La dulce 'condena' entre diseñadores y empresarios

La sala donde se celebró ayer la primera jornada del congreso Desing&You. /
La sala donde se celebró ayer la primera jornada del congreso Desing&You.

El congreso Desing&You reabre las puertas del edificio del Pavo Real en el Campo para debatir sobre ideas y experiencias

IDOYA REY

Al final de la primera hora y media de mesa redonda del congreso Desing&You, los asistentes se reían de esa «condena» que les une irremediablemente. Teresa Jular, la videpresidenta de la Red Española de Asociaciones de Diseño, ayer entre el público aunque hoy de ponente, bromeaba sin saber que estaba rodeada de periodistas sobre el titular de la jornada, sobre esa condena que en realidad lo que despertaba entre diseñadores y empresarios era más sonrisas que otra cosa. Porque la primera sesión del congreso arrancó con una charla sobre diseño y empresa.

Medio centenar de personas debatieron sobre ideas y experiencias entre unas paredes que parecían escuchar bien atentas. No solo por el cartel instalado por la organización para colocar lo aprendido cada día, sino también porque el espacio escogido tenía algo alegórico: el edificio del Pavo Real, en el Campo de San Francisco, huérfano de usos e ideas, reabrió sus puertas tras meses cerradas para el singular congreso. Al Pavo Real le tocará esperar hasta mañana, cuando se celebrará la sesión para diseño y arquitectura. Los organizadores prefirieron no andarse con rodeos y levantar el telón con un asunto de los que suscitan debate.

«Los diseñadores no tienen a veces muchas ganas de tratar con los clientes. Y son quienes deciden lo que necesitan. Muchas veces creen que los clientes no tienen ni idea y hay que tratar de contarle al cliente lo que se hace y también escucharle», apuntaba Pablo Mañana, de LimOut, encargado de introducir la posterior charla y quien advertía que era su turno «para dar caña, luego ya me la dais a mí», en referencia a los diseñadores. Hablaba de esa condena a entenderse que existe entre ciertos departamentos, incluido el de los diseñadores y a la que también hicieron referencia los representantes de VinBouquet.

«Mas que condenados a entendernos estamos encantados de entendernos. Me provoca desazón ese discurso de que el diseñador tiene algo de artista frente a un ordenador, el diseñador también es usuario», defendió uno de los asistentes. Esa implicación en todo el proceso del desarrollo del producto y también en otras vertientes del mismo, como la económica, fueron algunos de los puntos que defendieron los diseñadores. «El diseño no es hacer un dibujo», reivindicaron.

Aunque la parte empresarial allí presente eso lo tenía claro. Quizás dudaba más del momento en que implicar a los diseñadores, porque muchas veces quienes encargan el producto fallan en los atributos. Pablo Vega, responsable del centro de Leroy Merlin en Gijón, explicó cómo fabricaron una barbacoa bien grande y moderna, con doble entrada de aire, atendiendo a ese afán de presumir que creían en los posibles compradores. No se vendía. Otra barbacoa de gama más baja era la reina del mercado. Descubrieron que era por el brasero. «Muchas veces los compradores venían con sus parejas que se percataban en la facilidad de limpieza que ofrecía. Nos equivocamos, la cosa iba por otro lado», explicó Vega. Quizás un diseñador de por medio, apuntaban los asistentes, lo hubiera pensado.

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