108 años de prisión para el clan que sometió a mujeres a un infierno de prostitución y violencia

Los hermanos Sandulache, en el juicio. / A. PIÑA
Los hermanos Sandulache, en el juicio. / A. PIÑA

Dirigían la red de trata de seres humanos más activa de los últimos años en el centro de Asturias y obligaban a las mujeres a prostituirse en clubes

S. NEIRA OVIEDO.

Cristian Alin Sandulache, el rumano de 35 años líder de la red de trata de seres humanos «más activa» de los últimos años en el centro de Asturias, que obligaba a mujeres a ejercer la prostitución con una violencia extrema en clubes de alterne de Llanera y Siero tras engañarlas para trasladarse de Rumanía a España, ha sido condenado por la Audiencia Provincial a cincuenta y cinco años y diez días de prisión. Dos años más de pena que su hermano mayor Sebastian, su sombra en esta trama de extrema violencia en la que las víctimas eran sometidas a un infierno de palizas, maltrato psicológico, abortos y amenazas; incluso a comerse billetes.

Una organización en la que los cabecillas, que suman ciento ocho años de condena entre ambos, cometieron tres delitos de trata de seres humanos en concurso con diez delitos de prostitución coactiva, uno contra los derechos de los trabajadores, uno de blanqueo de capitales y otro de lesiones (este último solo atribuido a Cristian). Ambos contaron con dos cómplices, Ionut Banciu y Marian Meauca. Estos asumirán otros seis y dos años de prisión, respectivamente, según la sentencia hecha pública ayer por el Tribunal Superior de Justicia de Asturias, contra la que puede presentarse un recurso de casación.

En total, los cuatro hombres se someterán a ciento dieciséis años de cárcel. Una pena lejana a los más de cuatrocientos años solicitados inicialmente por la Fiscalía, rebajados posteriormente ya que había retirado al final del juicio, celebrado entre octubre y noviembre tras unas primeras sesiones anuladas por un fallo en la composición del tribunal, la solicitud de condena de noventa y ocho años para cada una de las dos mujeres que eran víctimas y procesadas. También ha influido que los hermanos Sandulache han quedado absueltos de otros siete delitos de trata de seres humanos y de los delitos de lesiones que les imputaba la acusación particular. Sí deberán abonar, cada uno, el pago de una multa de 500.000 euros por un delito de blanqueo de capitales, así como el pago de una indemnización conjunta de 258.000 euros a diez mujeres, con las que no pueden comunicarse ni acercarse.

Tres años de infierno

La Audiencia ha considerado como hechos probados que los hermanos, ayudados por sus dos cómplices, se venían dedicando al menos desde el año 2010 a captar mujeres en Rumania, con el pretexto de conseguirles una vida mejor. Con algunas, incluso, fingiendo una relación sentimental.

Las desplazaban hasta España y una vez aquí las obligaban con violencia física y psíquica a ejercer actividades de alterne y prostitución en distintos locales, obteniendo beneficios de al menos 1,25 millones de euros entre 2011 y 2013, en los clubs de alterne y prostitución.

Las alojaban en pisos en Oviedo y les retiraban la documentación y los móviles. Les advertían de que les debían el precio del viaje, cuya cuantía exacta nunca les facilitaban, y las mantenían atemorizadas con el fin impedir que se marcharan, amenazándolas personalmente de muerte incluso con objetos cortantes como espadas o katanas. Por imposición de ambos hermanos, las mujeres trabajaban hasta doce horas diarias sin descanso semanal, exigiéndoles al menos doscientos euros diarios. En los primeros meses tenían que dar a los Sandulache todo lo ingresado, y posteriormente estos les devolvían al final de la semana doscientos o trescientos euros para cubrir sus necesidades, incluyendo el pago del piso, la comida y la ropa. Ellas debían pedir permiso a los hermanos o a sus cómplices para salir a la calle y siempre tenían que hacerlo acompañadas.

Cristian y Sebastian las reunían en el salón del piso en que dormían y cuando no conseguían la cantidad que según su capricho consideraban suficiente, o con cualquier pretexto que les pareciera oportuno o cuando habían sido informados de que alguna quería abandonar el piso y huir, las maltrataban.

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