«No es agradable, pero hay que vivir con ello», afirma una víctima de ETA-Asturcón

Una persona observa el zulo del monte Naranco, desmantelado por la Policía. / PIÑA
Una persona observa el zulo del monte Naranco, desmantelado por la Policía. / PIÑA

Empresarios extorsionados reviven el daño que les hizo la banda a raíz de las investigaciones policiales y solo quieren «olvidar»

CECILIA PÉREZ OVIEDO.

«No es agradable pero al final hay que vivir con ello», es el testimonio de una de las víctimas del grupo criminal ETA-Asturcón que cometió durante cuarenta y tres años extorsiones a empresarios, secuestros, tentativas de homicidio, estafas y hurtos. No solo en Oviedo sino en el resto de Asturias, e incluso en Cantabria y Madrid. Su identificación fue posible tras el hallazgo de un zulo en el monte Naranco en abril de 2017. Un habitáculo diseñado precisamente para el «confinamiento involuntario de personas en situación de cautividad», según señaló el Juzgado de Instrucción número 2 que acabó cerrando el caso de forma provisional ante la prescripción de los delitos. El cabecilla era un hombre vinculado al sector de la electrónica, pero que falleció en 2012, y su mujer e hijo han sido investigados, aunque el juzgado no halló pruebas contundentes contra ellos para iniciar un proceso judicial.

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La identificación de los miembros de ETA-Asturcón por parte de la Policía Nacional, tras una investigación de un año y medio, ha reabierto viejas heridas entre las víctimas. «Yo lo tenía prácticamente olvidado y así quiero que siga porque prefiero olvidar», aseguró a este diario uno de los empresarios, que sufrió a la banda pero que prefiere mantenerse en el anonimato.

Reconoció que tras más de veintitrés años de su fatídico encuentro con el grupo criminal solo quiso borrarlo de su memoriahasta que «hace dos años me llamó la Policía». Fue tras localizar el zulo que la banda utilizó para esconder armas, grilletes, cuerdas y explosivos y que desencadenó la investigación y la identificación de los 'propietarios' del habitáculo, localizado a los pies de las casetas de las antenas de Radio Televisión Española, en una finca llamada 'Ciervo'.

De otra de las víctimas, un director de banco de la capital asturiana, se supo que llegó a recibir varias cartas de extorsión cada «seis meses o un año» reclamándole grandes cantidades de dinero y en las que, incluso, amenazaban con hacer daño a sus familiares, según ha podido saber este periódico. Amenazas que motivaron que llegara a contratar un escolta.

Quien también quiere pasar página es el entorno de una escritora asturiana, también víctima de las extorsiones de ETA- Asturcón, como informó la Policía Nacional. También quiere «olvidar» todo lo acontecido.

Son solo un ejemplo porque a día de hoy se desconoce el número exacto de víctimas extorsionadas. Es posible que muchas nunca presentaran denuncia, por miedo. Otras, fueron estafadas a través de la sociedad fraudulenta de falsas suscripciones de pólizas, creada por el cabecilla de la red, que se extendieron incluso fuera de Asturias.

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