fechas, el 3 de diciembre de 2010 de manos de Gabino de Lorenzo Ferrera, exalcalde, durante el acto de entrega de diplomas a la cuadragésimo cuarta promoción de ingenieros.

Así mismo, en 2010 la Escuela de Minas incorporó a sus primeros doctores honoris causa. La Universidad de Oviedo celebró el 14 de mayo de 2010 la ceremonia de investidura de Andrzej Karbownik, Paul Younger y Juan Carlos Torres Inclán en un acto en el Paraninfo presidido por el rector, Vicente Gotor.

Sin trabajo al comienzo

Antes de la instauración del plan de estudios de 1957, el primero que entró en vigor en Oviedo, los estudiantes debían pasar un examen para acceder a la escuela de ingenieros. Tardaban cinco o seis años en aprobar esa prueba de acceso. Luego los ingenieros estaban al servicio de Estado, eran funcionarios. «Incluso estaban militarizados y llevaban un uniforme», explica Jesús García, catedrático de la escuela ovetense. A partir de finales de los 50 eso cambió, aunque los ingenieros no tenían problema en encontrar trabajo. «Venían a buscarnos», rememoran. Aunque las primeras promociones ovetenses se encontraron con ciertas reticencias. «Costaba colocarse porque no estaba demostrada la calidad de esos ingenieros. Poco a poco se ganó una gran reputación reconocida a nivel mundial», asegura De la Pedraja.

Por eso hubo tantas reticencias cuando en 2010, con el cambio al Plan Bolonia, se amagó con trasladar la escuela al campus de Mieres. «Cuando sales por ahí oyes hablar de los ingenieros de la escuela de Oviedo, es una marca de calidad que no puede desaparecer», explican. Es más, Blanco augura que el traslado a Mieres, «sería la desaparición de la Ingeniería Superior de Minas en Asturias». No en vano, ese riesgo que parecía inminente ha aflojado y en su 55 aniversario la Escuela de Minas sigue manteniendo su identidad y su edificio en el centro de Oviedo, un inmueble que nació para otros usos.

El edificio

La Diputación Provincial cedió los terrenos y la parte construida, aneja al ahora hotel de la Reconquista, para la instalación allí de la Escuela de Ingenieros de Minas. Las condiciones es que se realizaran obras de adaptación, que comenzara a rodar en un plazo máximo de cinco años y que se mantuviera durante los 30 años siguientes. El Gobierno había emprendido en el solar la construcción de la ampliación de la residencia provincial de niños, pero el proyecto quedó desechado y se retomaron las sobras para destinar el inmueble al museo provincial de Bellas Artes.

Hubo que realizar obras para adaptar un edificio que inicialmente presentaba un aspecto muy distinto al final. Pero también había que dotar su interior. El primer director de la escuela cuando fue independiente, Francisco Pintado Fe, consiguió ayuda de un programa de las Naciones Unidas que permitió tener materiales y laboratorios de la máxima calidad.

Aún hoy, el centro cuenta con un laboratorio de Mineralurgia y concentración de Menas de primer nivel. Mario Menéndez Álvarez, exdirector, dirige ese espacio que es toda una planta industrial a escala.

La vida universitaria

Las fiestas que se gastaban los ingenieros de minas eran famosas en la región. Recuerdan muchos que las muchachas acudían en busca de pareja a esos comentados bailes. Ellos se limitan a reírse y repiten aquel dicho de «de la mar el mero y de la tierra el ingeniero». Eso sí, no tienen reparo en rememorar las fiestas universitarias de Santa Bárbara que duraban una semana con torneo de fútbol, campeonato de tortilla, competiciones de mus, representaciones teatrales parodiando a los profesores y gimkanas por toda la ciudad.

Pero, además, cuando pasaban el ecuador y al terminar la carrera tenían varias recompensas. Cuando aprobaban la asignatura de motores en tercer curso recibían automáticamente el carné de conducir y ese paso a los últimos años de estudios se celebraba con un baile financiado por una madrina. De la Pedraja recuerda que en su promoción consiguieron que les apadrinara Carmen Martínez-Bordiu, la nieta de Franco y que en la fiesta de fin de curso acudiera Irene de Holanda. «Vinieron 800 personas al baile, fue espectacular», rememora.

Durante las fiestas tiraban también descargas de cohetes, que terminaron por prohibirse. «Eran otros tiempos, podía haber hasta 1.500 alumnos. Ahora puede haber unos 340, pero tenemos desde hace cuatro años equipo de fútbol federado, que compite en segunda regional», comenta el director.

En la actualidad un 34% de los estudiantes son mujeres, pero cuando ellos entraron en las aulas eran muy pocas las féminas que se adentraban en este mundo de hombres. Tan pocas que todos recuerdan el nombre de la primera mujer titulada Mercedes Sáenz de Santa María, que obtuvo su título en 1978 y pertenece a la XII promoción. Ella también es parte de esa identidad que suma ya 55 años.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos