Buscando el pasado de Gaston Briffe en San Claudio

Una familia francesa busca recomponer la historia de su bisabuelo, uno de los responsables de la fábrica de loza entre 1908 y 1918

Marie-Noëlle, en el centro, y su madre, a su derecha, con los descendientes de Gaston Briffe en una foto familiar de hace unos años./
Marie-Noëlle, en el centro, y su madre, a su derecha, con los descendientes de Gaston Briffe en una foto familiar de hace unos años.
SUSANA NEIRAOviedo

«Me llamo Marie-Noëlle Pretto-Chauvin. Soy francesa. Mi madre después de 25 años de búsquedas genealógicas escribió un libro sobre nuestros ancestros desde el principio del siglo XVIII. Unas páginas tratan de su abuelo paterno, Gaston Briffe. Su historia está estrechamente relacionada con San Claudio y su fábrica loza». Con esta presentación formal comienza una bisnieta del que fuera un responsable aún no pueden precisar el cargo de la malograda factoría entre 1908 y 1918. Un relato familiar que acompaña con numerosas fotografías antiguas. Una distancia histórica y territorial que ha querido romper poniéndose en contacto con EL COMERCIO para recomponer, solicitando ayuda a quien conozca cualquier detalle o pueda aportarle pistas, el paso de Gaston por la localidad ovetense.

Poco tiene que ver la actual situación de la fábrica de loza de San Claudio, actualmente en ruinas, desvalijada y abandonada desde su cierre hace más de un lustro, con el año en que Briffe (nacido en 1861) llegó a San Claudio. El hombre se había quedado huérfano a los 10 años e ingresó en el llamado Ejército para jóvenes, «donde adquirió instrucción, disciplina y el amor al trabajo bien hecho», describe su bisnieta. Un empleo como escribiente en una fábrica de loza al este de Francia le permitió conocer de cerca las técnicas de fabricación de la cerámica durante unos años en los que conoció a Marie Bogard, «una señorita que le gustaba mucho», recuerda, con la que se casó en 1890. Fruto de este matrimonio nacieron tres hijos, Hélène (1892), Armand (1894) y Jean (1905), el abuelo de Marie-Nöelle.

Una emblemática fábrica en ruinas y con un futuro incierto

Las últimas noticias sobre la fábrica de loza de San Claudio confirmaron que nadie quiere hacerse cargo de las ruinosas instalaciones cerradas en 2009. La Agencia Tributaria, tras intentar subastar en varias ocasiones el recinto sin éxito, ofreció a Patrimonio del Estado la propiedad. Tampoco lo quiso.

El futuro continúa siendo desolador para unas instalaciones que tras más de un siglo de actividad se han convertido en víctimas de los okupas, los incendios y los ladrones. Tampoco logró garantizar su continuidad con la declaración de Bien de Interés Cultural. El Principado, atendiendo la petición de los últimos trabajadores, declaró la máxima protección para la locería, pero la catalogación quedó en papel mojado tras una sentencia judicial.

La Justicia, atendiendo a los administradores concursales, entendió que los informes que avalaron dicha protección resultaron insuficientes. Así, la fábrica continuará siendo fruto de los vándalos y desapareciendo entre la maleza.

Y entonces descubrió la oportunidad de SanClaudio. Una oferta de trabajo en España, para una fábrica de apenas seis años de vida la creó el empresario Senén García Señal en 1901 con ayuda de un grupo de banqueros cambió el rumbo de su historia y la de sus hijos. La madre de Marie-Noëlle cuenta que su padre Jean llegó a San Claudio con apenas 3 años y que a su abuelo Gaston le gustaba mucho su trabajo. «Parece que fueron años de felicidad para la familia y el desarrollo de la joven fábrica, especialmente durante los seis primeros años», en los que se instalaron en una casa llamada La Granja (un edificio vecino que sufrió un incendio en el verano de 2014).

Con retazos y lagunas entremedias, y pese al deterioro de las instalaciones, esta familia francesa ha logrado ir desgranando una parte de la historia de su paso por el municipio. Unos años que en ocasiones encontraron dificultades: «En 1914, dos crecidas del pequeño Río Majuca cerca de la fábrica (el 16 de febrero y el 11 de junio) destruyeron parte de un taller de pintura. Unos sucesos que guarda en su álbum, como las intensas huelgas desde junio de 1914 hasta febrero de 1915 que paralizaron los talleres de la emblemática factoría. Problemas a los que se sumó, explica, la falta de suministro de materias primas para desarrollar la fabricación durante la Primera Guerra Mundial.

No fue esto, sino una tragedia personal, la que terminó con la estancia de Gaston, su mujer y dos de sus vástagos en San Claudio. El retorno se debió a unas «circunstancias infelices»: «Armand (su hijo mediano) estaba desaparecido desde 1915 en el frente del norte de Francia, cerca de Compiègne, sin prueba de muerte». Tres años sin noticias y con tanta distancia por el medio, les desesperaron. «Tuvieron que irse para tratar de saber algo», explica Pretto-Chauvin. El final de su historia fue trágico. Le declararon oficialmente muerto en 1921, seis años después de su desaparición. La pena, lamenta la francesa, provocó que su bisabuelo muriera solo un año después. Su viuda, Marie, sobrevivió en cambio hasta los 86 años de edad.

Ahora, su nieta y bisnieta tratan de completar el puzzle para saber cómo fueron los años de la familia en San Claudio. En un fábrica que, lamentan al ver las fotografías, nada tiene que ver ahora con los años en los que formaron parte de su historia. «No sabíamos que la fábrica había tenido una historia tan larga, pero que rápido, triste e indignado ha sido su declive, su cierre y su abandono». «Fue un patrimonio de más de un siglo, que sobrevivió a épocas oscuras, y que solo unas personas sin escrúpulos destruyeron en unos pocos años», denuncia.