La Argañosa cuelga el cartel de 'se vende'

Dos vecinos pasean por la calle de La Argañosa con bolsas en la mano con la estampa que adorna el barrio de Oviedo, negocios cerrados con carteles buscando dueño. / ALEX PIÑA
Dos vecinos pasean por la calle de La Argañosa con bolsas en la mano con la estampa que adorna el barrio de Oviedo, negocios cerrados con carteles buscando dueño. / ALEX PIÑA

Locales abandonados y negocios abocados al cierre en el céntrico barrio de Oviedo, donde solo resisten los comercios básicos | Medio centenar de bajos buscan dueño en un barrio «gris» y «triste» según sus vecinos

IVÁN GARCÍAOVIEDO.

En el escaso kilómetro y medio que une las calles de la Argañosa, Fávila y Fuente de la Plata se cuentan medio centenar de locales que se venden, se alquilan, se traspasan o directamente no se usan. Algo similar a lo que experimentan los vecinos de La Tenderina o El Cristo: el comercio de barrio se desangra en Oviedo como confirman los datos de la Federación Asturiana de Comercio. Desde 2007, más de la mitad de los negocios de la capital se han visto abocados al cierre. De ello sabe Juan Carlos López, que lleva más de cinco años intentado vender un local en la calle La Argañosa, de la que toma nombre el barrio: «La zona está como todo Oviedo», a lo que su mujer le replica haciendo hincapié en que, si acaso, está «peor». «Llevo seis años intentando vender un local en esta calle y tres regalándolo y no hay manera», lamenta López. Él es el propietario de la cristalería de la calle, uno de los pocos comercios que sobreviven y que siguen siendo rentables. Es bastante conocido por la zona y su negocio se ha beneficiado de la deslocalización de muchos locales de cristalerías que huyen a polígonos industriales donde el alquiler es más barato. Con todo, hace diez años tuvo que recortar la plantilla por la crisis. A la vera de la cristalería, se encuentra el local que vende pero no encuentra dueño. «De esta zona de aquí es el mejor local, pido 100.000 euros y tiene más de 200 metros cuadrados», añade. No oculta su hartazgo por la imposibilidad de vender el bajo adjunto, aunque esté satisfecho con el trabajo que le reportan los cristales.

Otro de los negocios que sobrevive en esta zona es la autoescuela en la que trabaja Lola Iturralde y que lleva el nombre de la calle. «Esta autoescuela lleva aquí desde 1967, que la abrió mi suegro. Tenemos bastante gente porque vivimos aquí y nos conocen y además tengo un hijo de 18 años que viene con los amigos», expone. «¿Los locales de aquí? Yo creo que desde que tengo conocimiento están más o menos igual», afirma Iturralde, quien achaca la poca actividad comercial a las características del lugar: «es una calle estrecha, larga, con mucho tráfico... A mí no me extraña que no proliferen negocios». A su juicio, los que sobreviven son los que «llevan toda la vida aquí», pero ve complicado que uno nuevo se pueda hacer fuerte. No alcanza a recordar si en algún momento pasado la calle tuvo más actividad. Para ella «siempre ha sido un poco así». Confiesa que no es una zona por la que sienta especial debilidad y que, si pudiera, iría a otra parte de Oviedo a vivir, aunque el hecho de no tener que pagar el alquiler de un local les mantiene en La Argañosa.

Quien sí recuerda la otra cara del barrio es Víctor Fernández, un vecino de la zona que sale del supermercado bolsa de la compra en mano. «Hará cosa de 15 años que esto está así, desde un poco antes de la crisis. Antes todo esto estaba ocupado», relata Fernández. «Ahora es una zona un poco desfasada, mucha gente de la que vivía antes murió y hay mucho inmigrante africano o de Ecuador, que hacen vida en otros sitios». Fernández también apunta a la devaluación del valor de los pisos de la zona. El clima desangelado de la zona llama la atención incluso de los no residentes, como Beatriz García, que vive en La Florida pero transita lo suficiente por La Argañosa como para percatarse de lo inusual de su abandono. «Veo bastante diferencia en la misma calle, en cuanto cruzas un poco para la zona del centro de ciudad tiene más vida, pero por aquí hay poco», señala. Lo compara con la zona en la que ella reside y considera que La Argañosa desprende un tono «gris y un poco apagado, entre dos zonas con más vida».

Solamente en la extensión de la calle Argañosa son más de treinta los locales sin actividad. La decadencia de la zona va 'in crescendo' a medida que uno se acerca a la curva previa a la rotonda que enlaza con las calles Fávila y José María Martínez Cachero. El abandono prosigue hasta que la calle Fuente de la Plata se pierde en Las Campas. Sorprende la cantidad de sidrerías y locales hosteleros abandonados, aunque ni las tiendas de muebles, ni las agencias se libran de la epidemia del cierre. Sobreviven aquellos negocios esenciales y que no pueden faltar en ningún barrio: farmacia, supermercado, estanco. Y alguno más que ya permanece arraigado a la zona, como la autoescuela o la cristalería de los que se hace mención en párrafos anteriores

Los pisos capean el temporal

No exentos de dificultades, la compraventa de pisos resiste en La Argañosa como puede. Basta con mirar las ventanas de los edificios para darse cuenta que el número de carteles que rezan 'se vende' o 'se alquila' disminuyen considerablemente cuando uno alza la cabeza para olvidar los bajos y otea las primeras plantas de los inmuebles. Con todo, tampoco se libran completamente de la coyuntura de la zona. El edificio 38-40 de la calle Argañolsa está en venta. José Luis González es el administrador de la promotora que los vende. «Llevamos cosa de un año con el edificio a la venta y aunque sí ha habido interés por parte de bastantes empresas todavía no hemos llegado a un acuerdo», detalla González, quien cree que su ubicación hace de la zona un buen lugar para residir aunque comercialmente no tenga demasiada actividad. «Los precios tienen que ser lo suficientemente atractivos pero es una zona que está bastante céntrica y si se hace una promoción de buenos edificios a buenos precios entiendo que pueden tener buena venta. Se han vendido cosas por ahí cerca», apunta el administrador. Reconoce que comercialmente «es más difícil» acceder a compradores porque la zona ha perdido actividad en beneficio de grandes centros comerciales y de ocio. Sobre el bajón de la zona, González baraja como una de las posibilidades el «arrastre» que han provocado barrios colindantes como La Ería, en detrimento de otras como La Tenderina o La Argañosa que ven como el goteo de locales cerrados no cesa.

Más éxito con la venta de inmuebles ha tenido la inmobiliaria de Carlos López. ¿El truco? Vender muy barato. «Hemos vendido más de uno y más de dos pisos por esta zona a un precio de 30.000 euros, de chollo total», explica el comercial. López añade que son viviendas que «requieren una reforma integral», pero igualmente asume que es la manera de conseguir un comprador en esa zona. Tirar por lo bajo. «Mi experiencia es que se puede vender en esta zona, pero a un precio muy barato. Al precio de otras zonas de Oviedo, complicado», sentencia. El precio del metro cuadrado ronda entre los menos de 1.000 euros en las viviendas más antiguas, de los 60 y 70; y los 1.700, para las promociones de los 90 y primeros 2000. De los más bajos de la ciudad, junto a Ventanielles y partes de Ciudad Naranco.

Aún así, en La Argañosa cuesta vender hasta las plazas de garaje. Javier Menéndez ha acabado por retirar el anuncio. «Tuve que acabar quitándolo porque no recibía llamadas. Por esa zona se mueve poco negocio», sentencia.

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