Las fábricas que borraron el Oviedo medieval

Unos visitantes, desde la terraza, con el gasómetro de la derecha. /
Unos visitantes, desde la terraza, con el gasómetro de la derecha.

Las jornadas sobre patrimonio industrial analizan los cambios urbanísticos que se produjeron tras la revolución industrial

ROSALÍA AGUDÍN

La llegada de la industrialización a Oviedo supuso que la ciudad cambiase de Norte a Sur y de Este a Oeste. En el siglo XIX, no solo vivió la apertura de la fábrica de Gas y la de Armas, sino que, en pocos años, se triplicó la población, al pasar de los 8.700 habitantes a los 20.100. Este crecimiento poblacional no solo se produjo en Oviedo, también en el resto de España y por esta razón, el gobierno puso manos a la obra y creó una normativa en la que se promovía la construcción de viviendas a un precio económico. Ejemplos de ello fueron las edificaciones de Colonia Ceano, el polígono de Ventanielles o Guillén Lafuerza.

Además, el traslado del taller de fusiles del centro de Oviedo, en concreto de la fábrica de El Fontán a la de Trubia, supuso que en 1857, alrededor de 900 ovetenses trabajasen en esta factoría. «En esta época se necesitaba una mayor mecanización del trabajo y por esta razón se tomó la decisión de reunir en un mismo edificio todo el proceso», según explicó la arquitecta María Rosa Alba en la tercera sesión de la jornadas de patrimonio industrial organizadas por los ayuntamientos de Langreo, Mieres y Oviedo y que ayer se centró en el urbanismo de esta última.

Con todos estos cambios, Oviedo nunca volvería a ser el mismo, ya que crecía a pasos agigantados. La fábrica de gas abrió sus puertas ocupando «unos 8.000 metros cuadrados». Sin embargo, cuando se cerró, las edificaciones habían hecho que el conjunto de la factoría llegase «hasta los 10.000», según detalló el arquitecto Marcos Balbín.

Por su parte, la fábrica de armas tiene, en la actualidad, una superficie similar «a la del Oviedo redondo» y medieval, conforme señaló la técnica Ana Carreño. Para ser más exactos, la zona de la carpintería es equiparable «a Villa Magdalena y el taller de cañones es similar a la plaza de toros», según comparó la arquitecta Kaila San Fabián.

Con esta transformación, la ciudad se tuvo que adaptar al nuevo panorama y, por esta razón, la nueva industria impulsó, a finales del siglo XIX, «buenas comunicaciones con Gijón y Santander». «En 1884, la factoría promovió la apertura de la calle General Elorza para que así tuviese acceso a la estación de ferrocarril», manifestó otra de los miembros del Colegio de Arquitectos que participaron en la visita, María Rosa Alba.

Ahora tras el cierre de estos dos emblemas del pasado industrial de la ciudad, las administraciones públicas tienen que tomar la decisión de qué hacer con estas parcelas. Antes de emprender cualquier obra de rehabilitación o de mantenimiento, la historiadora del arte Natalia Tilve aconsejó al Ayuntamiento que primero se conozca «lo que hay y después se debe decidir qué se puede preservar, ya que por desgracia, no se puede mantener todo». En este sentido, también se manifestó el arquitecto Álvaro Portela al señalar que «no todos los edificios deben conservarse, ya que hay partes en las que no son necesarias su conservación». «En la nave de garajes de la fábrica de armas se pueden desarrollar actividades culturales y de la sala de hornos se habla de conservar algunas partes, pero no se habla del recinto y esto se debería mantener, debido a que en caso contrario desaparecerían los forjados», indicó Portela.