El tiempo no lo mide el reloj

La exposición, ubicada en el Colegio de Arquitectos. /
La exposición, ubicada en el Colegio de Arquitectos.

Una exposición en el Colegio de Arquitectos invita a reflexionar sobre el horario y la vida

DANIEL LUMBRERAS

«El tiempo no es el que miden los relojes». En torno a esta idea los arquitectos Manuel y Carmelo Álvarez-Arango han creado el proyecto 'Spiraxtime', que inauguró ayer una exposición en el Colegio de Arquitectos. Lo que muestran estos dos hermanos parece, en efecto, un reloj: un modelo STM 34 elaborado por artesanos suizos, de acero cromado y pulido con rubíes para evitar la fracción entre las piezas, cristales de zafiro perlado y correa de piel de cocodrilo. Pero no lo es. No mide el tiempo.

La muestra permanecerá abierta hasta el 9 de enero en la sede colegial (Marqués de Gastañaga, 3) en horario de nueve a dos. Se exhiben cuatro prototipos y está prevista una edición limitada de 732 piezas para el modelo de reloj manual y otras tantas para el automático.

Los relojes, según cuenta Manuel Álvarez-Arango, han dejado de servir de indicador de la hora para «convertirse en una joya de carácter simbólico». «En origen lo numérico estaba más presente y hoy es casi una abstracción, las agujas se funden con el fondo», añade. De ahí y de la reflexión de la importancia del tiempo en la arquitectura nace 'Spiraxtime', que aúna diseño y filosofía. También fue para ellos fundamental el apoyo de los artesanos suizos, que solo suelen fabricar unos cuantos relojes para las mejores marcas, que manifestaron su apoyo al proyecto.

El objetivo de esta muestra, transmite Manuel, es «que la gente se haga consciente de que estamos sometidos a las rigideces de un horario: comer, descansar... el círculo pesado y preciso de los relojes». Nos resulta complicado disociar, dice, el tiempo y el acto que ocupa: la hora del té, del trabajo... O en palabras del filósofo alemán Martin Heidegger, autor de 'Ser y tiempo' y uno de los inspiradores de 'Spiraxtime': «El tiempo es un 'tiempo para'» algo.

Otro pilar fundamental del proyecto es el histórico. Los hermanos Álvarez-Arango explicaron a los asistentes al estreno de la exposición que el origen de la exactitud cronométrica de los relojes se remonta a mediados del siglo XVIII. Era importante saber la distancia en alta mar para conocer mejor la posición en medio del agua y por lo tanto evitar los naufragios. Antes se sabia la hora, pero no con exactitud.

 

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