«¿Dónde está el arma del crimen de Salesas, se la comió el acusado?»

«¿Dónde está el arma del crimen de Salesas, se la  comió el acusado?»
El acusado, ayer, ante el tribunal. / ÁLEX PIÑA

La defensa insiste en la falta de pruebas, mientras la Fiscalía mantiene la petición de 25 años de cárcel para el supuesto asesino de 'Lolín'

JUAN CARLOS ABAD OVIEDO.

El jucio por el crimen de José Manuel Fernández Vázquez, 'Lolín' en la noche del 26 de junio de 2017 llegó ayer a su fin con la reproducción de las grabaciones de las cámaras de seguridad del portal número 8 de la plaza Primo de Rivera en las que se vio entrar en el edificio al único encausado, J. L. D. R., y los alegatos finales de todas las partes.

Hoy, tras una vistilla en la que defensa y acusación, junto con la presidencia de la sala de la Sección Segunda de la Audiencia Provincial, decidirán el objeto del veredicto, el jurado popular comenzará sus deliberaciones sobre las dos tesis antagónicas que se han defendido durante las cuatro jornadas. Para la Fiscalía y la acusación particular, que no exista un arma homicida o el escaso rango de tiempo que el acusado pasó en el edificio, apenas cinco minutos, o que no se encontraran restos de ADN del acusado en la escena del crimen, un cuarto de las basuras, no aparta el foco sobre el único encausado.

De hecho, la Fiscalía apenas modificó ayer el primer párrafo de las conclusiones para motivar su petición de 25 años de cárcel y fue para incluir los sentimientos que albergaba J. L. D. R. por el finado al vivir este con su pareja, fallecida unas semanas antes de la fatídica noche. Si hubo alevosía y premeditación fruto de los «celos» al dejar el cadáver en un cuartucho de difícil acceso tendrá peso en la condena final.

Con un estilo vehemente y analítico como acostumbra, el fiscal Miguel Rodríguez centró su alegato acerca de lo que relaciona al acusado con «las pruebas indiciarias». «El jurado preguntó que si no había ADN ni cuchillo, qué hay contra él, diciendo dadme algo para poder deliberar», reconoció Rodríguez que recordó que víctima y asesino se conocían porque el primero salió de casa dejando las luces encendidas, en muletas, sin la prótesis y sin el móvil. Argumentó también que J. L . D. R. aparece en el número 8 de Primo de Rivera la noche de autos como él mismo reconoció - «para ponerme un pico», dijo- y como se ve en las imágenes: con chaqueta, pantalón corto y zapatillas de andar por casa.

También, que durante la vista uno de los testigos logró bautizar al acusado como 'el gochín de Ventanielles' alguien que, según la hermana del asesinado, le tenía amenazado.

La defensa, llevada a cabo por Luis Tuero, utilizó media hora más que la empleada por Fiscalía para rechazar punto por punto las acusaciones y lamentó una «investigación deficiente» para clamar por la inocencia de su cliente. «El fiscal ha perdido el contacto con la realidad», le espetó sobre esas «pruebas indiciarias» que para el letrado no son sino producto de la «voluntad», no datos objetivos.

Todo porque en lo que rodea al crimen de Salesas hay poco claro. Desde el móvil, se llegó a hablar de robo, pasando por ese intento de suicidio o la presencia de una colilla marca West en la casa de la víctima que, supuestamente, contendría muestras de ADN también presentes en el cuchillo aparecido junto a la víctima, pero que no corresponden con el acusado. El ambiente lumpenizado del edificio, en pleno centro de la ciudad, no ayuda para desenmarañar la madeja. En las grabaciones de esa madrugada aparecen cincuenta personas entrando en el inmueble, de las que solo doce son vecinos.

Sin ADN del acusado en la escena del crimen, ni de la víctima en las ropas del supuesto asesino, Tuero apretó: «¿Dónde está el arma, se la comió el acusado?». El jurado decidirá su suerte con estos mimbres.